viernes, 30 de mayo de 2008

La cabeza durmiente


Salí de casa desenfadado, algo ligero de peso y sin los habituales quebraderos de cabeza (el trabajo, la economía, los achaques, las exigencias del blog, el cortejo de las Musas...), y caminé sin descanso por la ciudad renovada. Acaricié el aire prendido de fragancias, paseé junto a los niños que acudían al colegio y dejé que me abrazara una lluvia menuda, liviana. Cuando regresé a casa, aún seguía durmiendo. Esperé a que despertara para poder tomarme un café.

Antonio Serrano Cueto

(Obra del escultor australiano Ron Mueck)

miércoles, 28 de mayo de 2008

Con los muertos no luchan sino los espectros

Cuentan que Lucio Munacio Planco, cónsul romano en el año 42 antes de la era cristiana, andaba preocupado porque en el Foro menudeaban rumores que afectaban gravemente a su persona. Era fama que su enemigo Gayo Asinio Polión, cónsul en el año 40, hombre de confianza del emperador Augusto y mecenas del gran poeta Virgilio, maquinaba contra él algún plan insospechado. Munacio indagó durante días entre sus conocidos para alcanzar a ver al menos la punta de la lanza que Asinio afilaba en secreto. Un liberto, o quizás un senador que sintió compasión de nuestro hombre en horas tan bajas, le dijo que había oído la siguiente frase enigmática, de naturaleza oracular: "Con los muertos no luchan sino los espectros". Tardó Munacio en averiguar qué oscura intención se ocultaba en aquellas palabras infernales. Lo supo cuando alguien se le acercó en el Foro y le espetó: "Asinio prepara contra ti discursos durísimos, que piensa publicar cuando estés muerto para que no puedas defenderte". El pobre Munacio comprendió que, de llevarse a cabo el plan de Asinio, sólo le quedaría la opción de revolverse contra las sombras.

lunes, 26 de mayo de 2008

Generosidad en la blogosfera


El escritor mexicano Antonio Sarabia ha dedicado amablemente una entrada de su blog ("Los convidados") a mi persona y a estos mis Silenos, reproduciendo además mi cuento "El Rey de los Gallos". Es de justicia agradecerle también aquí tanta generosidad.

domingo, 25 de mayo de 2008

Tríada Dominical (2)


1.
Lectura recomendada.
Hace unos días, en un acto de homenaje a Juan Ramón Jiménez, se habló mucho del hombre y apenas nada de sus versos. La vida de JRJ, como la de cualquier escritor, es mera circunstancia de su obra, y no al revés. O al menos así debería ser para los lectores. Suso del Toro publicaba ayer un estupendo artículo ("Céline y Celan") sobre los difusos límites del artista y su obra.

2. Metapoesía fugaz (Antonio Serrano Cueto):

No es tu voz, poesía oculta,
afán ni meta inexcusables.
Es lo que anuncia tu voz:
la armonía indescifrable.

3. Juego poético (del poema "Nuevo caso de hybris", de Aurora Luque):

Arte:
una letra de a-mor
y tres de mue-rte.

sábado, 24 de mayo de 2008

La isla, de Giani Stuparich

En medio de la hojarasca volandera y los fogonazos de artificio de gran parte de la oferta editorial actual, lejos de cruzadas seudohistóricas, conspiraciones vaticanas, arqueología diabólica o batallas decimonónicas, La isla (Minúscula, trad. de J. A. González Sainz, 2008), el relato de Giani Stuparich (1891-1961) que acabo de leer, emerge traída por vientos bonancibles y calma respirable. A partir de un planteamiento sencillo (un hombre enfermo pide a su hijo que le acompañe a pasar unos días, tal vez los últimos, en la isla del Adriático en la que nació), Stuparich crea una historia emotiva pero contenida, donde se cruzan magistralmente la entereza del padre y la congoja creciente del hijo, que va tomando conciencia de que ha de afrontar la pérdida. Ello en el marco de preciosas imágenes paisajísticas, donde en todo momento el lector observa la isla desde el mar y el mar desde la isla. Es, pues, un libro sobre la muerte, pero desde la luz deslumbradora, mediterránea, de la vida. Elogiada, entre otros, por Elvio Guagnini (autor de la presentación), Claudio Magris (autor del posfacio), Enrique Vila-Matas ("El factor Stuparich") y Lalia González-Santiago ("Noticia de un libro conmovedor"), La isla del escritor triestino, heredero y continuador de Scipio Slataper, proporciona al lector el placer, cada vez más extraño, de una lectura sin aspavientos ni alharacas, pero de imprescindible exquisitez. La exquisitez de lo grande sencillo.

jueves, 22 de mayo de 2008

El desayuno y León Felipe

No quiere uno oír (y mucho menos escuchar) las conversaciones ajenas, pero hete aquí que en estos lares es imposible que el convecino de autobús, calle o cafetería hable sólo para sí y los suyos. Y no me refiero ahora a los móviles, ese artefacto que ha descorrido las cortinas de la intimidad de tantas personas. Viene a cuento esta entrada porque esta mañana, mientras desayunaba en una terraza y hacía hercúleos esfuerzos por leer el periódico en medio de la turbamulta de la calle, cuatro señoras hablaban amigablemente sobre libros y lecturas. Tenían ese aire desinflado que tienen las madres que acaban de dejar en el colegio a sus hijos y, por tanto, cumplido el primer trecho estresante del día. Estaban a tan sólo dos metros de mi mesa, pero ello no era excusa para que la nave de la conversación arribara a la orilla de mi taza de café. "Pues yo me leí el primero de Zafón y me encantó. Y este verano voy a por el nuevo.", decía la que parecía más joven. "Ay, pues a mí el Zafón ese no creo que me guste, por lo que he oído", añadía una mujer que me daba la espalda. Y antes de que la primera reaccionara ante el rechazo apriorístico que su amiga hacía del susodicho autor, una tercera, que estaba justo frente a mí, mujer muy hermosa que se reía compulsivamente entre bocado y bocado de una enorme tostada con mermelada, intervino: "¿Os acordáis de las lecturas del instituto, que eran obligatorias? Yo os digo una cosa, algunos libros eran un tostón, como ese de La colmena, que lo empecé varias veces y no hubo manera". La cuarta mujer, que había permanecido callada, cerró la ronda diciendo que a ella siempre le había gustado la lectura, pero desde que tuvo a su Miguelito no encontraba el momento... "Mujer, por la noche, cuando está en la cama", sugirió alguna. "Por las noches, como tú dices, detrás de Miguelito vamos el padre y yo destrozados. Para libros estamos a esa hora. Si tenemos que hacer un esfuerzo para..." Todas rieron. "¿Por cierto, vais a ir a la Feria del Libro?", preguntó la madre del tal Miguelito. "Creo que terminó el domingo pasado", respondió la más joven. "Lo sé porque la hija de mi vecino leía un cuento el último día." Las cuatro coincidieron en que se les había pasado un año más la Feria del Libro.
Este inesperado (e involuntario, lo juro por Don Quijote) encuentro con las damas lectoras me recordó una pregunta que ya se hizo (y respondióse) hace décadas León Felipe: "Pero, ¿por qué habla tan alto el español?" Dejo aquí fragmentos de su respuesta, toda una disculpa de este defecto tan nuestro:

Este tono levantado del español es un defecto viejo ya, de raza. Viejo e incurable. Es una enfermedad crónica. Tenemos los españoles la garganta destemplada y en carne viva. Hablamos a grito herido y estamos desentonados para siempre porque tres veces, tres veces, tres veces tuvimos que desgañitarnos en la historia hasta desgarrarnos la laringe. La primera fue cuando descubrimos el Continente y fue necesario que gritásemos sin ninguna medida: ¡Tierra! ¡Tierra! [...] La segunda fue cuando salió por el mundo grotescamente vestido, con una lanza rota y con una visera de papel, aquel estrafalario de La Mancha, lanzando al viento desaforadamente esta palabra olvidada por los hombres: ¡Justicia! ¡Justicia! [...] El otro grito es más reciente. Yo estuve en el coro. Aún tengo la voz parda por la ronquera. Fue el que dimos sobre la colina de Madrid, el año 1936, para prevenir a la majada, para soliviantar a los cabreros, para despertar al mundo: ¡Eh! ¡Que viene el lobo! [...] El español habla desde el nivel exacto del hombre, y el que piense que habla demasiado alto es porque escucha desde el fondo de un pozo.
(De libro Ganarás la luz)

martes, 20 de mayo de 2008

El Rey de los Gallos

Facundo García soñaba con ganar la Copa Estival del concurso de pesca que cada año coronaba la fiesta de la patrona, pero un asunto de amores prohibidos lo obligó a embarcarse en un carguero rumbo a La Habana. Allí lo pescó en un casino una mulata, tremenda mulata, que lo sedujo primero con el dardo de sus ojos gatunos y después con sus labios rellenos de caramelo. Facundo sintió vértigo al verse mecido por las aguas enloquecidas de la mulata y, temiendo naufragar en medio de un mar bravío, optó por dejarse llevar como un leño a la deriva. El calor húmedo de la isla, el abrazo arrullador de los danzones y el aguardiente de caña hicieron el resto. Tres meses más tarde, la mulata lucía una diadema de pedrería, herencia de su abuela, en la cumbre de un velo blanco salpicado de diminutas margaritas. Facundo vestía traje blanco, camisa blanca, calcetines blancos y zapatos blancos. Sobre tanta blancura, corbata y pañuelo rojos y un bigotito negro que crecía en libertad.
Del altar del matrimonio al canastillero de santería sólo mediaron unas semanas. La mulata llenó la casa con amuletos y fotografías de familiares difuntos, y organizó una sesión de desvarío y convulsiones, donde un negro espigado se dejó poseer por el orisha de un muerto cercano. La mulata hizo de intérprete de la jerga criolla que profería el médium, pero sólo alcanzó a ver a un gallo con blanco plumaje.
No se equivocó el orisha. Un compatriota andaluz de Facundo le propuso participar en la exportación a las Antillas de gallos de pelea criados en Jerez de la Frontera. Su trabajo era sencillo: hacer el seguimiento de los gallos viajeros, controlándolos desde que desembarcaban hasta que llegaban a manos del comprador. Debía pesarlos, medir su altura y complexión, por ver si en la travesía del Atlántico se había producido alguna merma, y controlar la alimentación y la monta de gallinas. Facundo no sólo ganó buenos pesos, sino que se granjeó la amistad de los propietarios de las grandes galleras. Su éxito fue tal, que lo titularon el Rey de los Gallos. Y el rey se enseñoreó de las salas de baile y de los prostíbulos más selectos de la isla.
Pero la vida disipada del Rey de los Gallos fue efímera, pues su mujer y su jefe no dudaron en cortarle las alas fugándose juntos a Miami con buena parte de los ingresos de la empresa. El Rey de los Gallos perdió el título y volvió a ser Facundo García. Buscó las palmaditas en las galleras, pero ya no había razón para adularle; requirió a las prostitutas en los casinos, pero éstas pasaban a su lado como sombras intangibles. Cuentan en la isla que dejó La Habana y se fue en dirección al sureste, y que su rastro se perdió en la ciénaga de Zapata.
Años más tarde un conocido que acababa de regresar de Cuba trajo noticias de Facundo. Vivía cerca de Trinidad, en un bohío en la playa, junto con una vieja negra pescadora de langostas. De España apenas le quedaban vagos recuerdos. Sin embargo, a la hora de la despedida, preguntó a su paisano, con la mirada perdida en las aguas azules, si aún se celebraban bailes en la playa después del concurso de pesca.

lunes, 19 de mayo de 2008

Mucho se derrama entre la copa y el borde de los labios

Cuando un anciano plantaba con sumo esfuerzo una viña, apareció en su terruño un mozo vecino y le preguntó burlón que, dada su edad, para quién plantaba esa viña. "Para mí", respondió el anciano viticultor. El joven se marchó dudando de que el viejo viviera lo suficiente para ver el mosto. Crecieron las vides y llegaron a sazón. El anciano manda llamar al joven y, mostrándole una copa de mosto recién exprimido, le recuerda: "No creías que estos labios probarían el mosto, ¿verdad?" Pero he aquí que irrumpe en casa del anciano un niño gritando entre jadeos que un jabalí alunado se enseñorea de la viña y ya ha destrozado buena parte de las vides. El anciano deja la copa y, no menos jadeante, corre al encuentro del animal, que se revuelve contra él, lo golpea con la testuz y escapa. Moribundo oye cómo el mozo instruye al niño: "Mucho se derrama entre la copa y el borde de los labios".

domingo, 18 de mayo de 2008

No todos los hombres pueden navegar hacia Corinto

Había en Corinto un templo de Venus con más de mil jóvenes prostitutas consagradas a la diosa. Este reclamo turístico y sexual atraía a navegantes y viajeros de todos los lugares de Grecia. Pero las jóvenes licenciosas, en especial la siempre adorable Laide, esclava que fue del pintor Apeles, cobraban tan caras sus caricias, que muchos mercaderes foráneos se arruinaban en sus brazos. Cuentan que una mujer reprochó a una de ellas que no se dedicase a labores de lana y tejidos, a lo que la joven respondió con sorna: "En este tiempo he acabado tres telas", es decir, había ganado el triple de dinero con su cuerpo que la otra con sus lanas. También se cuenta que Demóstenes visitó a la susodicha Laide y ésta le pidió diez mil dracmas por sus servicios. Demóstenes se marchó aterrado y, convencido de que se hubiera arrepentido en caso de haber aceptado, cuentan que dijo: "No compro tan caro el arrepentimiento".




(Cortesana recibiendo a uno de sus clientes,
s. V a. C. Museo Arqueológico de Atenas)




sábado, 17 de mayo de 2008

Observaciones de reciente lectura

La última novela de Eduardo Mendoza, El asombroso viaje de Pomponio Flato, no ha colmado mis expectativas. Quizás ese sea el problema: haber leído el libro con ciertas expectativas. Yo esperaba reírme más de lo que me he reído (y debo reconocer que en algunos momentos me he reído, como cuando el legionario llamado Quadrato confiesa haberse masturbado leyendo La Guerra de las Galias). Claro que también debo aclarar, por ser justo con el escritor, que no tengo la risa fácil, mucho menos cuando de risa "literaria" se trata. También esperaba otros mimbres de esta historia, que se anuncian en la sinopsis de la novela, pero que quedan en mera anécdota. Me refiero a la búsqueda de esas aguas "de efectos portentosos" que es el motivo que lleva al protagonista hasta Nazaret. Es una pena que de este viaje supuestamente científico en busca de aguas salutíferas apenas quede en la novela sino los flatos a destiempo del protagonista y algunas referencias aisladas a su afición por la historia natural. No obstante, debo reconocer que el perfil de Pomponio Flato está logrado (y bien hallada la imagen de cubierta: el actor H. Marston en el papel de Marco Antonio en Julio César de Shakespeare): el lector tiene la impresión de estar ante un don nadie pedante y vanidoso, con ínfulas de científico y lenguaje a ratos arcaizante, sobre todo por el uso de fórmulas homéricas ("Zara, la de hermosos tobillos", "en todo semejante a una diosa", la Aurora de espléndido trono"...). También pone Mendoza en boca de Pomponio numerosos cultismos de origen latino ("alacridad", "nefando", meretricia", etc.), con los que juega a veces de manera magistral. Es lo que hace, por ejemplo, con el doble sentido de "venéreo" (relativo a la diosa Venus y a la enfermedad) y con el parecido entre "propincuidad" y "promiscuidad" en un diálogo con la puta: "No me toques, venérea desconocida, y no comprometas tu reputación con mi propincuidad". Otro personaje bien trazado es el tribuno Apio Pulcro, que impone a sus legionarios castigos severísimos (mutilaciones y muertes horribles) que al poco levanta, para que lo que les quede indeleble sea su magnanimidad y no su crueldad. A su vez es un personaje moderno, pues tiene ambiciones urbanísticas. De hecho tiene entre manos un proyecto de recalificación de terrenos que corre peligro por culpa de las andanzas de Flato. Quizás el personaje menos atractivo sea el niño Jesús. Pese a ser relevante, apenas deja regusto en el lector. En cuanto a la trama (como se ve, apenas revelo nada de ella, por no menoscabar el interés del lector), pensada como burla de la actual novela histórica, tampoco es atractiva en exceso, quizás porque está demasiado subordinada al humor. En fin, sirvan estas notas no para desaconsejar su lectura (sin duda gustará más a otro tipo de lectores), sino para orientar a quienes puedan pensar a priori, llevados por la propaganda editorial, que es lo mejor que ha escrito Mendoza. Lo cual no es cierto.

jueves, 15 de mayo de 2008

Evocaciones (2): El cine de invierno


El patio de butacas olía a polvo de pino recién cortado. Se dejaba sentir en cuanto se echaba a un lado la espesa cortina granate, pesada como un abedul, que daba acceso a la sala. Cielo y suelo del teatro con alborozo de chiquillería. Abajo, el frío terrenal, el griterío, la agitación de los colegiales. Arriba, en el fresco del techo, aparente templanza, aparente silencio, aparente quietud. Angelitos retozones sobre nubes de azúcar, en cuyos rostros había un fulgor rojizo, un halo de bienaventuranza inquietante. Hundidos en las nubes, se daban la mano, se ofrecían racimos de uvas o manzanas. Bucles dorados. Laudes. Flautas. Abajo, frío helado. Arriba, el lecho mullido y cálido de las nubes. De cuando en cuando algunos querubines sacaban el rostro aterido, miraban al patio de butacas y seguían con lo suyo. Cumplían así con una secular misión: vigilar de cerca las circunstancias de los mortales que se agitaban abajo en las sombras.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Vanidad





Entre la tierra y el cielo, la vanidad marmórea de los hombres.









(Fotografía: Vaticano: Silenos)

martes, 13 de mayo de 2008

Amante


De oropeles forja, amante, tu copa,
llénala de vino incierto, amante,
que el amor es invención necesaria
y, por partida doble, misterio.

lunes, 12 de mayo de 2008

Yoani Sánchez y la libertad de expresión on-line


La historia de Yoani Sánchez, autora del blog "Generación Y", cuyas visitas se cuentan por miles, es como la de otros muchos jóvenes cubanos atrapados en las redes del régimen castrista: la formación despierta en ellos inquietudes que luego se dan de bruces con el muro de la dictadura. Licenciada en Filología Hispánica (cada día soy más informática y menos filóloga, dice con sorna), defendió una tesis cuyo título ya dice mucho de esta mujer enjuta de carnes pero audaz y valiente: Palabras bajo presión. Un estudio sobre la literatura de la dictadura en Latinoamérica. Co-fundadora de la revista de reflexión y debate Consenso, es articulista y editora del portal Desde Cuba. Desde hace un año mantiene el blog "Generación Y", que ella misma define como un ejercicio de cobardía, pues me permite decir en este espacio lo que me está vedado en mi accionar cívico. Recientemente le han concedido el Premio Ortega y Gasset de Periodismo Digital que convoca El País, justificado por la perspicacia con la que su trabajo ha sorteado las limitaciones a la libertad de expresión que existen en Cuba, su estilo de información vivaz y el ímpetu con el que se ha incorporado al espacio global de periodismo ciudadano. Pero Yoani Sánchez no pudo acudir a recibir el galardón porque las autoridades cubanas le retienen el pasaporte. Necia medida, porque su persona y su blog crecen varios metros con cada nuevo pisotón del régimen. De hecho, en marzo las autoridades de la isla bloquearon el blog y hoy la voz de Yoani se escucha más y más alto.

Desde aquí le envío mi felicitación y solidaridad más vehementes.

domingo, 11 de mayo de 2008

Evocaciones (1): Elafonisi


En el suroeste de la isla de Creta, donde la geografía caprichosa dibuja el hocico de un toro, los dioses depositaron con sumo cuidado una porción del paraíso. Emplearon para ello sencillos ingredientes: delicada arena, aguas de color turquesa y algún islote diminuto para colorear el horizonte. Nada puede mancillar tan sublime creación. Por eso, cuando los barcos se acercan navegando, los dioses aplanan sus cascos para evitar que encallen en los bajíos de cristal.




(Foto: Elafonisi: Silenos)

viernes, 9 de mayo de 2008

La cigüeña



Hay tardes de fragante nostalgia, dueñas de olores que evocan nuestro paso efímero por otros días, ya lejanos. Son tardes indolentes, en las que no ocurre nada significativo porque todo lo significativo se esconde en el aire. Sólo las cigüeñas saben dónde.
(Fotografía: Zamora: Silenos)

jueves, 8 de mayo de 2008

Pablo García Baena


El poeta cordobés Pablo García Baena (1923-) ha sido galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Ríndole homenaje desde este humilde blog recitando uno de sus bellos poemas de Los Campos Elíseos:


Otoño en Málaga

Huésped ligero el otoño llega
silencioso hasta Málaga. Yo rezo
por sus vendas benéficas de lluvia
fajando el dulce corazón maltrecho
del verano y su carne. Beso llamas
en las murientes hojas del recuerdo.
Adiós, fría glorieta. Sobre el banco
extiende octubre harapos verdinegros.
Caen frutos y pájaros. La niebla
cicatriza los besos.

martes, 6 de mayo de 2008

La sonrisa

Para Gemma Pellicer

Nada tengo que envidiar al Otro, ni a su sombra, ni al espejo, ni a su reflejo. Por varias razones visibles: soy más guapo, más simpático, no estoy solo y, como remate, mi edificio es un palacio de celebrada nombradía, una perla del Cinquecento boloñés: el Palacio Bolognini. Ahí es nada. Y ahora que el Otro se esfuma lentamente cual el humo de los barcos, o como un dulce sueño en la memoria, yo reivindico mi espacio en la blogosfera. Aunque de mí no depende si mi vida en esta galaxia flotante será efímera o tan duradera como la sonrisa centenaria que ilumina mi diabólico rostro.
(Fotografía: Silenos)

lunes, 5 de mayo de 2008

Otras hipérboles memorables


Si de tanto entrar ya
dentro de ti las cosas,
eras el mundo donde estábamos.

(De "Retrato", Manuel Altolaguirre)

Hoy andaba debajo de la risa
con todo el llanto a cuestas.

(De "Hoy andaba", José Ángel Valente)

domingo, 4 de mayo de 2008

Tríada Dominical, 1


1. Lectura recomendada: el cuento "De poetas y aviadores" que publica Santiago Bamboa en Babelia (3/5/2008). Pinchad aquí.

2. Adagio: "Actuar como los perros de Egipto". Cuentan que los perros egipcios beben agua en el Nilo a la carrera... para no ser devorados por los cocodrilos.

3. Divertimento: el salvapantallas más utilizado en EEUU (abridlo y utilizad el ratón para ayudar al personaje cuando se atasque). No tiene desperdicio. Pinchad aquí.

jueves, 1 de mayo de 2008

La isla de Día

Cuando el viajero recorre la carretera que serpentea al borde del acantilado camino de Heraklion, observa cómo la isla de Día (sucedió aquí, por más que Naxos se arrogue la gloria), situada pocas millas al norte, desaparece y reaparece en cada curva. En esta isla crece una flor milenaria de cuyo olor no pueden escapar los viajeros. Apenas desembarcan en sus playas, la fragancia de esta planta les arrebata el sentido del deber y del compromiso. Tiene la peculiaridad de minar especialmente la memoria de los pactos amorosos, más aún si éstos han sido rubricados con sangre y traición. En sus orillas habita una mujer todavía hermosa, a pesar de siglos de abandono y llanto. Cada día reprocha a los dioses que colocaran esta isla entre Creta y Atenas y la dotaran con tan maléfica flora, y recorre las playas maldiciendo al príncipe ateniense y clamando el perdón del corazón minoico. Pero las aguas que rodean la isla llevan siglos devolviéndole su triste lamentación.
(Foto: isla de Día: Silenos)