lunes, 29 de septiembre de 2008

Tornado, de Pere Gimferrer


Hay autores que no decepcionan, y poetas que no dejan de crecer. Es el caso del poeta y académico Pere Gimferrer, que acaba de publicar su último poemario, Tornado (Seix Barral/Los Tres Mundos), alumbrado desde la "poesía de la experiencia" (léase entrevista en ABC). Llevo varios días leyéndolo y, aunque aún no he llegado al colofón, ya me resulta una delicia (in crescendo) para los sentidos. Se trata de un poemario de amor, que sigue la senda del magnífico Amor en vilo que tan buena (y merecida) acogida tuvo. En Tornado asoman de nuevo temas y referencias ya frecuentes en Gimferrer, como el cine, la pintura, el jazz o las ciudades, y de cuando en cuando el amor se adentra en la dulce espesura del sexo. Contiene este libro poemas fundamentales, de larga memoria, como "Ma vie":

Mi vida, toda hecha de cristales
como la luna al viento descompuesta,
mi vida, toda hecha de palabras,
cáscaras secas, rojos capiteles
mas capiteles huecos, como vaina
que no contiene quemazón de fruto
[...]

O el extenso (y a veces desconcertante) "A tientas", donde leemos estos versos dedicados a su amada Cuca:

[...]
me encontraré con Cuca cara a cara
por arrabales de la duermevela;
es irreal, de tanto ser real,
este rostro de nieve tan delgada,
esta caricia de ojos cosecheros,
esta voz que se templa en el clarín;
como el lacre que sella una encomienda
me has sellado la vida con tus labios
y ya no sé vivir si no desplumo
las alboradas de tu florecer;
[...]

Lo dicho, aún no lo he concluido (para mí será lectura inconclusa, de necesarias relecturas) y ya me apresuro a dejar en estos Silenos el testimonio de esta delicia de poemario.

Los Silenos en "Inventario", de Lauren Mendinueta


La poeta colombiana Lauren Mendinueta dedica en su Inventario una entrada a estos Silenos, que se lo agradecen muy mucho.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Sobre literatura en los blogs


Hace unos días un amigo me preguntaba, a propósito de estos silenos, si colgar escritos originales en la red no es un desperdicio a la par que un riesgo. Mi amigo, que no tiene blog, aunque sí navega a menudo por estas aguas procelosas, expresaba dudas que a todos nos han asaltado alguna vez. Y ponía el acento en dos aspectos que merecen ahora una breve reflexión. Por "desperdicio" se refería a la vida en extremo efímera que tiene cualquier noticia o texto en la red, hecho aún más grave si de escritos de cierta calidad se trata. El ritmo vertiginoso y cambiante de la red no da tregua y, a la manera de las noticias periodísticas, con su exposición comienza su acabamiento. Cierto que un relato, un poema, un ensayo... tienen otro tempo de lectura y disfrute más pausado, pero tampoco a ellos hace muchas concesiones la red. Porque no se trata sólo de "colgar" físicamente (si en esto puede hablarse de más físico que el tacto del ordenador), sino de mantenerlo "vivo", atractivo para los lectores, esa pléyade de desconocidos que acechan por los rincones más remotos. Es una lucha ardua, semejante a la de los títulos literarios en los escaparates de las librerías, donde todos quieren un primer y duradero espacio, pero sólo los hijos mimados de las grandes editoriales consiguen lograrlo. Y, en fin, para que nos lean ¿cuántos? Y para que no quede apenas memoria de esa lectura (porque un post no se relee, como, por ejemplo, el relato de Monzó o el poema de Verlaine que descansa en nuestra mesilla de noche). La calidad es otro asunto, de más difícil consideración, porque la "democratización" de la escritura que concede la red trae precisamente lo que todas las democracias: la convivencia de seres de variado pelaje. Y todo escritor (en el sentido más laxo del término), grande o pequeño, reputado o desconocido, tiene su corazoncito y su dosis de vanidad, y, por supuesto, familiares y amigos que le aplauden y jalean también a través de la red. En cuanto al riesgo, es obvio que no sólo en las aguas somalíes abundan los piratas. Pero también esto es consustancial a la red. Los textos ya editados no corren mayor riesgo que los que amenazan al texto en papel, pero los inéditos son otra cosa. ¿Soluciones? Dependerá del valor que cada cual atribuya a los escritos que muestra en la red y del fin que persiga con el mantenimiento de su web. Los escritores ya consagrados (o simplemente con editor pendiente de su actividad) podrán incluso editar en papel todo o parte de lo que exponen en la red, sin que nadie venga a exigirles que sean inéditos. Ahora bien, los demás han de andarse con ojo. Porque de un tiempo a esta parte entre los editores (y en las bases de los certámenes literarios) se extiende la exigencia de que los trabajos no hayan sido publicados "por ningún medio de difusión", con mención expresa, y cada vez más frecuente, de internet. Si se tienen dichos temores, lo razonable es seleccionar bien lo que se expone, es decir, guardarse para una posible exigencia editorial lo mejor de la producción y mostrar otros escritos, muchos de ellos nacidos por y para la página web. Porque la red sí tiene algo bueno, que justifica por sí solo esta suerte de exhibición: que nos permite pulsar el acierto, desacierto, calidad o irrelevancia de un texto gracias a los comentarios (si los hay) de los lectores. Y esto, para escritores principiantes o inseguros, es de gran ayuda.

(Imagen: Erasmo, de A. Durero)

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Si baila un anciano, la situación está a salvo


Se celebraban los juegos circenses en honor del bello Apolo, cuando alguien dio la voz de alerta: Aníbal, el azote cartaginés de Roma, se dirigía al frente de un gran ejército hacia las puertas de la Ciudad. El gentío corrió a coger las armas y los juegos quedaron interrumpidos. Luego, pasado el peligro y ya de vuelta, se extendió por el pueblo el temor de que el dios se hubiese ofendido por la suspensión de la ofrenda que se le tributaba. El sacrilegio podía costar caro a la ya sufrida Roma. Sin embargo, en el circo encontraron a un anciano que bailaba y bailaba casi extenuado. Había logrado mantener encendida la llama de la piedad (o más bien del pragmatismo). Cuentan que ahí nació el susodicho adagio: "Si baila un anciano, la situación está a salvo".
(Fuente: Polidoro Virgilio. Libro de proverbios)
(Imagen: Coliseo de Roma. Fuente: Silenos)

martes, 23 de septiembre de 2008

Lorca y la Memoria Histórica


El asunto de la Memoria Histórica suele encararse por una parte de los españoles con una acritud que encubre las más de las veces razones de índole política. Defender a estas alturas de la democracia que esta ley supone una vuelta a las dos Españas es una memez que no tiene consistencia alguna. Cosa distinta es que dicha ley venga acompañada de actuaciones sensatas, coherentes y destinadas de veras a reparar la memoria de los muchos olvidados (de uno u otro bando) de la guerra civil y la posterior represión franquista. Tampoco, con ser de gran importancia, debe reducirse todo a la exhumación de restos. Habrá casos en los que esta reparación histórica se cumpla sencillamente con la dignificación póstuma de un nombre mancillado, o con la retirada de símbolos de doloroso y sangriento recuerdo. Es, por otra parte, esencial que en todo momento las actuaciones estén presididas por un espíritu de reparación apolítica, por la consideración de que las víctimas lo son por haber sufrido injusticia, al margen del color de su bandera. Sólo así podrá evitarse (o al menos dejar sin argumentos) que la ley sea tachada de revanchista.
La decisión de la familia de Lorca de no oponerse a la exhumación de los restos del poeta (aun temiendo el circo mediático, que haberlo habrálo, porque es consustancial a este país), por respeto a la decisión de las familias del maestro Galindo y del banderillero Galadí, no sólo es un acto de generosidad, sino también la prueba de que en el asunto de las exhumaciones debe primar por encima de todo el derecho de las familias a conocer el paradero de sus muertos, en el deseo de ofrecerles íntima sepultura. Esta es la cuestión primordial. Que hayan pasado siete u ocho décadas nada importa. Ni los muertos ni el dolor caducan.

jueves, 18 de septiembre de 2008

El hombre desparejo


Hora punta en los andenes del metro. Un hombre corre precedido por su sombra, que camufla sus perfiles humanos entre el gentío atropellado. El hombre ignora que ha salido de casa desparejo. Llega al trabajo y saluda, pero su saludo suena geminado, porque ya saludó antes su sombra. Es mediodía. El hombre se dispone a almorzar donde suele. En la mesa quedan restos del almuerzo reciente de su sombra. Cumplida la jornada, atardecida la hora, el hombre vuelve a casa. Por su habitación camina descalzada su sombra. A pesar del cansancio, inicia en la cama el ritual del deseo con el cuerpo de la amada, pero ella duerme ya gozosamente satisfecha.

Antonio Serrano Cueto

(Léase también en Minificciones, el blog de Alejandro Gelaz y Delfín Beccar).

(Remedios Varo,
La despedida, 1958)
Cortesía de Antonio Sarabia

domingo, 14 de septiembre de 2008

El vuelo


Esta mañana la playa Victoria de Cádiz ha sido escenario de un Festival Aéreo. Sobre el fondo del cielo azul, sobre la llanura del mar plácido, aviones y helicópteros de combate han lucido acrobacias de figuras y colores. La tiza de un niño garabateando en el aire. Tal espectáculo marcial en domingo de playa, con gentío y vocerío por doquiera, no es precisamente para sentir el runruneo de la inspiración. Sin embargo, hace días, con ocasión de una visita al aeropuerto de Jerez, escribí unos versitos que hoy, a rebufo de los caza de guerra, he recordado. Es uno de esos poemillas que de vez en cuando nacen para asomarse a este blog.

El vuelo

Dos maniobras de vuelo
y llega a cumplimiento
la vida.

Sobran empuje y pista en el despegue,
parece sobrar ámbito en el cielo.
¡Qué ocupados los ojos en gozar las alturas,
en medir los espacios verticales!
¡Qué placer percibir la rasgadura fugaz
del aire que las nubes cicatrizan!

Volamos supendidos
merced a ignotas fuerzas y ajenos albedríos...
Mas poco nos importa.

Sólo cuando dejamos la horizontalidad
del venablo certero, ya entrevista
la urbe anochecida,
sentimos cómo oprime el cinturón
que desapercibido nos ciñó a la salida.

Dos maniobras de vuelo,
sube y baja la vida.
(Imagen: Festival Aéreo de Cádiz. Fuente: Silenos)

sábado, 13 de septiembre de 2008

De blogs y premios


La poeta colombiana Lauren Mendinueta, autora del estupendo blog Inventario, lectora de estos Silenos y amiga virtual, ha tenido la gentileza de premiar este blog (entre otros) con el Premio al Esfuerzo Personal 2008. Como el Premio Dardo y otros semejantes, tiene este galardón por finalidad destacar aquellos blogs que contribuyen a la comunicación en este océano inabarcable que es la blogosfera, y, como aquellos, también éste requiere los siguientes compromisos del premiado:

a) Colocar la imagen del premio;
b) Mencionar el blog que otorga el premio y vincularlo con un enlace;
c) Proponer como mínimo otros cinco premiados.

Los dos primeros son fáciles, el tercero no lo es tanto, porque muchos son los blogs que merecerían esta simbólica mención. Basta mirar la columna de enlaces de la izquierda de esta página para comprobarlo. No obstante, propongo (no repito algunos de los propuestos por Lauren) estos ocho:

1. La nave de los locos (Fernando Valls). Calidad y regularidad: de lo mejor que ofrece la red sobre literatura.
2. Columna de humo (J. M. Benítez Ariza). Variado en los temas, intimista en el enfoque, escrito con maestría.
3. Sueños en la memoria (Gemma Pellicer). Un ramillete de microrrelatos para disfrutar cada día.
4. Los convidados (Antonio Sarabia). Literatura con mayúsculas y acercamiento a autores a veces poco conocidos.
5. Una temporada en el infierno (Juan Pedro Quiñonero). Información y sarcasmo: una visión caleidoscópica del panorama político y cultural.
6. El síndrome Chejov (Miguel Ángel Muñoz). Por la enjundia de sus comentarios literarios.
7. Fuego con nieve (Antonio Rivero Taravillo). A la regularidad se añaden variedad y una selección de temas y textos de gran atractivo.
8. Mujeres de Roma (Isabel Barceló). Amenidad y rigor caracterizan este blog dedicado al mundo de las mujeres romanas.

Y que siga la rueda...

jueves, 11 de septiembre de 2008

Un libro de viajes y mucho más


Por razones profesionales y de amistad con escritores, recibo a menudo libros de variado pelaje. Como os pasará a muchos de vosotros, la entrada de estos nuevos huéspedes contribuye a combar la horizontalidad de mis estantes, a la vez que aumenta el ámbito de esparcimiento de los ácaros y otros insectos amantes del papel. Pero no todos son acogidos con el mismo interés. Hace unos días recibí un libro diferente, curioso, atractivo por su singularidad y por el afecto que sé que ha puesto en su escritura el autor, mi amigo Carlos Javier Ordoño Rodríguez. El libro, publicado por Padilla Libros Editores y Libreros (Sevilla, 2008), se titula Las ciudades yugoslavas. Un apunte de viajes. Se trata de un compendio de notas, reflexiones, curiosidades y otras noticias nacidas de los viajes (2000-2006) por la antigua Yugoslavia del viajero incansable que es Carlos. Todo ello sazonado con la evocación de imágenes cinematográficas de una veintena de películas que el autor conoce bien (de directores tan variopintos como Paskaljevic, Angelopoulos, Manchevski, Choiraki, Tanovic, Kusturica, entre otros) y citas de autores como Andric Ivo, Carlos Taibo, Vladimir Arsenijevic o Ismail Kadaré. Conociendo la erudición (y extraordinaria memoria) de Carlos, uno podría temer a priori que ésta se hubiese trasladado al libro sin poda, cual un ensayo insufrible que sólo alcanza a tener estructura en la cabeza del autor. Pero no es el caso: Carlos ha sabido combinar de manera amena la erudición de sus lecturas con historias menudas extraídas del contacto con la gente. Hay mucho de arrobamiento ante imágenes de la vida sencilla (una reata de animales, la lluvia en Agram, las lavandas de Hvar, las barcas en el lago de Ohrid...). Es, en suma, un libro que aconsejo no sólo a quienes decidan visitar Split, Hvar, Trogir, Dubrovnik, Catvat, Ljubljana, Sarajevo, Mostar, Budva, Pristina y otras ciudades balcánicas, sino a cualquier lector que desee disfrutar con una lectura de viajes diferente, muy alejada de las guías de turismo, los ensayos antropológicos y las descripciones geográfico-étnicas al uso. He aquí un fragmento:

Diríase, en un principio, que "Travnik era el caos", o que "El caos era Travnik". El autobús que nos conduce hasta aquí emplea seis horas en el recorrido. El paisaje que atravesamos hasta llegar a Banja Luka -que resulta ser un poco más que la mitad del itinerario- podría calificarse como típicamente "danubiano". Extensa llanura verde, ora extensos campos de cultivo, ora manchas más o menos tupidas de bosque [...] Se inicia entonces un paisaje ásperamente montaraz. Profundamente quebrado y montañoso. Solitario y desangelado, como si fuese "el principio del mundo". Kilómetros y kilómetros de inquietante soledad. Los valles son fisuras estrechas entre el caos de piedra de colinas imposibles. Una sensación de "claustro", de "recogimiento" de la Naturaleza y del propio corazón replegados sobre sí mismos. Como con un sentimiento de eremítica renuncia. "Así es Bosnia", nos comenta uno de los viajeros con el que estuvimos charlando en un bar...

domingo, 7 de septiembre de 2008

La cena


Este relato ha sido publicado por Alejandro Gelaz en su web minificciones (lo cual agradezco al propio Alejandro y a Lauren Mendinueta)

Conocí bien a mi padre muchos años después de su muerte. Fue por casualidad. Recibí por mail una invitación para acudir a una cena en un restaurante céntrico de Madrid: En su calidad de experto en relatos, bla, bla, bla… Cenas literarias las llaman, aunque allí hablamos poco de literatura. Uno de los comensales, crítico literario de un periódico nacional, insistía en hablar de política, de la crisis económica y las cuotas sociales. Otro de los invitados, un profesor septuagenario, conocido en los cenáculos literarios por su adición a las faldas, la emprendió con una de las ministras, una joven treinteañera de buen ver y mejor imaginar. Por su parte la editora que nos había convocado se quejaba de las vicisitudes de su profesión en España, donde los peces grandes engullen a los pequeños sin contemplaciones. Ella decía ser propietaria de una editorial modesta, pero la facturación del último año contradecía tal afirmación. De hecho, el premio de relatos que iba a convocar contaría con la dotación más alta de este tipo de certámenes. Conocí a mi padre, como les digo, en aquella cena. También había sido invitado a la velada, aunque yo no lo sabría hasta semanas después, cuando tuve que leer El fantoche, el relato que firmaba mi madre con un seudónimo que a mí me sonaba a su nombre de guerra en los años universitarios: “Lisístrata”. Obviamente voté por ella.

Antonio Serrano Cueto
("La última cena". Leonardo da Vinci)

jueves, 4 de septiembre de 2008

La literatura del siglo XXI


Vamos a remolque de una literatura que ya se ha hecho en muchos sectores, una literatura del XIX y que puede tener un interés testimonial, de contar hechos tal como lo contaban Galdós, Leopoldo Alas o Baroja, pero a mí lo que me interesa realmente es la avanzada, lo que va a ocurrir, la posibilidad de que la indagación en el lenguaje produzca nuevas posibilidades de belleza, de obras de arte.

Son palabras (leer más) de José Manuel Caballero Bonald en la presentación del próximo congreso anual de la Fundación que lleva su nombre, cuyo título es bien interesante: "Las sílabas del futuro. Una meditación sobre la literatura del siglo XXI" (Jerez, Museos de la Atalaya, 29 a 31 de octubre de 2008). Dado el contenido de algunas de las ponencias (podéis consultar el programa en su página web), es de suponer que se analizará en papel que los blogs están desempeñando en la creación y difusión de relatos, microrrelatos, poesía, crítica literaria, etc. Y también los riesgos que la red conlleva, pues no todo lo que circula bajo el afanoso deseo de la "creación literaria" es literatura.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Las "tiras lacónicas": un ejemplo de antiguo mensaje cifrado


Cuando, tiempo ha, los pueblos ni soñaban que algún día lugares distantes del planeta podrían comunicarse en tiempo real mediante la magia de las ondas y los hilos diabólicos de la red, sin necesidad de que el hombre diera un solo paso, la comunicación interna o externa de un gobierno dependía no pocas veces de la suerte o pericia de sus correos o carteros. A pie o a caballo, contra viento y marea, estos hombres cargaban con el enorme peso de saber que en sus manos podía estar el futuro inmediato de un régimen político, el aborto de una conspiración o, en tiempos de guerra, el destino de toda una nación. De ahí que el camino hasta la meta no fuese precisamente de rosas y, en caso de alcanzarla, su gesta emulase a menudo la heroicidad homérica.
Cuentan Cicerón, Aulo Gelio y Plutarco que los antiguos lacedemonios o espartanos, pueblo principal en el arte de la guerra, tenían un sistema de comunicación cifrado de gran eficacia. Cuando deseaban enviar un mensaje importante y evitar que pudiera ser interceptado, empleaban la llamada tira o cinta lacónica. Consistía en una especie de cinta o correa muy fina que se enrollaba en una rama. Una vez enrollada, se escribía el mensaje, por lo general breve (de ahí el laconismo, pues la región era Laconia), en dirección perpendicular a las junturas de la cinta. Después se retiraba y se remitía sólo la cinta al destinatario. Como éste conocía el procedimiento, utilizaba una rama idéntica y sobre ella volvía a enrollar la cinta. Y voilà: en idénticas vueltas las letras encontraban su antiguo orden y el mensaje enigmático se revelaba. Listos que eran estos lacedemonios.

(Imagen: "Leónidas en las Termópilas.
Cuadro de Jacques-Louis David
, 1814. Museo del Louvre)