jueves, 31 de diciembre de 2009

Estampas desde Lovaina: Sólida y liviana


La encontré en un rincón del Jardín Botánico. Diciembre soplaba por los senderos con preludio de nevada, pero a ella no parecía importarle. La brisa se esforzaba en vano en mecer los pliegues de su falda. Descalza, ligera de ropas, con la pose despreocupada de quien mira desde fuera el menoscabo del tiempo. Hoy, al recordar su estampa, tan sólida y liviana a la vez, he visto a Anna Perenna, la diosa primitiva romana del paso de los años, a la que se invocaba para que concediera el don de una existencia añosa. Y he sabido que mañana seguirá ahí, en ese jardín, tan sólida y liviana a la vez.

FELIZ AÑO 2010, AMIGOS.

(Estatua en el Botánico de Lovaina. Fuente: Silenos)

martes, 29 de diciembre de 2009

Un poema para el regreso


Para celebrar que estamos de regreso en Cádiz, lejanas ya las tierras de Flandes que me han acogido durante estos tres meses, y por mor de la lluvia persistente que se ha instalado en el sur de Andalucía, os dejo un poema húmedo de la otra estación lluviosa.


LLUVIA OTOÑAL

Bajo picas de punta diamantina
se estremece la luz acristalada.
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La tarde va restándonos
las horas, como quien recuperara
la parte de una deuda, el anticipo
de un préstamo librado en los albores
del tiempo, y ya vencido.
.............................................Llueve. El rojo
pálpito de la sangre goteando
se acompasa a la lluvia.
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¿Qué parte de nosotros
se pierde para siempre
por grises sumideros de la tarde?

(Fuente de St. Sulpice, París. Foto: Silenos)

lunes, 28 de diciembre de 2009

Estampas desde Lovaina: Hacia tierras más templadas


Los silenos recogen los bártulos en Flandes y regresan al sur de España. Han sido tres meses de trabajo, sobrellevado gracias a la lectura, la escritura, los amigos de internet, la cerveza belga y escapadas a Bruselas, Amberes, Gante y Berlín. Llegué con los flecos del verano, vi desnudarse el bosque de arces frente a mi ventana, pisé la nieve (¡cuánta!) en Lovaina, Bruselas y Berlín. No comí pavo, sino algo de marisco en la fría Nochebuena berlinesa. Y hasta he visto esta última noche a San Nicolás en un trineo volador. Me voy (ahora bien acompañado) con las carnes más frías, pero más templado el espíritu. Os dejo, con mis mejores deseos para el próximo año, un árbol de Navidad diferente. Luce en el escaparate de una librería singular por menuda, llamada Minilibris, en Spandauer Str. 27, Berlín.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Felicitación y geografía


Los silenos, de natural profano, os desean DÍAS DE HARTURA Y ABUSO PASCUALES, que ya vendrán luego, al finalizar el año, los propósitos de enmienda. Como presumo de que hasta aquí llegan lectores de rincones varios del orbe, os invito a elegir la moza-continente que os representa. En el centro está Justicia, flanqueada por los cuatro continentes, según el reparto geográfico anterior a la inclusión de Oceanía. Una pista: la mía es la segunda por la izquierda.


(Fachada de la Maison du Renard. Grande Place. Bruselas. Fuente: Silenos)

sábado, 19 de diciembre de 2009

El clan literario


A un par de amigos jóvenes que escriben
con tesón y gusto, pero también con cierta desazón

El ser humano es tan miope, que concibe y atesora sus relaciones vitales entre las estrechas paredes de su clan. El yo busca al y ambos se organizan para salvaguardar lo nuestro. Como perros que, una vez mordida la presa, no la sueltan ya se hunda el cielo. Clanes de esos, cotos cerrados con altos muros, hay por doquiera. La política y la Universidad son buenos ejemplos. La literatura lo es en igual o mayor grado. No hace mucho un amigo poeta me contaba su primer encuentro con una novelista española de éxito. El que ejercía de presentador añadió a su nombre un ribete del tipo "escritor", o quizás, "poeta", y mi amigo sintió la sonrisa de desdén de la novelista, y tal vez hasta llegó a oír un sordo "otro más". Sonrisa de desdén y entrañas de recelo. Reacción semejante presencié no hace mucho cuando un escritor de provincias, en el centro de un grupo de afectos a las letras, nombraba los talleres de escritura, que tanto ha proliferado por la geografía española, como quien "nombra la bicha". En este caso, el "otro más" multiplicado, en serie, con un maestro de ceremonias a la cabeza. En verdad, de igual forma reaccionaría un taxista al enterarse de otra concesión de licencia. Y un experto en el trapicheo callejero al conocer que por su zona merodea un intruso. ¿Territorialidad animal? Quizás. Pero también el escudo que esgrime la mediocridad reluciente cuando ve amenazado el pastel, como el perro que no suelta bocado.
La red ha "democratizado" la escritura, hasta el punto de que todo hijo de vecino que se lo proponga "publica" en su blog o web los frutos de sus desvelos literarios y se presenta a los demás, cada vez más a través de correos electrónicos, como autor o autora en edad de merecer. Pero esto no es nuevo: todos conocemos a escritores que, habiéndose costeado íntegramente la edición de sus obras, se procuran una humilde campaña publicitaria a través de amigos libreros. La diferencia es que la red es baratísima y las posibilidades de difusión son extraordinarias. ¿Hay que censurar esta proliferación de poetas, cuentistas, novelistas o reveladores de sueños varios? Mi amigo el poeta es joven y a buen seguro aquella sonrisa hiriente de la novelista de éxito le provocó alguna zozobra en la autoestima. Mi comentario en estos casos siempre es el mismo, quizás porque no soy tan joven como él ni necesito que clan alguno abra graciosamente sus puertas a mi llamada: sigue escribiendo. A cada desplante, un poema. A cada mueca de altanería, un personaje. Que escriba quien quiera. Mejor eso que engullir programas de televisión y ser un zoquete de sofá. Que el tiempo todo lo sitúa en su justa medida. Sí, es cierto que hay quien tiene ombligo hasta para pasar a la historia de la literatura con su medianía, pero son los menos. Echa un vistazo a los blogs literarios (incluido éste) y fíjate en la ridícula egolatría de muchos que han publicado en esta o aquella marca editorial de prestigio. Qué lástima pasarse la vida dándose golpes de pecho, gesticulando ante el espejo para la próxima entrevista o la próxima firma de libros. Qué lastima cifrar la literatura en el hoyuelo de la barbilla, la bandeja de croquetas o el apretón de manos de un alcalde. Podrán sonreír y seguir dándole premios a los amigos del clan, pero no podrán evitar que tú y muchos como tú sigáis escribiendo. Así que escribe, y que se jodan.
(Fernando Valls me corrige el nombre del puente:
centauros en el Puente del Palacio, que conecta la Unter den Linden
con el Lustgarten. Obra de Schinkel. Berlín. Fuente: Silenos)

jueves, 17 de diciembre de 2009

Estampas desde Lovaina: Nieva sobre Lovaina

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Para mi hija Carmen

A las dos de la tarde ha comenzado a nevar sobre Lovaina. Y todavía sigue nevando. Como soy de tierras meridionales y cuento con los dedos de una mano las veces que me ha nevado encima, he salido a jugar al parque que tengo justo enfrente. Como otros muchos niños, he pisado la nieve virgen, he amasado una bola gigante, he corrido y hasta me he caído de culo. Todo hubiese sido perfecto, de no estar ella tan lejos.
(No es París, querido JPQ, pero hay más nieve)


(Herma de Albert Giraud. Park St. Donatus. Leuven. Fuente: Silenos)

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Un microrrelato aéreo


LA SOBRECARGO

A él le bastaba amarla así, a 9000 metros de altitud. Había gastado todos sus ahorros en billetes y, a fuerza de estudiar la frecuencia de sus despegues y aterrizajes, sabía en qué vuelo se encontraría con su sonrisa aérea al pie mismo del tunel o de la escalerilla. Tempraneaba en Managua y madrugaba en Madrid cuanto fuera preciso para ser siempre el primero y recibir de lleno sus buenos días señor, buenas tardes señor, cuando aún el cansancio no había hecho mella en la compostura de su boca. Siempre en clase business, la parcela del Paraíso de la que ella se ocupaba con mimo femenil y refrigerios varios. Siempre junto al pasillo. Cerca, muy cerca de su olor. Con el ruido de los motores obstaculizando el entendimiento y obligándola a bajar la cabeza para atenderle cuando él le pedía en un susurro un vino tinto que le sabía a sangre angelical. Tan lejos de todo. A él le bastaba con amarla así. Se conformaba con tan poco, que ni siquiera intentó abrazarla para mitigar su pánico. Se limitó a ser feliz en la postrera verticalidad.

De la Nave a Minificciones


Por iniciativa propia, Alejandro Gelaz publica en Minificciones el microrrelato con el que participé en la campaña Pro acercanza de Fernando Valls. Los caminos de internet son, de verdad, inescrutables.


(Botánico de Leuven. Fuente: Silenos)

lunes, 14 de diciembre de 2009

Estampas desde Lovaina: El líquido misterio


Siempre que he visto a este Van Gogh, me he fijado en las varias botellas de agua mineral que tiene detrás, sobre la base que lo sostiene. La primera vez pensé: qué contrapeso más aguado. La segunda ya no supe qué pensar. La tercera le hice esta foto, y hete aquí que descubro que a su derecha (nuestra izquierda) hay en el suelo una botella casi vacía, lo que me hace deducir, ahora que todavía me funciona la neurona, que el mozo se bebe el agua. Una de dos: o su estancia en esa pilastra es de horas largas (los turistas en Bruselas dan para mucho; si no, que se lo digan al horrible Mannenken Pis), o el pobre holandés tiene calculi en el riñón y, pese a trabajo tan sufrido, el urólogo le ha prescrito cuatro o cinco litros del líquido al día. La verdad es que la vida está repleta de misterios como éste.
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(Alrededores de Grote Markt, Bruselas. Fuente: Silenos)

sábado, 12 de diciembre de 2009

Un poema del tránsito


Escribí estos versos hace un par de años, con el tiempo diluviando y yo en mitad del páramo. Hoy, un poco más guarecido, los dejo aquí para los lectores.


ENIGMA

Nadie descifrar puede, fugaz hora,
el alma de tu enigma,
el porqué de tu ingénita premura,
la cíclica razón de tu existencia.
Tampoco sabe nadie cómo alumbras
tu propio ser, ni dónde.
...........................................¿En qué lugar
pródigo de la tierra, en qué relieve
del aire arcano y fértil acontece
un prodigio de humana trascendencia?
Creces deprisa y cruzas anegada
de plumífera luz.
............................. .Te vas no siendo
tú, y sigues siendo tú cuando regresas,
y en las manos prendidos traes restos
del yo que fuimos,
.............................. ...fuerzas renovadas
para hurtarnos un poco más del yo
que menguando nos queda.


(Imagen: el primer semáforo de Europa, en Posdamer Platz. Berlín. Fuente: Silenos)

viernes, 11 de diciembre de 2009

Adivinanza


Adivina, adivinanza. En esta imagen hay un espontáneo y un impostor. ¿Quién es el uno y quién el otro? .
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(Homenaje a los trabajadores. Fachada de la Catedral de Amberes. Fuente: Silenos)

martes, 8 de diciembre de 2009

Un microrrelato divino


VIAJE OLÍMPICO

A la cumbre del monte Olimpo llega exhausto un hombre septuagenario. Culmina así un largo viaje a pie a través de medio mundo. De la bruma cimera sale el dios Hermes y le pregunta sorprendido:
- ¿Qué haces aquí, mortal?
El hombre responde ilusionado:
- Cumplir el sueño de toda una vida: quiero ser como vosotros, y vivir de néctar y ambrosía.
....A Hermes se le mueven las alitas de los tobillos. Suele ocurrirle cuando no alcanza a comprender un mensaje. Finalmente le ordena que espere allí y se marcha en busca de Zeus, que en ese momento está almorzando con su esposa Hera. Luego que hubo informado al padre de dioses y de hombres, la diosa se levanta de la mesa gritando enfadada:
-¡De ninguna manera, Zeus. Los dioses no somos hijos del sueño humano. No te dejes embaucar, esposo mío, y arroja a ese impío desde la cumbre!
....Pero el coraje y la constancia del anciano habían calado en el corazón de Zeus, que, queriendo darle una oportunidad, ordena a Hermes que lo guíe al reino de su hermano Hades. Eso sí, con una buena carta de presentación.
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(Imagen: Mítico legionario que corona la fuente de Silvio Bravo,
Grote Markt, Amberes. Fuente: Silenos)

lunes, 7 de diciembre de 2009

Berlín y el semáforo veleta


No, queridos lectores, los Silenos no han cerrado el quiosco bloguero. Simplemente descansan entre viaje y viaje de este corifeo. Acabo de regresar de una breve escapada a Berlín, que ya luce sus galas pre-navideñas en días de adviento. Entre mercadillo y mercadillo, entre olores de salchichas al curry ("currywurst"), he paseado mi frío gaditano desde Ku'damm a Alexanderplatz, con Schöneberg como cuartel. Y he tenido la gran suerte de poder compartir comidas y conversación con Fernando Valls y Gemma Pellicer. Corta ha sido la estancia, pero largo el placer. De las imágenes que me he traído, me quedo con este "semáforo veleta" de Unter den Linden, que, a la manera de un Jano conciliador, mira al oeste y al este al mismo tiempo. Me quedé un rato esperando, por ver si se levantaba brisa y el artefacto giraba y giraba volviendo locos a los coches y ciclistas. Pero no. Prometo volver a Berlín e intentarlo de nuevo.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Aireaba su conversación en la mesa de al lado


Desde que las conversaciones telefónicas abandonaron la privacidad de una habitación y escaparon a airearse sin recato, el oyente accidental sufre una violenta "invitación" a entrar en el espacio de los otros. De ese choque de privacidades no puede salir nada bueno, como evidencia este monólogo "capturado" en una terraza cualquiera:


-¿Sí? Ah, hola. No. No. Lo tenía apagado. Claro. Claro... Ya sabes... ¿Cómo? No es posible. Pero... Ya. Ya. ¡Toda la mañana! No, para nada. Todo lo contrario. Pero no acabo de creerlo. Claro, claro que sí. El sábado pasado. Y tan bien. Tan bien que... ¿A qué hora? Joder. Voy para allá enseguida. A ver dónde coño lo enterramos.

(Imagen: detalle del reloj de St. Peeter, Lovaina. Fuente: Silenos)

domingo, 29 de noviembre de 2009

Estampas desde Lovaina: De nuevo en danza

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Saludos, amigos lectores.
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Vuelvo a Lovaina, más otoñal que la dejé (ya están desnudos los plátanos de sombra del parque, ya buscan abrigo los patos antes deambulantes y pletóricos por la demora de los fríos). Almuerzo en mi bar preferido de Les Marolles (La Brocante), en Bruselas, con acompañamiento de jazz en directo: dos jóvenes músicos que conforman un grupo llamado Belch' (jazz vivant tous les dimanches!). Hoy luce el gentío y ciega la humareda. No obstante, encuentro una mesa pequeña y, como ya mi cara debe de resultar familar a los camareros, me atienden con una sonrisa cómplice. Escribo mientras bebo y bebo mientras suena la música. Garabateo dibujos, esbozo alguna idea para un microrrelato, asoma el verso primero de acaso un poema. Pero hoy no tengo muchas ganas de vivir en lo literario; me puede más el deseo de vivir hacia afuera, hacia la calle paseada y húmeda, hacia las conversaciones que cuelgan de las mesas, de los vasos, de los cigarrillos de picadura. Y me pregunto qué es la vida sino un tránsito hacia las mismas cosas, hacia la misma glorieta en la que gira y gira siempre el mismo tiovivo bajo la amenaza siempre del mismo cielo.
(Imagen: Fuente en Rue au Beurre, cerca de St. Nicolás, Bruselas. Fuente: Silenos)

martes, 24 de noviembre de 2009

Descanso bloguero

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Para no desnortar a mis silenos, tan llevados y traídos de aquí para allá últimamente, les he dado un pequeño descanso mientras yo escapo a España a ver a la familia. Pero pronto, una vez que este corifeo regrese a Flandes, reiniciarán la danza.

domingo, 15 de noviembre de 2009

De adoquines, Cordero y pandemia rodante


La mañana de lluvia en Leuven me empuja a coger un tren hacia Gante, la ciudad donde nació Carlos V y una de las más bellas de Bélgica. En el viaje, de una hora escasa, voy desgranando los recuerdos de aquella ya lejana visita que hice en 1997 y, gracias a las fotografías de la guía, logro poner en pie cuatro o cinco imágenes hasta entonces desvaídas. No recordaba (quizás entonces no era tanto), sin embargo, el aspecto descuidado de la estación de St. Pieters, impropio de esta ciudad capital de Flandes Oriental. Pero eso es una menudencia para quien busca el goce de los sentidos en el centro histórico. Pero, ay, mala fortuna. Llegar y acordarme del Madrid herido de Javier Marías todo fue uno: junto a los bellos canales se abren otros horrorosos, por orden del ayuntamiento. Obras. Obras. Obras. Por suerte, la catedral de Sint Baafs estaba abierta y volver a ver El Cordero Místico de los hermanos Van Eyck lo compensó todo. Llovía sobre Gante cuando enfilé de nuevo hacia la estación. Mientras caminaba, en mi memoria batallaban dos frentes: el ejército de los ángeles, apóstoles y demás caballeros elegidos en la Jerusalén Celestial y la legión de adoquines, grúas, máquinas y vallas. "¿Qué me llevaré hoy de Gante?", me decía. Pero tan enfrascado iba, que olvidé que en las puertas mismas de la estación me aguardaba un tercer ejército, el rodante, tremendamente invasivo, como ya advertí en otra estampa.


(Imagen: Ejército de bicicletas en espera de órdenes
delante de St.-Pieters Station. Fuente: Silenos)

Gracias, Sergio Astorga


Los Silenos según los ANTOJOS del pintor y poeta Sergio Astorga. Mi agradecimiento, con un abrazo ultramar.
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(Ofrenda pictórica a estos Silenos, por Sergio Astorga)

viernes, 13 de noviembre de 2009

Estampas desde Lovaina: Variaciones sobre una estampa otoñal


Delante de mi ventana tengo el Donatus Park, que es el mejor somnífero en esta ciudad universitaria. Cada día cruzo un precioso paseo abovedado por rubias ramas de arce, cuya infinita hojarasca se afanan los funcionarios del ayuntamiento en limpiar. Nunca tuve el cambio otoñal tan delante de las narices. Semejante paisaje de ocres y frío terrero me ha recordado uno de mis primeros poemas, algo cernudiano dirá alguien, que os dejo aquí con una petición de benevolencia por mor de su doncellez. Como el tema da juego, también os dejo una versión en prosa del mismo menoscabo corporal.


MI AMIGO

Han encontrado el cuerpo de mi amigo bajo las hojas otoñales de los plátanos del arce. Menos mal que mi amigo hace tiempo que ya no lo utilizaba.

* * *
LA SOMBRA

Sola yace la sombra en la glorieta
de un hombre con premura abandonada.

Desde allí negras huellas van tintando
un camino furtivo en la hojarasca.

Nadie sabe decir quién es el prófugo
corredor en la tarde solitaria.

Nadie sabe por qué la sombra quieta
sin sangre, malherida se desangra.
(Donatus Park. Fuente: Silenos)

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Estampas desde Lovaina: Armisticio, conspiración y muertos vivientes


Como hoy es el día del Armisticio (11 de noviembre de 1918), fiesta nacional en Bélgica, y Lovaina pierde en los festivos mucha lozanía universitaria, me escapo a Bruselas. Paseando cerca del Palacio de Justicia me encuentro una perla digna de traer a mis Silenos: en la puerta de un coche de policía se lee "Pajotteland". Saco la cámara y me dispongo a importar la imagen para solaz e inspiración de los lectores, pero hete aquí que la mirada broncínea de dos agentes me recuerda que Guantánamo aún recibe visitas de larga duración. Luego de reponerme del susto, me siento en mi mesa preferida de La Brocante, en Les Marolles, y abro El País. Quizás porque acabo de sentirme como un conspirador de tres al cuarto, la noticia de que Afganistán lleva camino de convertirse "en un Vietnam para Reino Unido" atrae mi atención. Mas uno ya tiene el vicio de leer la prensa esperando delicias del lenguaje y, claro, acabo en este estupendo texto: "La asistencia a la ofrenda floral en el Cenopath, en Whitehall, encabezada por la reina y por los primeros ministros aún vivos..." ¿Se imaginan que hubiera asistido Winston Churchill? ¿O que el periodista tenga que cubrir mañana la noticia, pongamos por caso, de una gran manifestación? Escribiría: "Acudieron más de doscientos mil manifestantes aún vivos..." Entre cerveza y cerveza la cosa debió de quedárseme prendida en algún recóndito lugar del subconsciente, porque, al llegar a Lovaina, descubro entre las compras que he hecho en Bruselas una película de Robin Campillo titulada Les revenants, cuyo argumento se me revela ahora en todo su sentido aterrador: los muertos abandonan en masa los cementerios para, simplemente, recuperar el lugar que tuvieron entre sus familiares. Y todo por culpa de una palabreja malsonante en la puerta de un coche policial.


(Imagen: detalle de la fuente de los condes Egmont y Hornes (1864),
en la Place du Petit-Sablon, Bruselas. Fuente: Silenos)

domingo, 8 de noviembre de 2009

Un poema flamenco


A Javier Sánchez Menéndez,
por apostar por la poesía
en tiempos sombríos
NOCHE EN FLANDES

Rompe a llorar la noche
en el campo de Flandes.
Como un lamento sobrio y contenido
que pidiera disculpas
por ser tan solo un llanto sin tristeza.
Asoma a mis cristales desde fuera,
en plenitud de formas transparentes.
¿Qué puedo yo decirle,
con este torpe amago
de azul melancolía,
a la que tanto sabe del insomnio,
del impostado arrimo del hogar
en el que malgastamos
las horas más nutricias?
Trae la noche en apogeo
su risa de prodigio,
alba excarcelación de una promesa.

(Noche estrellada, de V. Van Gogh)

jueves, 5 de noviembre de 2009

Un microrrelato con dedicatoria

Para Celi e Hipólito, ellos saben por qué
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A BUENAS HORAS...
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A mi abuela la llamaron a filas estando ya difunta. Mi padre, que ejercía de primogénito, convocó a la familia a las seis de la tarde y, tras leer el llamamiento que habíamos recibido en casa, invitó a cada cual a exponer su parecer. Después de varias cafeteras, las posturas parecían irreconciliables. Algunos de mis tíos no podían contener la risa y esgrimían en su descargo que la abuela Eutimia se hubiera divertido de lo lindo con el asunto, y hasta se hubiese presentado en la oficina de reclutamiento. Buena era la abuela. Otros, entre los que se contaba mi padre, siempre tan circunspecto, les afeaban la conducta y abogaban por presentar una queja formal ante la autoridad castrense. La tía Elvira, a pesar de ser analfabeta (o precisamente por eso), instaba a que se denunciase el caso en la prensa. Y como en todas las familias de entonces siempre había un primo universitario, mi primo Enrique levantaba la mano y, haciéndose dueño del silencio expectante, explicaba muy doctamente que por el tiempo en que nació mi abuela las partidas de nacimiento eran pura ficción paterna. Si, con el correr de los años, se le añadía la torpeza de algún funcionario que habría cruzado sus datos con los de un recluta tocayo… Pero mi padre no quería ni oír hablar de argumentos exculpatorios y seguía recabando apoyos para redactar la queja. Fue entonces cuando sucedió. Mi tía-abuela rompió su habitual mutismo con una leve risita, contenida, casi como un hipido pudoroso. Todos callaron y atentos mantuvieron la mirada. Pero ella no dijo nada, y de hecho se llevó el secreto a la tumba. Aquella tarde, recuerda mi padre misterioso, todos sintieron el aliento burlón y ebrio del bisabuelo.
(En la imagen otra graciosa estatua de Lovaina: Paap Toon.
Otro día hablaré de ella. Fuente: Silenos)

domingo, 1 de noviembre de 2009

Santos, difuntos, pintores y el corazón de la tierra

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Todos los santos y el recuerdo de los difuntos me han empujado a visitar Amberes. En la Catedral de Nuestra Señora se exponen hasta mediados de noviembre 15 obras de maestros pintores (Peter Paul Rubens, Frans Floris, Artus Wolffort, Maerten de Vos, Otto van Veen, Ambrosius Francken, Hendrick van Balen...), muchas de ellas retablos encargados en su día por gremios y agrupaciones artesanales y que, hasta la dominación francesa, decoraban la catedral. Entre varios descendimientos y alguna lucha de los celestiales contra los ángeles caídos, hay un hermoso tríptico de Barend van Orley titulado Juicio Final con las siete acciones de la misericordia. He sentido el pesar de las almas inconsolables que un ángel se llevaba hacia las llamas. Y como estoy convencido que el ánimo anterior pesa y modula el ánimo siguiente, al llegar a la Estación Central de Amberes, ya de vuelta, he reparado en que, después de siglos haciéndolo hacia arriba, el mundo crece hacia abajo, como una raíz obstinada que busca agua en el hemisferio opuesto. Vamos volviendo (qué largo volver) a la cavernas, de donde salimos con el único propósito de descubrir (qué largo descubrir) que nuestro sitio estaba dentro, al abrigo de la tierra, al amparo de las sombras telúricas. Y con tanto cavar vamos ampliando el número de las entradas al Infierno.

(Arriba la estación moderna, que convive con esa hermosa "catedral ferroviaria"
que es la antigua (abajo). Fuente: Silenos)
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viernes, 30 de octubre de 2009

Estampas desde Lovaina: Bicicletas para Erasmo


Para Joaquín Parellada, amigo erasmista
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Hasta ayer pensaba que, para captar una imagen de esta ciudad en la que no aparezcan aros de bicicleta, era menester volver a mirarla de cintura para arriba. Pero tal razonamiento se me fue al traste cuando vi, en la puerta de un centro universitario, uno de esos artefactos colgando, cual fruto maduro, de un árbol. Tan aéreo punto de estacionamiento me hizo temer la expansión de una nueva pandemia que, enmascarada en los beneficios de la vida sana, conlleva altos riesgos para la salud. Pero aquí todo el mundo parece haber asumido que merece la pena. Incluso el bueno de Erasmo de Rotterdam, que tan canutas las pasó con los teólogos lovanienses, se ha resignado ya a verlas arracimadas a sus pies cuando, de tarde en tarde, baja la cabeza para relajar el cuello dolorido.

martes, 27 de octubre de 2009

Turbulencias


Con sonrisa de manual, la sobrecargo anunció por megafonía que por causa de la huelga no ofrecerían el habitual servicio a bordo. Para más inri, lo tradujo al inglés, francés y holandés. A mí me bastaba mi lengua patria para saber que en cuatro horas no tendríamos más refrigerio que el aire acondicionado, fortísimo y racheado, como el viento que hacía bailar al aparato. Porque a uno no se le va de la cabeza cuando vuela que pende de un aparato que a su vez pende de dos alas que sabe Dios de qué penden. Más vale no pensar demasiado. Y es lo que suelo hacer, pedir una cerveza o un vino, o dos. Lo suficiente para no pensar y dormir un poco. Pero no. La huelga de los tripulantes de cabina me había arrebatado el sueño al arrebatarme la bebida. Desde mi asiento en la fila 4, justo detrás de clase business, y a pesar de la cortinilla que un tripulante se empeñaba en cerrar, descubrí cómo ellos, los bienaventurados de primera, sí eran agasajados con bebidas y snacks. Así que, fingiendo estar dormido, abría con la rodilla la cortinilla para que el resto del pasaje descubriese el desaire de Iberia. No tuve que cruzar miradas con nadie, ni buscar con ayuda de gestos la complicidad de mis compañeros de clase y travesía. Lo último que recuerdo es que la azafata, muy nerviosa, perdió pie en una turbulencia y me arrojó una cerveza por encima, mientras la sobrecargo gritaba motín en varias lenguas. Lo demás es objeto de una investigación.

jueves, 22 de octubre de 2009

Estampas desde Lovaina: Ese cuerpo en el camino


A Antonio Dávila,
que tanto ama esta ciudad
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Observo que hay varios rincones en la ciudad de Lovaina vigilados por la mirada inquisitiva de una estatua. Las hay grandes, solemnes en su alzamiento y memoria, y pequeñas, humildes en su talla y evocación. Unas son de piel broncínea seca y otras, de chorro acuoso y mojador. Este despliegue de imágenes parece ser cosa de esta tierra, porque también en Bruselas abundan, aunque en la capital han decidido convertir en símbolo de la ciudad a un niño meón (Manneken-Pis) cuya gracia ni arte veo por parte alguna. Encuentro mayor gusto en las que voy conociendo en Lovaina. Ya hablé del vecino Abrahám. No muy lejos, en la convergencia de Tiensestraat y Muntstraat, yace una hermosa mujer, cuya alta estatura parece responder a la media del cuerpo femenino belga. Su desnudez no pasa desapercibida a nadie, mucho menos en una ciudad universitaria. Si os fijáis bien, aún no muestra en su rostro ni un ápice de indignación por tanto escarnio.
(Fuente de la imagen: Silenos)

domingo, 18 de octubre de 2009

Estampas desde Lovaina: Martyn Joseph


Conocí a Martyn Joseph ("a performer like no other", así lo presentaba el programa de mano) en la noche del pasado viernes. Apenas intercambiamos tres frases. Él era el protagonista de la velada y yo quizás el único español en medio de un centenar de belgas. El lugar, L'is 't waar, un caserón en Oud-Heverlee, a pocos kilómetros de Lovaina, convertido en acogedor café y sala de conciertos. De esos conciertos a los que uno sólo asiste si lo invitan, porque se organizan para grupos reducidos (Martyn tiene buenos amigos en Lovaina y no es la primera vez que viene) y la noticia se difunde exclusivamente por el boca a boca. En Lovaina saben organizar bien este tipo de encuentros, que suelen acompañarse de la cena. No había tenido ocasión de escuchar sus canciones hasta esa noche ("Make me cry", "Working mother", "Let's talk about it in the morning", "Kiss the world beautiful" y "Turn me tender" son algunas conocidas). Luego he sabido que es reconocido en Estados Unidos y, por supuesto, en su Inglaterra natal, y que ha cantado con Suzanne Vega, Marc Cohn, Joan Armatrading, Clannad, Art Garfunkel y Celine Dion, entre otros. En 2004 fue votado como el mejor artista masculino en la BBC. En España no sé qué difusión tiene. Me gustaron no sólo sus canciones y su música, sino también el espectáculo de un hombre solo en el escenario, cambiando de guitarras continuamente, acompañándose en alguna ocasión con la armónica, intercalando entre canción y canción las ocurrencias de su buen humor. No es fácil hacer directo en solitario y mantener a los espectadores todo el tiempo entregados. Cuando fuimos a despedirnos de él (mi amiga es una de las promotoras de sus venidas), seguía sonriendo. Me pareció un hombre extremadamente afable. Y un excelente cantautor que ya forma parte de mis preferencias musicales.

sábado, 17 de octubre de 2009

Acaso sea esto


A los lectores de estos Silenos
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¡Dadme olores, caricias, sabores, imágenes, músicas... que alarguen la existencia! Dejarse llevar por el flujo de los sentidos hasta el aturdimiento, acaso sea eso vivir, este regalo que se nos da y se nos reclama al menor descuido. Las ciudades nos acogen si nos damos a su antojo, sin apaños, sin secretos. No hace falta desvestirlas para enredarse en su desnudez.

(Imagen: interior del bar "La Brocante", en el barrio Les Marolles, Bruselas. Fuente: Silenos)

martes, 13 de octubre de 2009

Un poema desde Flandes


Para Carmen, sine qua non

LAS MUJERES DEL GROOT BEGIJNHOF

Luz tardía en el Groot Begijnhof.
Qué grave olor del tiempo desprendido
en el lecho empedrado, en los canales
reticentes a darse al forastero
como mano que hospeda y no pregunta.
Recomponiendo andares quebrantados
camina una muchacha muy despacio.
Amaga al verla un beso el caprichoso
otoño brabantino.
································Soledad,
memoria renovada
en las calles, reguero de hojarasca
que pisaron antaño otras mujeres,
beatas de mundano corazón
y austero apartamiento.

(Imagen: Groot Begijnhof, el beginage o beaterio de Lovaina,
Patrimonio de la Unesco desde el año 2000. Fuente: Silenos)

viernes, 9 de octubre de 2009

Un microrrelato con dedicatoria


Para Carlos y Mercedes

ENTRE GATOS Y PERROS

Pedro y Juana conviven desde hace cuarenta años en un minúsculo apartamento. No han tenido hijos, pero sí perros y gatos de variado pelaje. Más por Juana que por Pedro, porque a él los animales le traen sin cuidado. En realidad, hace días que ya todo le trae sin cuidado. Sin embargo, a ella siempre le gustó acariciar lomos hirsutos y sentir bajo la piel caliente del animal el fluir somero de la sangre, y susurrar zalamerías en oídos que parecían agradecerlas. Algunos ya murieron, y a los más pequeños, como eran fácilmente transportables, Juana los fue enterrando en un bosquecillo en las afueras de la ciudad, bajo humildes letreros de caligrafía primorosa. Ahora moran en la casa tres gatos y un perro triste, ojeroso, que se encariñó tanto de Pedro, que hace una semana que no se aparta del viejo arcón.


(Imagen: Gárgola en la catedral de Sevilla. Fuente: Silenos)

jueves, 8 de octubre de 2009

Estampas desde Lovaina: Abraham, los cincuenta y la sabiduría


Para Mia Rotthier
.....
Como vivo junto al Donatus Park, cada día atravieso parte de sus jardines para ir a la Universidad de Lovaina. Desde el primer día me llamó la atención un habitante perpetuo del parque, un anciano barbudo que parece acostumbrado a toda inclemencia del tiempo. En la basa que lo sostiene se lee, escrito en neerlandés: WIJS IS HIJ DIE WETEN WIL WAAR ABRAHAM DE MOSTERD HAALT. Con ayuda de una amiga he sabido que significa: SABIO ES AQUEL QUE QUIERE SABER DE DÓNDE SACÓ ABRAHAM LA MOSTAZA. Me cuenta mi amiga que cuando un hombre llega a la cincuentena (es de suponer que va rozando la sabiduría), se le dice que ha visto a Abraham, y cuando llega una mujer (se le supone lo mismo), que ha visto a Sara. El origen de estos dichos populares está en el versículo de Juan 8,57 ("¿Aún no tienes cincuenta años y ya has visto a Abraham"?). Cuando paso cada día a su lado, este Abraham con ojos de búho me sonríe, y en esa sonrisa sólo puedo ver una advertencia para quien, como yo, va camino de la cincuentena y no parece hallar la sabiduría en parte alguna.

martes, 6 de octubre de 2009

Cuentos de Albert Sánchez Piñol


Como no sólo de estampas lovanienses viven estos Silenos, dejo ahora mis impresiones, breves y siempre discutibles, sobre Trece tristes trances (Alfaguara, 2009; Tretze Tristos Tràngols en el original catalán), de Albert Sánchez Piñol. Debo decir que no tenía la suerte (buena o mala) de conocer sus escritos y ahora tengo la dicha (que siempre es buena) de haber conocido la parte de ellos que toca a este estupendo libro. Cada uno de estos trece cuentos se apura como el buen vino y deja al final un regusto que lleva de la mano al siguiente. Originales, mágicos, divertidos. Sorprenden la sencillez de su prosa y el coqueteo constante con lo absurdo, que quizás encuentra su nota más alta en los diálogos. Como el del espantapájaros y el cuervo que se jacta de ser más sabio que otras aves porque sabe contar hasta siete ("El espantapájaros que amaba a los pájaros"); el que suscita, en una sucesión de escenas familiares delirantes, el niño cuyo antebrazo se ha convertido en pata de elefante ("De chiquitín, tos de mastín; más adelante, pata de elefante"); o los que mantiene el protagonista de "Nunca compres churros en domingo" con los policías que lo van interrogando. Se nota en Sánchez Piñol su amor por los animales, en especial por los africanos. De ahí el tono de fábula esópica de algunos de estos cuentos, como "Todo lo que necesita saber una cebra para vivir en la sábana", o el mencionado "El espantapájaros que amaba a los pájaros". En este último el autor se permite jugar con el lector, pues silencia el relato que el cuervo cuenta al espantapájaros (y que el lector presume importante para la trama), para luego ofrecerlo como un cuento más del volumen. Con ser un libro espléndido, cuya lectura aconsejo, se observan algunas notas discordantes. Por ejemplo, el uso del relato anular (o ringkomposition), lo cual siempre es un riesgo, ya que, si no se articula cierta sorpresa final, el desenlace resulta previsible. Así en "La nave de los locos" y "No compres churros en domingo". Siendo este último cuento uno de los mejores del libro, el lector sospecha poco antes del final lo que va a suceder. También afean (mínimamente, por supuesto) el conjunto algunos lapsus que, sospecho, se deben a la traducción. Como un chirriante leísmo al comienzo del "El espantapájaro que amaba a los pájaros" ("Tres días después de que le plantasen en aquel campo de cebada...") o una frase confusa, donde se ha suprimido la negación que le da sentido, en "No compres churros en domingo". El protagonista teme ser culpado por la muerte accidental de un niño y, mientras observa la escena de dolor de los padres paquistaníes, el narrador dice: "Está claro que este dolor tiene una dosis escénica. Lo cual no quiere decir que, si le atrapasen, le lincharían". Si no me equivoco, lo que tiene sentido es un no delante de le lincharían. Son minucias, como podéis comprender, testimonio de que lo he apurado como merece.

domingo, 4 de octubre de 2009

Estampas desde Lovaina: El zorro de Les Marolles


Bruselas está al alcance de la mano. Sólo 15 minutos en tren y ya paseas por la capital del reino. Un trayecto corto, pero suficiente para leer un relato magnífico de Albert Sánchez Piñol, "De chiquitín, tos de mastín; más adelante, pata de elefante", de su libro Trece tristres trances (cuando lo termine diré algo más sobre la impresión que me va dejando esta lectura). El centro turístico de Bruselas suele arder de gentío, pero esta manaña venía redoblado por causa del Brussels Marathon et Half Marathon. Como guardo buenos recuerdos de Les Marolles, he enfilado hacia el sur en busca de este barrio decadente. Igual que en El Rastro madrileño y en la Alameda de Hércules bética, los domingos hay mercadillo de baratijas y cachivaches en la Place du Jeu de Balle. Una cerveza sentado en una de las terrazas que miran a la plaza puede deparar sorpresas. A mi izquierda varios músicos callejeros tocan una música del diablo, un heavy metal más a lo bestia que debe de tener hartos a los vendedores ambulantes, porque, de cuando en cuando, alguno lanza al aire un exabrupto. Cuando por fin los chicos dejan de aporrear los bártulos sonoros, se me sienta a la derecha una señora que trae en las manos un bulto recién comprado. Lo coloca en el suelo y el objeto se mantiene de pie. Descubro asombrado que se trata de un zorro disecado, de medio metro de estatura, que se queda junto a la mesa sin rechistar, pero con las fauces abiertas. Los belgas tienen un amor a los animales que se prestaría a guasa en mi Cádiz natal. Esta vez era un zorro inanimado, pero en más de una ocasión he visto cómo un perro compartía mesa con su dueño en una cafetería, o asiento en el vagón de un tren. Lo mejor de todo es que este zorro, a pesar de ser horroroso, empieza a causar admiración. La mujer le hace fotografías con su móvil y varias personas se acercan a tocarlo entre sonrisas. La medalla se la lleva un hombre que le pide permiso para dejarse retratar abrazado al susodicho. Pensando de nuevo en la guasa gaditana, cambio de esquina y entro en la siempre recomendable taberna La Brocante, donde los domingos suele haber música en directo. Hoy, jazz. Batería, saxo y bajo animan el local donde se derrama la cerveza (ay, la cerveza belga, tentación que no conoció Cristo) y se vacían mejillones a dos manos. Además de la lluvia, otras amenazas se ciernen sobre la Place du Jeu de Belle. Me voy para volver.

sábado, 3 de octubre de 2009

Estampas desde Lovaina: El otoño y sus luces flamencas


Para Fernando Valls,
que siempre nos acoge a bordo
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El otoño ha llegado de golpe a Lovaina, sepultando con las hojas caídas la estela del Indian summer que me recibió el jueves. Empieza a hacer frío, frío de verdad. La gente se concentra por la mañana en los alrededores de Grote Markt, atraída en gran parte por el mercadillo de frutas, quesos, pasteles, flores y otras delicias que se instala en la calle Brusselsestraat. Se nota que es sábado en la merma del ambiente universitario, ya que ayer tarde muchos estudiantes arrastraban sus maletas para pasar en casa el fin de semana. Como podéis imaginar, el riesgo de ser atropellado por una bicicleta se ha reducido considerablemente, lo cual me ha permitido seguir mirando la ciudad de cintura para arriba, como decía en el post anterior. En ello estaba cuando me he topado con una de esas casas gremiales que coronan los centros urbanos en Flandes. Siempre me gustó, en especial esa especie de oxímoron arquitectónico (adýnaton, dirían los griegos) que supone el barco surcando las aguas del cielo en tan alada compañía.

jueves, 1 de octubre de 2009

Estampas desde Lovaina: El reencuentro


Apenas he tenido tiempo para pasear, pero, pese a cambios notorios, Lovaina sigue como la recordaba. He buscado restaurantes, cafeterías y tiendas que siguen aquí doce años después de mi primera estancia. Hay una diferencia notable respecto del verano de 1997: la vida estudiantil fluye por las calles a lomos de cientos de bibicletas. En dos esquinas he temido ser víctima de un atropello (¡el primer día!) por mirar distraído hacia arriba ("a las ciudades hay que verlas de cintura para arriba" dijo alguien). Como preámbulo de las Estampas Lovanienses que vendrán, estas breves líneas y la porción del jardín del St. Donatus Park que veo desde la ventana del apartamento.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Un micro en el libro Más cuentos para sonreír


Queridos lectores, esta mañana he recibido la noticia de que uno de mis micros, La toalla, ha sido seleccionado por la Editorial Hipálage para su nuevo libro Más cuentos para sonreír, que ya está en imprenta y pronto llegará a las librerías. De un total de 906 microrrelatos se han seleccionado 304. La imagen es de la cubierta del libro.


("Poco a poco hila la vieja el copo". Refrán hispano)

martes, 29 de septiembre de 2009

Sobre uno y sus escritos


Como uno ya tiene algunas publicaciones universitarias, en el hecho de publicar un poema, un relato o un libro de una u otra índole no le va el sueño. Ello no quiere decir que ver en letra impresa tales efluvios literarios (no nuevos, pero sí renovados) no traiga aparejada su pizca de ilusión. Sobre todo porque abre nuevas ventanas, y a uno le gusta asomarse a otros paisajes. Pero, una vez resueltas las judías (con "salpicón las más noches"), las cuitas literarias se reducen en extremo, pues uno no busca más gloria que la de dormir abrazado a un buen libro y, de cuando en cuando, escribir aquí o acullá algo de interés para propios y extraños. Añádase a ello que sabe bien que el que llaman mundo literario se asemeja al univeritario en un férreo sentido del clan, donde los advenedizos tardan lo indecible en quitarse ese título, si es que lo logran. Como en tantos otros ámbitos, en el literario también luce la proclama de Juan Palomo, más conocida por Hoy por ti, mañana por mí. Los premios literarios son el mejor ejemplo, y el camino más rápido para en necio envanecimiento. Hay poetas que, por haber publicado un poemario merced a un premio, pongamos por caso, en Visor, se sienten cual un Virgilio redivivo, aunque en tal estado haya tenido que ver más una mano amiga (quid pro quo) que sus prendas literarias. Y hay otros, consagrados o no, que a la menor de cambio espetan eso de hoy escribe cualquiera, reproche que tal vez sufrieron en sus carnes en un día no muy lejano. Uno, como digo, tiene cierta edad (biológica y universitaria) y no se asusta fácilmente, pero cuando asiste invitado a un acto público en el que la organización ha tenido a bien identificarlo con una etiqueta sobre la mesa en la que se lee ESCRITOR, sabe que en la sala, entre los escritores de lege, hay más de un gesto de reproche contenido. Y, una vez terminado el acto, uno se marcha a casa reflexionando sobre estas cosas, convencido de que no hay peor soberbia que la intelectual.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Hoy en La nave de los locos


Fernando Valls ha publicado un microrrelato mío en La nave de los locos. Es mi modesta contribución a su campaña pro acercanza. Espero que os guste.









(Imagen cabecera de la bitácora de Fernando Valls)

jueves, 24 de septiembre de 2009

Exigencias de la poesía


A veces la poesía exige que pensemos en ella como oficio, y a veces esos pensamientos se transmutan en versos que, acaso, contengan algo de poesía. En ese proceso nos vamos dejando la inocencia.


AFÁN

Nombrar lo que ya tiene nombre cierto
con mudanza de forma, con voz inusitada.
Avivar el espíritu que anida
escondido en las sílabas
y ofrecerles la luz, luz renaciente,
que emerja como pez de sangre palpitante,
que crezca como el álamo cimero en la alameda,
que como el gavilán recorra el cielo fúlgido
del mediodía,
............. ...........y vuelta sobre mí
ilumine el camino que a los nombres conduce.


(Imagen: Chapelle del Museo de Cluny. París. Fuente: Silenos)

domingo, 20 de septiembre de 2009

¿A qué tanta extrañeza?


Muchas veces me he sentido como ahora, los ojos cerrados a la luz, la respiración imperceptible, sensación de ingravidez y hasta un poco de vértigo. Incluso he oído, como ahora, ruidos minúsculos alrededor: insectos que vuelan, arena que arrastra el viento, ulular de pájaros tan lejanos, que parecen habitar en el ocaso. Y el mar. Se oye cerca el rumor del mar, suave, monótono, como el soliloquio de un ermitaño que un día decide abandonar el tiempo humano. Es cierto que no puedo levantar los párpados, pero otras muchas veces me han llevado la contraria, sin duda en prevención de males mayores, porque no siempre es bueno que los ojos vean lo que está a la vista. Por otra parte, conservo intactos algunos recuerdos. No son muchos, los imprescindibles: cuatro rostros, dos caricias y el júbilo de ese día que llegó inesperadamente para justificar toda una existencia. Por eso no tengo conciencia de estar más muerto que usted, amigo lector.

(Fotografía: El río del cielo, localizado en París. Fuente: Silenos)

viernes, 18 de septiembre de 2009

Truffaut, Luis García Gil y la voz de Ana Salazar



Como anunciaba en la entrada anterior, ayer tarde presentamos François Truffaut, el libro que Luis García Gil acaba de publicar en Cátedra (colección cineastas). Fue en el patio del Centro Cultural Reina Sofía, al arrimo de la Alameda Apodaca y su brisa preotoñal. Un acto ameno, donde Gonzalo García Pelayo, Luis Gil y yo hablamos de cine cuanto nos permitió el tiempo y la ocasión. Muy cerca, la cantaora Ana Salazar destrenzaba preciosamente penas de Edith Piaf bajo los acordes del guitarrista Ricardo Rivera. He aquí el texto de mi intervención:
Muchos de los presentes recuerdan sin duda la célebre dedicatoria de Walt Whitman que encabeza sus versos: Esto no es un libro, lector, estás tocando a un hombre. Pues bien, en este libro palpitan dos hombres: François Truffaut y Luis García Gil. Y no lo digo porque Luis haya confesado en alguna página de internet que “él es Antoine Doinel”, sino porque ha puesto razón y alma en estas páginas. Que el prólogo de Homero Alsina se titule “Prólogo a un entusiasmo” no es gratuito.
Visto el título, podrá pensarse que este libro es una biografía al uso. Pero no se engañen. Si para Truffaut vida y cine eran un todo indisoluble, Luis ha sabido rendirle el mejor de los homenajes: un libro donde el río de la vida se ve desbordado por el caudal del cine.
Porque en este libro hay mucho cine, más cine que vida. No hay circunstancia vital que no esté supeditada al hecho cinematográfico. Veamos un ejemplo. Cuando se menciona a sus mujeres (Madelaine, Deneuve, Moreau, Ardant…), éstas entran en escena más por su protagonismo en la aventura cinematográfica del director, que por su vínculo personal con el hombre.
También ha rehuido Luis la linealidad cronológica, introduciendo en la primera parte del libro, dedicada a “El cine y la vida”, continuos flashbacks. Por ejemplo, cuando aborda al Truffaut crítico, retrocede hasta los años cincuenta, después de haberlo dejado en 1976 explicando la importancia que tuvo en su vida la Cinemateca. Creo que este capítulo, que el autor titula, con un nuevo guiño cinematográfico, “No disparen al crítico”, es de los más enjundiosos del libro.
La pasión de Luis por Truffaut se percibe en cada página. Donde más se evidencia es sin duda en su esfuerzo por que el lector conozca los argumentos de los detractores del cineasta, para acto seguido poder rebatirlos o, al menos, ponerlos en cuestión. Hay momentos, no obstante, en los que Luis regaña al propio Truffaut. Como cuando le objeta un comportamiento injusto con algunos cineastas del Cinéma de qualité.
Bastarían estas primeras ochenta páginas para tener un conocimiento sólido de la filmografía de Truffaut, porque el autor desgrana y entrelaza todas sus películas, examinando las motivaciones del director, el proceso de realización, la acogida del público y de la crítica. Sin embargo, Luis añade un extenso capítulo dedicado a la revisión pormenorizada de “Las películas de mi vida”. Así lo titula.
Con la lectura de este libro yo he descubierto qué poco sabía de Truffaut. Al mismo tiempo he visto confirmadas algunas ideas, divagaciones de espectador que fui guardando unidas al recuerdo del director.
Como he dicho, Luis ha sabido captar el espíritu del cineasta. A mi modo de ver, Truffaut dejó que el cine devorara poco a poco su vida. Esto explica muchas cosas, no sólo los elementos autobiográficos y obsesivos de su cine. Puede explicar también su distanciamiento del París que ardía a finales de los sesenta. Mientras en las calles se fraguaba el 68, Truffaut daba a luz a películas encorsetadas en su mundo personal, como Besos robados o La sirena del Mississipi. ¿Qué fue del chico rebelde de Los cuatrocientos golpes? Su respuesta: amor y cine, más amor y más cine.
Es cierto que sus grandes temas son la infancia y el amor, pero sobre todo el amor desde la perspectiva del hombre. El amor como desiderátum, ya que no puede encarnarse en ninguna mujer. De ahí que la mujer aparezca siempre como un ser dominante y mágico, deseado y desconocido a la vez, y que el hombre ande perdido en esta búsqueda vana. Si a ello añadimos, como en el caso de Doinel, una infancia sin el afecto materno, la vulnerabilidad del amante lo deja expuesto al adulterio y al deseo desestabilizador. Domicilio conyugal y El hombre que amaba el amor quizás sean las películas que mejor condensan este conflicto.
Cuando en Domicilio conyugal Doinel le dice a su esposa, ya roto el matrimonio: "Eres mi hermana, mi hija, mi madre", Christine le responde: "Ojalá fuera también tu esposa". Porque eso es lo que Doinel parece buscar y encontrar en las mujeres: el afecto y la protección que no tuvo en la infancia. En esta misma película Doinel confiesa que no sólo le gustan las mujeres, sino también sus familias, en lo que parece una búsqueda de la normalidad que no tuvo la suya.
Y al final resulta que el amor se esconde en su fugacidad, en el ubi sunt que recorre El amor en fuga, donde lo transitorio del amor desfila en la pantalla en ese tren de secuencias rescatadas de las películas anteriores del ciclo.
Como he dicho antes, Luis se detiene en numerosas ocasiones en las críticas que recibía Truffaut por parte de sus colegas: su frío romanticismo, el aburguesamiento de su cine, en contra de sus postulados iniciales, la heterogeneidad de sus películas, su falta de compromiso político, etc.
Al margen de que algunas críticas fuesen o no fundadas, sospecho que también se la tenían jurada por enfant terrible, ya que él no dudaba en lanzar sus dardos contra la profesión del crítico no sólo en sus escritos o manifestaciones, sino incluso en sus películas. En El amor en fuga hay una escena elocuente. Doinel acompaña a su hijo Alphonse a la estación de Lyon y, cuando el niño ya está en el tren, le dice que sea disciplinado con el violín y llegará a ser un buen músico. El hijo le pregunta: “Y si no? La respuesta de Doinel es tajante: “Serás crítico”.
Tampoco el público parecía valorar sus películas. Cabe preguntarse si, como él defendía, su cine era concebido para llegar al espectador de su tiempo. Truffaut no quería caer en el intelectualismo y en la abstracción a lo Godard, sin embargo, hay un punto de intelectualismo en el uso constante del libro y en la mención reiterada de los autores que él amaba. Aquí se aprecia su carácter obsesivo, como también en el hecho de que repitiera no ya personajes y nombres en el ciclo de Doinel, sino incluso en otras historias. Hay un Bernard en El último metro y otro Bernard en La mujer de al lado, en ambos casos protagonizados por Gérard Depardieu. Tengo para mí que algunas de sus películas debían de resultar al público demasiado parecidas. Pero hay un hecho que parece indiscutible: Truffaut fue fiel a su propio compromiso moral y estético, aún a riesgo de que su cine no calase en el público.
Se ha dicho también que sus películas han envejecido mal. Yo creo que es así en algunas de ellas; en absoluto en otras. En este sentido la menos lograda es para mí Fahrenheit 451, que ya fue un fracaso cuando se estrenó. Resulta sorprendente que Ray Bradbury afirmara en varias ocasiones que estaba muy satisfecho con la versión cinematográfica de su libro. La película no sólo es fría; a veces resulta un poco infantil, especialmente la imagen enlatada del camión de bomberos acudiendo a las citas. En descargo de Truffaut hay que decir que el cine de ciencia-ficción tiene el hándicap de luchar contra una época que avanza acelerada. Cuando uno ve hoy, por ejemplo, la película de que hizo en los sesenta George Pal, con Rod Taylor como protagonista, sobre el libro La máquina del tiempo de Georges Wells, siente que ese futuro, que podría ser nuestro todavía, es ya demasiado viejo. Quizás lo mejor de Fahrenheit 451 sea la música de Bernard Hermann.
Tampoco el paso del tiempo ha mejorado el ciclo de Doinel. Ahora bien, hoy pueden verse como historias cercanas La mujer de al lado, Las dos inglesas y el amor o, para mí una de las mejores, Vivamente el domingo. Y, por supuesto, la que considero su obra imperecedera: Los cuatrocientos golpes.
Hay aspectos del cine de Truffaut que me llaman mucho la atención, y sobre los que luego, si hay tiempo, podemos hablar:
1) La teatralidad de la puesta en escena de algunas películas, no sólo de El último metro. Estoy pensando en el ciclo de Doinel, donde son frecuentes los espacios reducidos, decorados que se repiten, el peso del diálogo…
2) Siendo el ciclo de Doinel una la de las singularidades del cine de Truffaut, sorprende que su puesta en pie parece haber sido más por interés de terceras personas que por iniciativa del propio Truffaut. Si el productor Pierre Rostang no le hubiese pedido hacer una segunda entrega (Antoine y Colette), ¿hubiera Truffaut dado el paso?
3) El comedimiento en lo referente al sexo. En algunos casos llega a mojigatería. Estoy pensando en una escena de Fahrenheit 451. La mujer de Montag, el protagonista, ha quedado inconsciente después tomarse un frasco de píldoras. Una vez recuperada gracias a esos extraños técnicos que acuden al aviso, la pareja se recuesta en la cama en un abrazo de lo más infantil.
4) El humor en su cine está poco logrado. Claro que esto debía de ser una limitación no tanto del actor, como del director-guionista. Hay escenas, por ejemplo, en Domicilio conyugal, que buscan el humor en el absurdo, pero, en mi opinión, Truffaut no logra sus objetivos. Por ejemplo: el trabajo absurdo de Doinel dirigiendo barquitos; la repetición de la escena previsible en que su amigo Jacques le pide dinero prestado; la compra de la escalera de biblioteca que no sirve para nada. Y, puestos a detectar lo inverosímil (no sé bien si con fines humorísticos también), el hecho de que su mujer Christine le aconseje por teléfono cómo tratar a su amante cuando él telefonea varias veces desde el restaurante.
Y, para terminar, una curiosidad: ¿se ha escrito algo sobre la presencia del teléfono en las películas de Truffaut? Aparece con frecuencia, por ejemplo, en Vivamente en domingo, pero ahí está justificado por el carácter hitchcockniano de esta película, ya que el teléfono es un buen recurso en pro del suspense. Sin embargo, en el ciclo de Doinel su uso es frecuentísimo, hasta el punto de que parece un adicto a las cabinas.
En fin, todo esto y más nos enseña y sugiere el libro de Luis, una lectura que les recomiendo de veras. Un libro escrito con pasión hasta el epílogo, donde el autor cuenta emocionado su visita en una tarde invernal a la tumba de Truffaut en el sombrío cementerio de Montmartre. Al leer estas páginas yo he revivido mi propia visita este pasado verano, cuando me acerqué a la tumba del cineasta y pude ver lo que Luis cuenta: que sobre su lápida personas anónimas siguen dejando testimonios de su admiración. No es poco legado.
(De izquierda a derecha: Luis García Gil, Gonzalo García Pelayo,
Antonio del Castillo (el concejal), un servidor, Ana Salazar y Ricardo Rivera.
La fotografía es de Fernando Fernández)

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Luis García Gil, Truffaut y Montmartre


Luis García Gil, escritor gaditano de variado empeño, ha querido que este humilde corifeo de silenos esté en la mesa de presentación de su libro François Truffaut (Madrid, Cátedra, 2009), junto a Gonzalo García-Pelayo. Será mañana jueves, a las 19,00 h., en el Centro Cultural Reina Sofía de Cádiz, como parte de la programación de la Muestra Cinematográfica del Atlántico. Alcances 2009. Y heme aquí, leído ya el estupendo libro de Luis, frente a la memoria del cineasta parisino cuya tumba visité en el umbrío cementerio de Montmartre. Como puede apreciar el lector, veinticinco años después de su muerte, sobre la lápida de mármol negro siguen depositándose sutiles mensajes de recordación.
(Tumba de F. Truffaut. Cementerio de Montmartre. Fuente: Silenos)

domingo, 13 de septiembre de 2009

Qué jodido es eso de morirse


Qué jodido es eso de morirse. Ha de andarse uno incluso con ojos de lingüista, porque, fijaos, si hubiera escrito esto, daría la impresión de estar dirigiéndome a vosotros, en esta apacible mañana de domingo, desde el umbral mismo del Más Allá. Tampoco es lo mismo decir de morirse que de morir, porque morirse se muere más uno (aunque "lo muera" un accidente o una maldita enfermedad), pero morir es algo que les ocurre mucho más a los otros. (Que no me venga nadie con el Muero porque no muero de la Santa, que ahí, por mor de la mística y por mor de la poesía, nada es lo que parece). La cosa da mucho juego, creedme, como me hizo ver un amigo cuando, en una tarde de otoño estudiantil, me dijo que no es lo mismo un muerto morío que muerto matao. Aunque lo expresara de esta forma tan torera, demostraba mi amigo saber algo no sólo de los discernimientos policiales, sino también de la diátesis verbal, porque, aunque lo parezca, la voz pasiva de matar no es morir, ni viceversa. Pero salgamos del laberinto de la lengua y vayamos a lo sustantivo, que eso es lo que yo pretendía.
Si eso de morirse es jodido, más aún lo es vivir sabiéndolo, porque a nadie se le escapa que lo peor de vivir es la conciencia de la muerte. Hay consuelos sabidos, paños de religión. Y otros que son frutos exclusivos del intelecto. Ya Cicerón dejó escrito que estar muerto no puede ser peor que no haber nacido, y ¿quién de vosotros tiene un mal recuerdo de entonces? No hace mucho, al calor de la noche mediterránea, otro amigo me decía que la muerte sólo existe por contraste con la vida, y ese contraste sólo es posible establecerlo con nuestra conciencia de vivos. Como en la muerte no hay conciencia, no hay posibilidad de contrastar nada. O dicho en cristiano: si no sabes que estás muerto, no sufres por estarlo, ni echas en falta nada de tu anterior estado.
Anda uno muy metido en la cuarentena y piensa a menudo en estas cosas. Pero la culpa la tienen los otros, los que se empeñan en morirse alrededor, esos memento mori que se despiden con un see you soon.

(Detalle de La puerta del Infierno, de A. Rodin (1840-1917). Museo Rodin, París. Fuente: Silenos)

viernes, 11 de septiembre de 2009

Gripe A y vacunas de ayer y de hoy


Como los seres humanos somos asustadizos, mucho más cuando nos tocan a los niños, ese grupo de riesgo permanente, solemos secundar las resoluciones de quienes dicen velar por nosotros. La tan traída y renombrada Gripe A (qué glamour, tanto cambio de nombre) lleva el mismo camino que otras muchas necesidades y urgencias que se nos han impuesto colectivamente, a la vez que se nos aleccionaba sobre los medios para combatirlas, siempre a fuerza de bolsillo. Porque de estas necesidades y miedos siempre sacan tajada unos cuantos. Nos impusieron el teléfono móvil, y sucumbimos. Es que ya sin móvil no se puede estar... Claro, como va a ser lo mismo decidir en soledad qué deuvedé del video-club se alquila, que sacar el aparatito y telefonear a la partner para preguntarse in situ: ¿Gordi, ésta la hemos visto? Otros riegos, con sus inherentes soluciones, nos vinieron impuestos por ley. A la Dirección General de Tráfico le debemos dos perlas: los triángulos y chalecos reflectantes para los coches. ¿Quiénes serán los tipos que se hicieron de oro fabricando masivamente aquellos artilugios que tan pocos conductores utilizan? La Gripe A ya va llenando los bolsillo de los fabricantes y vendedores de mascarillas y, no lo duden, enriquecerá a las marcas farmacéuticas que patentaron las vacunas. Cada vez se alzan más voces denunciando los intereses personales de ínclitos de la política reciente de EEUU, como Donald Rumsfeld, en este otro mercado del miedo. ¿Puede uno fiarse de quienes, como nuestra Ministra de Sanidad, aseguran que las vacunas son seguras, cuando hay quienes advierten de sus efectos secundarios neurológicos? Van logrando, a fuerza de méritos, que no nos fiemos de nadie.
* * *
La campaña de vacunación que se avecina me ha recordado esas otras campañas que sufríamos de niños en los colegios en los años sesenta y setenta. Hace algún tiempo (mucho antes de que la serie Cuéntame comercializara nuestros recuerdos) escribí sobre ello en un libro que, gracias al blog, va muriendo en estampas. Os la dejo:

Los niños crecían en cuerpo y ajuar, mientras que los cuartos menguaban en proporción inversa. Cada centímetro crecido de huesos, músculos, nervios, órganos y piel suponía un sensible menoscabo del espacio familiar. Uno de los mejores indicadores era el abultamiento progresivo de los papeles de la familia. Los partes de vacunaciones, por ejemplo, se habían multiplicado de manera alarmante. Cada niño arrastraba un talonario de recibos que garantizaban su aptitud para vivir entre gérmenes y virus de toda índole, expedidos por instancias tan autorizadas como la Jefatura Provincial de Sanidad y el Patronato Nacional Antituberculoso y de las Enfermedades del Tórax. Viruela, cólera, polio, difteria, tos ferina, tétanos, fiebre tifoidea, tuberculosis. Para nuestras madres era el testimonio impreso del cumplimiento del deber sanitario, además de un recordatorio de nombres espeluznantes que no convenía olvidar. Sin embargo, había otro testimonio, en cierto modo también impreso, que se caracterizaba por presentar una orografía variable: los estigmas carnosos en la cima de los brazos con que todavía hoy nos reconocemos al menos dos generaciones de españoles.
(Fotografía: Medusas en el Oceanogràfic de Valencia. Fuente: Silenos)

lunes, 7 de septiembre de 2009

Vargas Llosa y Millennium


Si alguien podía dar un espaldarazo intelectual a la trilogía Millennium, sin duda es Varga Llosa. La polémica está servida y el fuego incendia la red. Escríbase Vargas Llosa + Millennium en Google y se verá cuánta felicidad embarga a los apologetas de Stieg Larsson, incluido por Vargas Llosa en el panteon de los autores que, siendo niño (Dumas y Dickens, entre otros), lo colmaron de dicha lectora, y, por el contrario, cuán doloridos andan sus detractores. No faltarán quienes tilden al escritor peruano-hispano de "traidor" a la causa intelectual, ni quienes lo acusen de prestarse a la gigantesca campaña publicitaria que acompaña a este tipo de obras de consumo generalizado. Ejemplos de reciente memoria son los libros de Dan Brown y R. J. Rowling. En los próximos días Vargas Llosa habrá impulsado la venta de unos cuantos millares de ejemplares. Y quienes vivimos ajenos a esta literatura de imposición volveremos a sentir las miradas recelosas de los compañeros y amigos, que, como ocurrió con Brown y el dichoso código, hablarán (ya lo hacen) en una jerga ininteligible.

Si aún no habéis leído el artículo, pinchad AQUÍ.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Una vez fui rico


Una vez fui rico. Corrí por calles desnudas, que alzaban el rostro sorprendido ante el prodigio de los primeros coches. Corrí sin freno, destrenzando los dédalos del tiempo y las ligaduras del espacio. Rompí zapatos, desgarré tejidos, coseché esguinces. También corrí por la arena prieta, y pisé descalzo los flecos del mar. Y corrí camino de casa, henchidos los pulmones, henchido el corazón, a refugiarme en los brazos de aquella mujer que hoy es otra, muy menguadas ya la estatura y la movilidad, pero endurecida como nunca la armadura de su amor. Con esa coraza, que brilla cuando nos acercamos, se enfrenta al destino. Una vez fui rico, pero he tardado tanto en saberlo, que a veces dudo de que aquel niño fuese este hombre empobrecido.

martes, 1 de septiembre de 2009

Hoy no es como ayer


Es ya un lugar común mencionar la irrupción de internet en nuestras vidas para corroborar que esta época avanza a pasos agigantados. Y si los de mi generación convenimos en que es un salto visible, qué suerte de brecha no vivirán nuestros padres, septuagenarios u octogenarios crecidos (malnutridos los más) en la Posguerra española. Sin embargo, todos los días somos testigos de otros hechos, mucho más modestos, que también dan cuenta de que hoy no es como ayer. A pesar de que ando muy atareado buscando alojamiento en Lovaina, pegado más de lo que quisiera a internet, esta mañana he encontrado un hueco para ir a cortarme el pelo. En los últimos años siempre voy a la misma peluquería. ¡Qué distintas estas jóvenes peluqueras de aquel barbero sordo que me cortaba el pelo en mi infancia! ¡Qué lejano aquel cuarto reducido, en la esquina de mi barrio, con aquel distintivo en forma de pirulí de colores, de este salón de diseño bañado en música relajante! Y si el Sordo (que así lo motearon) siempre me amenazaba con cortarme las orejas, estas jovencitas me reciben con el ofrecimiento de alguna bebida o lectura. Pero sin duda donde más se nota que el Sordo ya es leyenda de mi infancia es en el lavado-terapia de cabeza con que culminan su trabajo. Y ahí me veo, las piernas alzadas, sendas piedras volcánicas caldeando mis manos y una de las chicas masajeándome con fuerza el cuero cabelludo, mientras los pensamientos se me escapan entre sus dedos enjabonados.

viernes, 28 de agosto de 2009

En breve, a Lovaina


Hace un par de días que cambiamos París por Cádiz. Me disponía hoy mismo a retomar este baile con renovadas energías, dejando (de momento) las estampas parisinas por otros asuntos, pero ha querido el azar que hoy mismo me vea preparando un nuevo viaje. Porque esta mañana el Ministerio de Educación ha publicado en su web la resolución de las becas que concede anualmente para que los profesores universitarios nos formemos en centros universitarios o de investigación extranjeros, y mi solicitud ha sido graciosamente aprobada. Así que, recién llegado con las maletas, heme aquí, delante del ordenador, buscando alojamiento para tres meses (octubre a diciembre) en la ciudad belga de Lovaina. Afortunadamente no me resulta tan gravoso, porque conozco bien la plaza, ya que en 1997 pasé allí otros tres meses por las mismas razones. Lo único que puedo deciros por ahora es que habrá estampas lovanienses.
(En la foto, Groot Markt)

jueves, 27 de agosto de 2009

Estampas desde París: el lenguaje de los comercios

¿Y este Chochotte Theâtre de la rue St. André des Artes, en pleno Barrio Latino? Artes del erotismo, "spectacle de la sensualité et de la féminité" para propios y extraños. A un gaditano no podía pasarle desapercibida esta llamada tan familiar ("malgré lui"). Pero qué bien suena en francés...

martes, 25 de agosto de 2009

Estampas desde París: Porfía en el cielo


En el cielo de París también se libran porfías. Con la torre de St. Jacques como juez, esta gaviota saca varios palmos de ventaja al avión que allá lejos (¿lo veis?) enfila quién sabe hacia qué destino.