viernes, 30 de enero de 2009

El campesino y el poeta


Todo poeta sabe bien cuánto duele el nacimiento de un verso. Pienso ahora en los versos de verdad, en esos que penetran en la tierra como la lluvia de abril y dejan marcado un hondo surco en el ánimo del lector. Y no es baladí que venga yo ahora a hablar de versos y tierra, de versos y surcos, porque el verso nació en los labrantíos mediterráneos. Fue el romano un pueblo ante todo agrícola, y sobre esos cimientos humildes, tan a ras de suelo, levantó los admirables edificios de su lengua y su imperio. Al arar los campos, aquella gente sencilla volteaba la tierra con la reja del arado y bajo las patas de los bueyes se abrían los surcos hasta el límite de la heredad, donde la yunta daba la vuelta para empezar de nuevo. Y a estos surcos, que nacían de voltear la tierra y girar la reja sobre ella (significados ambos del verbo vertere), los llamaron versus. Pero, como tantas otras palabras campesinas, versus amplió sus horizontes y pronto puso su nombre al servicio de toda hilera (de árboles, por ejemplo). Mas todo cambió cuando del campo pasó, en un salto cualitativo, a nombrar los renglones de la escritura y, de ahí, al renglón poético. Así pues, los campesinos y los poetas comparten el verso: aquellos depositaban y siguen despositando en los surcos (que se abren al cielo como cuerpos anhelantes de deseo) sus esperanzas de un ciclo agrario fecundo; estos sólo aspiran a que sus versos-surcos respondan lo más fielmente posible a la ardua labranza interior.

(Imagen: as de la colonia Caesar Augusta, tomada de aquí)

jueves, 29 de enero de 2009

Educación para la ciudadanía (¡qué hartazgo!)


Un día después de que el Tribunal Supremo haya desestimado la objeción de cuatro familias para que sus niños no cursasen la susodicha asignatura, el magnífico Forges arroja luz clarificadora.

martes, 27 de enero de 2009

El microrrelato, la fábula y el epigrama


Empecemos dejando claro que no soy especialista en narrativa española, por lo que con esta entrada no pretendo otra cosa que compartir con los lectores de este blog una simple reflexión, alentada por las discusiones que los hispanistas mantienen en relación con el microrrelato (o "minificción", según lo llaman ultramar). Así pues, lejos de querer, a estas alturas, descubrir el Mediterráneo, prefiero seguir navegando por sus aguas, a veces tan procelosas.

Lee uno en la red que Orlando Van Bredam afirma que "Esopo ya escribía microrrelatos", y se queda tan pancho (Orlando, no uno). Que el microrrelato tiene entre sus parientes cercanos a la fábula de tradición clásica parece obvio, pero cualquier lector de fábulas avezado sabe que no son lo mismo. ¿Qué comparten, pues? Si bien no siempre encontramos fábulas de Esopo, Fedro y Aviano (por citar sólo a los autores de mayor peso en la tradición occidental) que contengan ese grado de tensión que es consustancial al microrrelato, ambos participan de la brevitas (marca retórica en el caso de la fábula) y, como consecuencia de la misma, del comienzo in medias res. Otros aspectos habituales de la fábula, como el uso del diálogo y el carácter paradigmático de los animales (la zorra o el mono son trasunto de actitudes del hombre) no siempre se hallan en los microrrelatos, si bien de la indefinición o anonimato de muchos de sus personajes ("un hombre", "una mujer") se puede colegir un valor universal. Por otra parte, que haya microrrelatos que son recreaciones de fábulas, como el célebre "La tortuga y Aquiles" de Monterroso, sólo indica que la literatura se nutre de literatura.
En cuanto al epigrama, si se recuerda la definición de Juan de Iriarte (1702-1771), es fácil ver que el microrrelato comparte algunos rasgos:

A la abeja semejante,
para que cause placer,
el epigrama ha de ser
pequeño, dulce y punzante.

De nuevo brevitas, a la que se añade "dulzura" o deleite, tan necesario en un microrrelato, dado su corto vuelo, y exigible a cualquier texto literario. Finalmente su naturaleza "punzante". Sin duda ésta es una de las características esenciales del microrrelato: su final sorpresivo, inquietante, una suerte de picazón que deja aguijoneado al lector.
Así pues, el microrrelato utiliza mecanismos de expresión semejantes a los empleados en la fábula y el epigrama, pero que también están presentes en otras formas literarias o didácticas (aforismos, bestiarios, emblemas, etc.)
Terminemos estos apuntes con la lectura breve, deleitosa y punzante de dos epigramas de Marcial:

Todo lo que me pides, perverso Cina, dices que es nada:
si nada me pides, Cina, nada te niego. (III 61)


Artemidoro tiene un querido, pero ha vendido su campo;
Caliodoro tiene un campo en vez de un querido.
Dime, Aucto, cuál de los dos ha actuado mejor:
Artemidoro ama, Caliodoro ara. (IX 21)

lunes, 26 de enero de 2009

Desventuras de Ventura Torcuato (3): Con el nombre empieza el ser


Ventura Torcuato mantuvo el Ventura, pero dejó el Torcuato en la cama del hospital. Le fluían en la cabeza recién recompuesta humores extraños, cálidos, que recorrían el laberinto ajardinado de su cerebro sin hallar la salida. De momento tenía una certeza: Torcuato no casaba bien con Ventura, porque éste corría como un soplo ensanchando veredas y Torcuato las retorcía y amenguaba. Posiblemente en ese apellido impuesto había estado la causa de todos sus males, aunque hay que decir, en pro de la claridad de esta historia, que Ventura no recordaba gran cosa de su vida anterior. Cuando lanzaba la memoria hacia atrás como una pelota, veía a la enfermera del hospital abriendo su gran boca rosada y gesticulando mucho, mirándolo fijamente y hablándole como si fuese un niño, y luego sonaba un clic. Y ahí se quedaba sin más, esperando que alguien encendiese la lamparita. Sin embargo, algo le decía que en la otra dirección todo era más fácil, que para iniciar una nueva vida bastaba con que se aventurase.
(Continuará)(Imagen: fotografía de una lámina del cerebro de Ventura)

sábado, 24 de enero de 2009

Chema Madoz y el arte de ver lo que no vemos

En la Diputación Provincial de Cádiz se exponen en estos días fotografías de Chema Madoz (Madrid, 1958), el artista que transmuta la percepción de los objetos. Una cita de Hipócrates resume bien el espíritu creativo de Madoz: "Ver con la mirada de la inteligencia lo que escapa a la mirada de los ojos". Escaleras que se apoyan sobre escaleras, cactus de espinos o piedras, cucharas que proyectan la sombra de un tenedor, cazos que cuelgan de ramas como notas musicales, tijeras alzando el vuelo, la luz reflejada de una ventana cual soporte de escritura, ladrillos con asas que se tornan cajones... Lo cotidiano bajo otra mirada inteligente, inesperada, estimulante. Quienes podáis acercaros a ver esta exposición, no lo dudéis. Es una delicia.






viernes, 23 de enero de 2009

Espionaje madrileño y César Borgia


El supuesto espionaje en el PP madrileño (otra perla dorada de la política española) me trae al recuerdo de nuevo la imagen de César Borgia. Como hace dos años publiqué un artículo sobre este personaje con ocasión del quinto centenario de su muerte, lo dejo aquí para los lectores de los silenos. Hay referencias a pesonajes y hechos que han quedado anticuadas, pero el "espíritu" del artículo (y del personaje) siguen lamentablemente vivos.


César Borgia, quinientos años después

En la madrugada del 12 de marzo de 1507 las gélidas tierras de Navarra fueron escenario de la muerte de uno de los personajes más controvertidos de la historia moderna de España: César Borgia. De haber estado en sus manos, el duque de Valentinois (il Valentino para los italianos) hubiese demorado tres días más el fatal desenlace, para morir en los idus de marzo, en sintonía con su admirado Julio César. Sin embargo, para convertirse en leyenda el implacable condottiero que inspiró El Príncipe de Maquiavelo no necesitaba de tales convergencias astrales. Prueba de ello es que la ciudad de Viana, donde reposan sus restos bajo una lápida a la intemperie, frente a la puerta de la iglesia de Santa María, se apresta a celebrar en su memoria un fastuoso «V Centenario: 1507-2007». Los Borgia, qué duda cabe, están de moda. Quienes reclaman desde hace tiempo la rehabilitación del hijo del papa Alejandro VI han visto el terreno abonado por el interés que esta conspicua familia (crisol de tantas perversiones) ha despertado en las llamadas novelas históricas y en algunas meritorias biografías (léase, por ejemplo, Lucrecia Borgia, de Sarah Bradford), así como en la digna película Los Borgia, de Antonio Hernández. Pero, ¿merece César Borgia semejante conmemoración? Opiniones hay en pro y en contra. Nombrado capitán general de los ejércitos pontificios, fue sin duda un soldado valiente (y hasta un joven cautivador, según los cronistas de la época), y en Viana hay quienes lo estiman héroe nacional, pues combatió al lado del rey de Navarra, Juan de Albret, su cuñado, contra el rebelde conde de Lerín. Pero cuesta casar esa imagen de evocaciones épicas con la del hombre artero, envuelto en intrigas dinásticas y políticas en las que menudeaban los envenenamientos, las traiciones y las venganzas. Igual que cuesta casarla con la del joven abandonado al adulterio, el incesto y las orgías palaciegas, sin que su condición de purpurado (bien que fue cardenal por insistencia de su padre, no por vocación) infligiese en su carácter el menor atisbo de prudencia y contención.
Ahora bien, ¿fue César Borgia un hombre atípico en su época? Es posible que así sea por la suma de tantos relieves ―luminosos y sombríos― en una personalidad que no pudieron pulir los años, pues murió recién estrenada la treintena. Pero si se examinan por separado, César Borgia fue un hombre de su tiempo, no diferente de otros miembros de familias poderosas de la Italia quinientista, igualmente curtidas en el arte de acumular y preservar el poder aniquilando a todo contrincante. Como los Médicis, enfrentados a los Pazzi en Florencia, y los Colonna, en liza constante con los Orsini en Roma. En cuanto a sus desmanes sexuales, era el vivo retrato de Alejandro VI, adúltero consumado, padre de varios hijos ilegítimos, copartícipe de sonadas orgías en las estancias del Vaticano y también sospechoso de incesto por amor de la bella Lucrecia. Tampoco ha de extrañar el maridaje de la espada y la púrpura cardenalicia. Baste recordar a Julio II, el llamado papa guerrero, a quien Erasmo, pacifista adelantado a su tiempo, consideró indigno de entrar en el cielo en su célebre ensayo Julio excluido del cielo.
Quinientos años después, la semilla de César Borgia ha germinado por doquiera. En las calles de Rusia y Turquía las pistolas acallan las voces críticas de los periodistas Anna Politkóvskaya y Hrant Dink. Las ponzoñas de otro tiempo son reemplazadas por nuevos venenos, como la digoxina y el polonio 210, tan terroríficamente efectivos en los cuerpos del opositor Victor Yuschenko y el ex espía Alexander Litvinenko. La Iglesia, por su parte, no logra amputar todos sus miembros libidinosos y el estigma de la pederastia aflora de vez en vez. Manzanas podridas. Como los Borgia. Pero en pocos lugares como en España hacemos tanto alarde de «memoria histórica». Aquí rememoramos el lema de Il Valentino, «César o nada», y lo mudamos en una fórmula más pedestre, pero de idéntica doctrina: «O estás conmigo o estás contra mí». Axioma de palmaria actualidad en los ámbitos donde se ejerce el poder, por pequeño que sea. Es notorio en la política nacional, en la autonómica y en la local, pero no menos en la vida empresarial y en la vida universitaria. Sólo que las armas y los venenos son, por ahora, de otra índole: la manipulación, la injuria y el desprestigio. En la España de hoy, admirado Muñoz Molina, el «estado de delirio» es deudor de César Borgia, quien merecería no el homenaje local de Viana, sino el de toda la nación española.

(Retrato de César Borgia, atribuido a Giorgione, ca. 1477-1510)

miércoles, 21 de enero de 2009

Amarga soledad


Era una delicia para los sentidos, sobre todo para la vista. Sin embargo, allí seguía, dentro de la vitrina, aislado del resto como si estuviese en dulce cuarentena, mientras los demás engolosinaban las miradas y salían uno tras otro a cambio de una moneda. Cuando se quedó solo, niños y mayores pasaban por delante señalándolo con el dedo y haciendo quién sabe qué comentarios, pero nadie sentía la más mínima compasión. Él sabía el triste final que le esperaba. Con lo orgulloso que estaba de ser el primer pastel sin azúcar de la historia.

Antonio Serrano Cueto
(Imagen: Elafonisi, Creta. Fuente: Silenos)

martes, 20 de enero de 2009

Obama: muerte de un dios


Nunca antes había congregado tanto gentío la toma de posesión de un presidente, ni americano ni de ningún otro lugar. Nunca antes tanta gente en todo el mundo había asistido en directo a la muerte de un dios y al renacimiento de un hombre. Un hombre, a la postre, como el que se va por la puerta trasera camino de Texas. Ojalá éste sea capaz de ver a los demás a su altura.

lunes, 19 de enero de 2009

Desventuras de Ventura Torcuato (2): Resurrección y nuevo comienzo


No, estimado lector, Ventura Torcuato no falleció en el descalabro de la sala judicial. Su cabeza demediada fue recogida por los ujieres y llevada, junto con el cuerpo inane que colgaba del extremo del cuello, al Hospital de san Judas Tadeo. Y siendo como era del todo imposible recomponer aquella coliflor maltrecha, que había perdido pizcas de su ser en el trasiego, los médicos fruncieron el ceño y se fueron a comer. Cuando volvieron, los rostros algo sonrosados por el vino tinto, metieron mano y bisturí a los restos del pobre abogado. Y no se sabe si fue efecto milagroso del líquido cárdeno o uno de esos prodigios con que la naturaleza regala de vez en cuando a los mortales, pero lo cierto es que, pasadas las primeras jornadas de convalecencia, en aquella cabeza (que así podía volver a llamarse en justicia) comenzaron a atarse cabos y a perfilarse nuevos relieves, y donde antes había trauma y sangre apelmazada, al poco había un batallón de neuronas pugnando por configurar una nueva identidad. Ahí, en ese trance, murió el abogado y nació un nuevo Ventura Torcuato, al que una mañana hallaron las enfermeras sentado en la cama con las piernas cruzadas.
(Continuará)

sábado, 17 de enero de 2009

Los miedos de la infancia (2): "morirse moro" o el limbo


Mi hija me pregunta qué es el limbo y se lo explico hablándole de uno de los miedos católicos (absurdos, como todos los miedos impuestos) que asaltaban nuestra infancia: "morirse moro". Es por ello que os dejo un artículo que publiqué con ocasión de la noticia en 2006 de que el Papa había suprimido por decreto el limbo.


"Morirse moro" o el limbo


Consummatum est. La Iglesia católica ha eliminado definitivamente de la geografía escatológica una de sus estancias más amables: el limbo. Se veía venir desde que en 1992 desapareció del catecismo de Juan Pablo II y, sobre todo, desde que en el verano de 1999 el pontífice desconcertó a los creyentes con la ubicación metafísica del complejo Más Allá. Desde entonces el locus más amoenus, el Cielo, ya no debía perseguirse detrás de las nubes, pues por mor de Roma su nueva sede se localizaba en el nebuloso corazón de los hombres. En lo tocante al limbo, los niños de mi generación tardaremos en asimilar el cambio, pues, en el mundo de asechanzas sin cuento que fue nuestra infancia, “morirse moro” suponía abrazar la desdicha perpetua de no acariciar siquiera el cuerpo de Cristo. Aunque era calamidad ajena, que amenazaba sólo a los recién nacidos, lo cierto es que angustiaba imaginar que almas tan inocentes vagaran privadas de la visión de Dios, flotando en ese espacio interpuesto entre el Infierno y el Paraíso (limbus significa “orla”, “borde”), en esa especie de tierra de nadie antesala de la bienaventuranza celestial. Claro que por entonces yo aún no sabía que los niños no estaban solos.
Cuando Odiseo descendió al Hades en busca del adivino Tiresias, encontró un mundo de sombras poblado por héroes griegos y seres legendarios. Nada que pudiera parecerse al limbo. Sin embargo, andando el tiempo, Virgilio trazó una topografía infernal más detallada, que acogía en uno de sus ámbitos a los niños muertos al nacer, almas lastimeras que salieron al paso del troyano Eneas tan pronto pisó la tierra de ultratumba; almas de muertos inocentes, tan sin culpa, que ni siquiera habían gozado de la luz del día. El cristianismo, que tanta inspiración halló en el infierno greco-latino, modeló la imagen merced a una metáfora oportuna: los niños privados de la luz solar se convirtieron en trasunto de los paganos justos privados involuntariamente de la luz de Cristo. De esta manera se resolvía el problema de la legión de humanos que quedaron sin bautizar porque vivieron antes de su advenimiento. Pocos ejemplos más clarificadores que éste de la Divina Comedia. Al iniciar el descenso al Infierno, Dante y su guía, Virgilio, penetran en el círculo primero, lugar colmado de suspiros, morada de los justos sin bautismo, porque, como el propio Virgilio dice de sí mismo: “quien fue antes de ser el cristianismo, / a Dios debidamente no ha adorado: / y de estos que te digo soy yo mismo” (Infierno IV 1, 37-39, trad. A. Crespo). Mas, lejos de estar todo resuelto, quedaba salvar a los padres del Antiguo Testamento. Porque, ¿cómo pensar que había parangón entre Homero y Adán, Cicerón y David, Virgilio y Moisés? Los primeros podían vivir la eternidad sin la gracia divina, pero la coherencia de la doctrina exigía que los otros, los prohombres de la antigua alianza, aguardasen el fin de los tiempos en el seno de Dios. La solución estaba, una vez más, en la correcta intepretación de las Escrituras, en especial en la conjunción del salmo 107 y los evangelios, pues Cristo habría visitado el reino de las sombras antes de la Resurrección y se habría llevado consigo a Adán, Noé, David y Moisés, entre otros próceres de Israel. La tradición medieval sólo tenía que identificar ese ámbito infernal con el limbo. De nuevo es provechoso el testimonio de la Divina Comedia. Al preguntar Dante a Virgilio si conoce a alguien que haya abandonado el limbo y alcanzado el Paraíso, el poeta mantuano responde: “Yo era nuevo en este estado / cuando aquí vi venir a un poderoso / con signo de victoria coronado. /Sacó al padre primero [Adán] de este foso / y a las sombras de Abel y de Noé / y a Moisés, de las leyes tan celoso…” (Infierno IV, 46-57, trad. A. Crespo). Del mismo modo que el descenso al infierno de personajes paganos como Odiseo, Eneas, Orfeo y el Virgilio dantesco repercutió en la iconografía medieval y renacentista, la misión de ultratumba de Cristo fue plasmada por los pinceles de artistas como Duccio di Buoninsegna (El descenso al Limbo, 1310) y Alberto Durero (Cristo en el Limbo, 1510).
Ahora que la Iglesia ha abierto las puertas del limbo de par en par, liberando a todos sus moradores, me pregunto si las almas de los niños de mi infancia que se “morían moros” serán acogidas por la misericordia de Dios junto a las de los paganos. Si es así, por fin Dios dejará de hacer distingos.

Publicado en La Voz de Cádiz, 2-11-2006
Imagen: "Cristo bajando al limbo", de Andrea Mantegna (ca. 1430-1506)

jueves, 15 de enero de 2009

Desventuras de Ventura Torcuato (1): La culpabilidad (presunta) de la mosca


Queridos amigos lectores, he aquí otro micro, esta vez sobre el honroso oficio del abogado defensor. Que lo disfrutéis.


LA CULPABILIDAD (PRESUNTA) DE LA MOSCA
En los anales de la abogacía figura el nombre de Ventura Torcuato en letras de oro, en premio a una entrega sin igual a la causa de su defendido. Cuentan —y no añado ni quito nada a lo oído— que, poco antes de una condena segura por homicidio involuntario, Ventura hizo un alegato tan elocuente sobre la inocencia de su presunto, insistiendo en que todo fue una desgraciada concatenación de hechos fortuitos, que el juez accedió a la reconstrucción del suceso en la sala. Como no fue posible hallar mosca alguna, causa primera de todo, el fiscal se prestó a poner música siseante en el oído del presunto, a fin de despertar su reacción. En sustitución de la ventana y el alféizar colocaron una alta escalera plegable, en cuya plataforma se depositó una maceta con un orondo cactus, en vez de los floridos geranios originales. Siseó el fiscal, corrió el presunto con el matamoscas en la mano detrás del vuelo fantasmal, subió la escalera y sacudió con fuerza al insecto presuntamente posado en la planta, de suerte que el tiesto con el cactus cayó , como cayó en su día el de geranios. Pero si entonces la cabeza rota de la vieja no emitió sonido alguno, la del pobre Ventura, que sujetaba amablemente la escalera para que el presunto no se descalabrase, dejó escapar un toc metálico antes de abrirse en dos mitades. Aplaudió el juez la abnegación del abogado y ordenó de inmediato la puesta en libertad de su defendido. Nunca antes había desvelado nadie con tanta verosimilitud el engranaje de un accidente.

lunes, 12 de enero de 2009

Micros: "Miradas" y "Pedro Lapso y la fuerza gravitatoria"


Antón Castro publica en su blog dos microrrelatos míos inéditos. Gracias, Antón. Los dejo aquí también.


LADRONES DE MIRADAS

En el andén del metro F. y N. se buscan las miradas. F. encuentra la mirada de nieve de ella, la atrapa y la encierra en un cofre bajo dos vueltas de llave. N. encuentra la mirada de fuego de él, la atrae y la encierra en una habitación oscura, tenuemente iluminada por el ojo de un ventanuco. Allí la somete a un arduo interrogatorio y, quemándose los párpados, recorre el historial de la visión de F. para descubrir dónde puso la llave.



PEDRO LAPSO Y LA FUERZA GRAVITATORIA


En la víspera del nacimiento de su primer hijo, a Pedro Lapso se le cayeron varios objetos de las manos. Los más eran menudencias recuperables y su caída no produjo ningún quebranto. Sin embargo, otros eran objetos valiosos que estallaban con estrépito y pasmo. Era como si la fuerza gravitatoria se hubiese empeñado en demostrarle su omnipresencia. Asustado y temiendo males mayores con el niño, Pedro Lapso se amputó los brazos. Por eso no pudo evitar, aun estando a su lado, que a su mujer se le escurriese el bebé.

Este micro también puede leerse en Minificciones.

viernes, 9 de enero de 2009

Herrumbre (o fuego en Oriente Medio)


Nace esta luz primeriza de enero
con herrumbre de antaño.

¿Por qué nadie cierra las puertas orientales

del templo de Jano?

Sobre su efigie bifronte

(un mirar bien de frente bastaría)

se arraciman pájaros de arena.

¿Y los niños, por Dios,

dónde están los niños

que le tiraban nueces a la cara?

Nace muerta esta luz primeriza de enero.

miércoles, 7 de enero de 2009

Ejes imaginarios


No he comenzado el año con ningún propósito de enmienda, ni he bosquejado ningún proyecto (que el dios Jano me perdone tanta negligencia). No sé si esto es un síntoma de algo (no recuerdo que me haya pasado antes) o, más bien, la consecuencia natural de haber asumido, mal de grado, que el tiempo sólo gira sobre ejes imaginarios. Porque estamos estamos estamos siempre en el mismo instante, pero el movimiento más simple ajeno (un reflejo de luz en la ventana que va resbalando con el sol, el paso alado de una gaviota...) o propio (la rodilla que cruzamos, el dedo que rasca la cabeza, el párpado que quiere aliviar el picor del ojo...) provoca un cambio sutil en la escena, que ya es otra y va camino de ser otra, y otra y otra y otra. Así pues, el movimiento y la memoria (la certeza de que ha habido otros instantes previos) son los causantes del espejismo del tiempo. Fotogramas que van arrebatándonos la vida.

lunes, 5 de enero de 2009

Cuando la ciudad humea


Hace años escribí estas líneas evocando la explosión del polvorín militar que destrozó Cádiz en 1947. Hoy, vísperas de Reyes para quienes estamos a salvo, las dedico a los niños muertos en Gaza, que en latín tiene el bello significado de "tesoro":



Según noticias de los periódicos y las emisoras de radio, el cielo se volvió tan cárdeno en la región del crepúsculo, que desde cientos de kilómetros de distancia pudo contemplarse el prodigio. Fueron testigos los caseríos de la sierra, las villas de la costa y los pueblos de la campiña. Las madres y las novias de los quintos destinados en los cuarteles de la ciudad temieron por la suerte de sus hombres con la impotencia que producen el desconocimiento y la distancia. En los establos los animales sintieron un temblor remoto, una sacudida en el interior de la tierra que les arrebató el sueño incipiente. Los barcos que regresaban a puerto después de un día de faena emitieron un crujido de tablas en un mar que se tornaba encarnado. Poco después los cadáveres se paseaban doloridos y desconcertados por la ciudad humeante.

viernes, 2 de enero de 2009

Carmen Linares y J.R.J.


En estos primeros y torpes pasos del año me ha venido al recuerdo varias veces Juan Ramón Jiménez. Viene de la mano de la reciente edición de Raíces y alas, el último disco de la cantaora Carmen Linares, que se ha atrevido a poner su voz, con música y guitarra de Juan Carlos Romero, a los versos del poeta moguereño. Entre los poemas escogidos está "El viaje definitivo", que tan honda huella me dejó cuando lo leí por vez primera hace más de veinte años. La presentación de este disco en la Bienal de Sevilla tuvo una excelente acogida. He aquí una muestra:

jueves, 1 de enero de 2009

Un instante pleno


La experiencia no varía mucho de un año a otro: preparativos de cena, cena, uvas de la suerte, brindis y algún que otro cante o chascarrillo. Y en eso cruzamos una frontera invisible, empujados por una fuerza arcana que no sentimos porque estamos algo o muy ebrios. Pero esa fuerza hace mella, y hoy, día primero del mes primero, cuando se han disipado los vapores de la bebida, sentimos algo en el estómago que trasciende las consecuencias digestivas de la cena; sentimos, siquiera por un instante efímero, que hemos dejado atrás la piel apolillada y renacemos con una piel nueva. Y aunque sea una percepción que menguará según avancen las horas, al menos durante este lapso viviremos con plenitud la fugacidad del tiempo.
(La imagen está tomada de www.fororeptiles.org/foros/showthread.php?t=4157)