martes, 28 de abril de 2009

Carta-queja de un joven editor de libros


He recibido a través de mi espacio en Facebook esta carta de Agustín Sánchez Antequera, editor de la joven editorial Legados Ediciones. Son sus conclusiones después de un año de labor editorial. Como veréis, algunas de su reflexiones son compartidas por muchos escritores. A ver qué pensáis.


(No siempre ocurre así, ADVIERTO, pero es la regla general).
- Los libreros no cogen nuestros libros, prefieren los que se venden como churros. No hablo sólo de las grandes superficies comerciales, sino de pequeños libreros que van con la bandera de "alternativos" por la vida.
- Las distribuidoras no distribuyen lo que no es comercial. Muchas veces las propias editoriales distribuyen por su cuenta, porque no se fían, aun cuando tengan una distribuidora a su servicio. No hay más que ver los catálogos de un distribuidor: Códigos da Vinci, Los caballeros del Santo Grial, literatura erótica y libros fantásticos para adolescentes.
- Los medios de comunicación no promocionan más que lo que les reporta beneficios a sus propias empresas de comunicación. Sólo en los blogs y revistas virtuales se puede tener cierto eco.
- Algunos periodistas nos piden dinero a cambio de una reseña. Eso se llama publicidad, no periodismo. A un periodista debe pagarle su medio, igual que a nosotros nos deben pagar los lectores.
- Los medios sobreviven gracias a la publicidad. Es otro tipo de AUTOEDICIÓN (para los críticos con la edición de autor, habría que mencionar la cantidad de dinero que les da a los grandes periódicos los anuncios de prostitución que ayudan a sostener a las mafias que luego critican).
- Algunos jefes de redacción revenden los libros no reseñados en sus medios (al menos 100 títulos a la semana) a libreros y así se sacan un dinero extra (300-400 euros a la semana). No lo hacen ellos directamente, son tan cobardes que mandan al portero o vigilante de la empresa.
- Los críticos tampoco se interesan más que por aquello que publican sus amigos literarios. Incluso tienen muchos problemas para publicar sus reseñas cuando son demasiado ¿alternativas?.
- El público prefiere gastarse 20 euros en libros comerciales antes que 8-12 euros en un libro de un autor que está empezando. Y contra eso pocos argumentos se pueden ofrecer cuando una editorial pretende sobrevivir gracias a sus ventas (sin más ingresos que los de sus lectores, sin subvenciones ni autoedición).
NO ES SIEMPRE ASÍ: hay buenos lectores, libreros, periodistas, críticos, blogueros y distribuidores que están interesados en la buena literatura y con ellos colaboramos. Pero por desgracia, son una minoría.
Esto es un SUPERMERCADO, tiene poco que ver con la cultura. Eso sí, a todos estos gremios se les llena la boca al declararse los grandes defensores de la ¿cultura?.
Contra esta manipulación, sólo quedan las redes sociales alternativas, especialmente Internet. Aunque ya hay intentos de control por parte de los estamentos oficiales.
Con estas circunstancias, es cada día más complicado resistir. Pero seguiremos intentándolo.

lunes, 27 de abril de 2009

El maremoto de 1755 en Cádiz y las fuerzas de la Iglesia


El día de Todos los Santos del año del Señor de 1755, a las 9,20 h. de la mañana, la tierra tembló en Lisboa. Aplicando la escala de Richter con carácter retroactivo, los sismólogos estiman que el seísmo alcanzó el punto de destrucción 9. El epicentro estaba en pleno Océano Atlántico, a unos 200 km al oeste-sudoeste del Cabo de San Vicente. Entre 60.000 y 100.000 personas murieron. Más al sur, siguiendo la línea recortada de la costa oeste de la Península Ibérica, los gaditanos vivieron una jornada histórica. Un tsunami a la gaditana. Una ola que invadió el barrio de la Viña y lamió las calles y casas. La cosa iba para tragedia, pero la ola se humilló a pocos pasos de la iglesia de la Palma, conjurada por las fuerzas de la fe cristiana en la figura de la Virgen María Santísima de la Palma. Se conocía este suceso más por informaciones sueltas, literarias, que por documentos fiables. Muchos en Cádiz hemos crecido al socaire de lo que creíamos una historia con adobo de leyenda urbana. Pero hete aquí que acaban de darse a la luz (véase información en Diario de Cádiz) dos documentos hallados en el archivo de la cofradía de la Palma por José Luis Ruiz. Uno de estos documentos es un edicto del obispo fechado a 4 de noviembre con una convocatoria a ayunar y a participar en actos de acción de gracias. El otro, fechado a 14 de diciembre, recoge una disposición para que la Virgen de la Palma saliera en procesión por haber obrado el milagro de frenar las aguas aquel día. La prensa sólo publica el documento de 4 de noviembre y un fragmento del otro, que parece más interesante por contener más datos sobre el maremoto: ...por parte de algunos de los concurrentes se hizo presente que, siendo notorio el visible milagro que experimentamos de nuestra amantísima y protectora María Santísima de la Palma el día primero de noviembre próximo pasado, pues fenecido el fuerte terremoto que se experimentó en nuestra ciudad (y en la mayor parte de este reino), sobrevino la alteración del mar, cuyas olas con mucha ferocidad inundaron el barrio de la Viña y hasta la calle Capuchinos, y que habiendo sacado el guión y portada de ella, sin embargo de lo muy enfurecido que venía el mar, se detuvo y retrocedió desde las primeras cuatro esquinas inmediatas a dicha nuestra capilla.
Como no podía ser de otra manera, la vida disipada y ajena a la moral cristiana de muchos gaditanos fue el detonante de este castigo divino, como se evidencia en el edicto de 4 de noviembre. Con paciencia y la ayuda de una lupa he transcrito algunos fragmentos a partir de la fotografía de dicho periódico. He actualizado la puntuación y la acentuación, pero he respetado las grafías del castellano de la época:


DON FR. THOMÁS DEL VALLE, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica Obispo de Cádiz y Algeciras, del Consejo de su Mag. su Capellán Mayor y Vicario General de la Real Armada del Mar Occéano, etc.
A todos los fieles de esta ciudad, salud, consolación y paz en nuestro Señor Jesu-Christo:

Después de la terrible, espantosa y a nuestros ojos jamás vista tormenta del temblor de tierra y enfurecida brabeza del mar, en cuyos aparatos y horribles efectos llegamos a temer el sábado próximo, no sin fundamento, el que a Cádiz se le huviesse tragado este voraz christalino Golfo, próvida la Iglesia nuestra Madre, aún no bien calmado el susto, y vistiéndose del espíritu que la anima, salió al encuentro a nuestras aflicciones [...] dice el Señor: Yo tengo pensamientos de paz y no esos tan turbulentos que havéis temido; me invocaréis y yo os oiré muy prompto, todo alusivo a la estraña tormenta que padecieron los discípulos en las orillas de la mar, de que hace memoria el Evangelio de dicho día, y viéndonos uno y otro tan oportunamente igual, como que parecen idénticos los casos, no podemos dexar de repetiros que Dios en estos aparatos tormentosos no tiene pensamientos de guerra, sino de dulcísimos preparativos a el establecimiento de la interminable paz que quiere hacer con nuestras almas, llamándolas con el espanto, buscándolas con el movimiento de la tierra, efecto de la solicitud de sus pasos, haciéndose sentir en el retrocesso de el mar y en la furiosa acometida de sus olas, en las que, a su buelta, si el Señor no viniera de paz, ya huviéramos perecido todos [...] No quiera el Señor de las Misericordias que nos mantengamos tan rebeldes y tan endurecidos, que no lleguemos a percibir el ruido de sus divinos piadosos pensamientos; ni siquiera su Magestad, que siguiendo Cádiz la inmensa libertad que se ha tomado en la profanidad, obscenidad y descompuesta compostura de su adorno [...] acaso (acaso fatalíssimo) lleguemos a vernos todos baxo el cuchillo de la Divina Severidad y Venganza, que no tardará, en no quitando nosotros las puntas aceradas de nuestros yerros y culpas, que con tanto extremo en concurrencias, diversiones que corrompen la moral christiana, avivan su veloz movimiento [...] A este fin, avido aquí por repetido el mencionado edicto de Jeremías propheta, llamamos y comunicamos a todos los fieles de esta ciudad a penitencia, compunción y llanto de nuestras culpas, por medio de un ayuno riguroso, según las fuerzas de cada uno, en el día de mañana miércoles cinco, en el que con acuerdo de los ilustrísimos cabildo eclesiástico y secular de esta ciudad, hemos determinado salir por la tarde, llevando en procesión las dos hermosas efigies de nuestros santos patronos San Servando y San Germano, cuya sangre regó esta tierra, que parece se nos quiere huir de nosotros, por no poder tolerar el gravísimo peso de nuestras deformidades, y conduciendo también el relicario de Lignum Crucis, con cuyo tropheo de la Passión de el Señor y santas imágenes nos encaminaremos a la iglesia de N. P. Santo Domingo, con la más devota rogativa, a poner a los pies de la Santíssima Virgen del Rosario nuestros humillados contritos corazones ya arrepentidos de haver laxado tanto las riendas [...]

sábado, 25 de abril de 2009

"Incredulidad", microrrelato finalista en El Basar de Montcada


Conocí a Josep Martín Salat durante la cena en la que se falló el V Premio de Microrrelatos El Basar de Montcada. Junto con Marta Finazzi y Esteve Compte, compartimos la mesa de los finalistas. Conversar con él fue muy grato, y debo confesar que en algún momento pensé que su relato "Incredulitat" era el ganador. Al terminar el acto le pedí que me enviara alguno de sus microrrelatos para publicarlo en los Silenos. Josep ha tenido la gentileza de traducir "Incredulitat" al castellano. Lo acompaño de una nota biográfica sobre el autor.

Incredulidad

No sabría como expresar mis sensaciones después de que, en aquel preciso instante, me hubiesen comunicado la terrible noticia de la congelación indefinida de mi estado vital a consecuencia de los efectos de esta maldita vacuna que me han inyectado sin avisar. Antes de nada, me han de dejar asimilar el verdadero significado de esta noticia: ¿quieren decir que, desde ahora, mi cuerpo dejará de envejecer, cualquier enfermedad de tipo viral que padeciese desaparecerá y no volveré a sentir nunca más ningún tipo de dolor?
Después de pensarlo un momento, les querría decir que, particularmente a mi, me venia de gusto envejecer, dado que ya me había hecho a la idea hacía bastante tiempo y creo que lo llevaba muy bien. Por otro lado, me mantenía alerta sentir alguna clase de dolor de tanto en tanto, me hacía sentir que estaba vivo. Esta sensación me recordaba la volatilidad de los buenos momentos y me animaba a cuidarlos. Y por último, no tener que depender de nadie para morir, vivir en la ignorancia de no saber el día, ni la forma, ni el motivo, me permitían disfrutar de una despreocupación que, al fin, me llevaba a una irresponsable sensación de felicidad.

Señores, otra vez, ahórrense tomar decisiones sin consultar y piensen en avisar antes al interesado. Sobre todo si, además, como sucede en mi caso, ya pasa de los 90 años, ha vivido una vida plena, ha perdido ya a una buena parte de los que amaba y quiere dejar en paz, algún día, a los pocos que, todavía, le aguantan resignadamente sin protestar.
Les animo a que continúen investigando hasta que encuentren un virus que sea resistente a esta vacuna de la congelación y que me tengan en cuenta, como primero de la lista, para a las pruebas pertinentes...
* * * *

Josep Martín Salat nació en Montcada i Reixac (Barcelona), en 1964. Informático de vocación y profesión, ha sido programador de sistemas y analista funcional en la Caixa, donde hoy se encarga de temas I+D en el entorno del Autoservicio. Amante de la literatura, la historia y el arte, cursó la titulación universitaria de Humanidades en la Universitat Oberta de Catalunya. Con el microrrelato “Incredulitat” quedó finalista del mes de diciembre en la pasada convocatoria de El Basar de Montcada.

(En la fotografía, J. M. S. es el tercero por la izquierda)

viernes, 24 de abril de 2009

Félix de Azúa y la pintura


Felix de Azúa en Cádiz, en una convocatoria más de "Voces en el Museo", los encuentros felices que organiza la Asociación Qultura. La idea es tan sencilla como estimulante: el invitado elige un cuadro del museo y éste le sirve de excusa para reflexionar sobre el arte. La obra elegida fue "Naturaleza muerta", del pintor holandés del s. XVII W. Heda. En torno a la idea central de que la concepción del pintor como artista (aquel que prolonga en su obra sus ideas) es tardía, muy posterior a Heda (y, en consecuencia, un cuadro de Heda debe contemplarse como la obra de un artesano, no de un artista), Félix de Azúa ofreció una espléndida conferencia sobre aspectos tan sugerentes del arte como la utilización de lo visual por el aparato del Estado, la importancia de los "tableaux d' histoire" y su recuperación en la pintura contemporánea y la visión ontológica de la pintura de los pintores vanguardistas. Afeó el acto el escaso público (unas treinta personas) para tan docto invitado. A finales de mayo (jueves 28) se repite la experiencia con una nueva cita:

Eugenio Trías: "Canto de sirenas: música y filosofía". Presenta: José Ramón Ripoll. Pieza: "Santa Cecilia", anónimo toscano del s. XVII.

miércoles, 22 de abril de 2009

Presentación de Vacaciones de invierno, de Benítez Ariza


Las Vacaciones de invierno de José Manuel Benítez Ariza ya circulan en letra de molde, en contraste con la inmovilidad del niño protagonista de la historia, trasunto del propio autor, que asiste internado en un hospital al despertar del mundo que le espera, el de los adultos. Principian los setenta del siglo pasado, con una dictadura agonizante en una España maltrecha. A través de los ojos del niño encamado, Benítez Ariza esboza el retrato de aquella sociedad que ya acariciaba, sin saberlo, el advenimiento de la democracia. Juegan los niños con juegos de pobres (ay, las pulgas marcianas), mientras sienten la llamada confusa del sexo; leen tebeos inocentes, mientras en otros lugares del mundo se estrellan aviones o triunfan sobre el ring boxeadores aupados desde la nada. La vida pasa deprisa, derramando sobre el niño al que recomponen la mandíbula una lluvia de interrogantes.
De ello se ha hablado hoy en la sede de la Asociación de la Prensa de Cádiz. Antonio Rivero Taravillo, en calidad de editor de Paréntesis, y Rafael Marín, como presentador del libro. Benítez Ariza suma esta novela a su larga trayectoria, jalonada por otras novelas, libros de poesía, traducciones y otros escritos. Y Paréntesis ofrece con ella una de las primicias de su primera cosecha. Que sea para bien.

lunes, 20 de abril de 2009

Premio de Microrrelatos El Basar de Montcada


Fue una velada agradable. Unas cien personas en el restaurante Sant Lluc de Montcada. La cena de los cuatro finalistas presentes (el quinto, Diego Rincón, no pudo asistir) consistió en un primer plato de nervios y un segundo de espera estoica hasta pasada la medianoche. Mientras cenábamos, Jordi Amenós amenizaba con la lectura de microrrelatos (propios y de esta convocatoria), acompañado por el saxo de Sam Atencia. Debo confesar (y así lo dije allí) que yo creía que en todos, absolutamente todos, los fallos de los premios, fuesen de la naturaleza que fuesen, el premiado ya lo sabía de antemano y el día señalado hacía su papel de sorprendido, empleando frases tan manidas como: "Estoy muy nervioso", "no me lo esperaba", "preparé una chuleta por si acaso y se me ha olvidado", etc. No sé en los demás, pero en este certamen yo no supe hasta bien pasada la medianoche que era el ganador. Mi autobús circular había viajado hasta Montcada en noviembre, vuelto a Cádiz en diciembre como finalista y regresado a Montcada en abril como ganador. Por razones obvias, yo fui en avión y evité subir a mi autobús nocturno para este último viaje. Como colofón se presentó el librito Microorganismes, editado pulcramente, con los relatos finalistas y los seleccionados de cada mes, con las ilustraciones de Eva Sereno. Pero como no era noche para una única sopresa, poco después del fallo del jurado Lluís Maldonado, gerente de Montcada Comunicació, anunciaba que la organización había decidido crear una colección de libros de microrrelatos escritos de forma independiente por los ganadores del premio. Para inaugurar tal colección se me invitaba amablemente a preparar un libro. Si a esto añadimos la buena organización y el trato en todo momento exquisito (Laura Grau, muy especialmente), miel sobre hojuelas. Escribo esto cansado, pasada la medianoche, poco después de llegar de Sevilla con el coche cargado de maletas y mi hija casi bailando ya con las muletas. En La nave de los locos se ha dado esta mañana (mejor, la de ayer) la noticia y se ha publicado el relato, que muchos de vosotros ya conocíais. No obstante, lo dejo también aquí para quien no lo haya leído aún.

(El jurado, de lujo: Juan Antonio Masoliver, Fernando Valls y Sonia Hernández. Pude hablar un rato con Juan Antonio, y me supo a poco. Fernando no pudo asistir y con Sonia apenas tuve tiempo de intercambiar un saludo).


El autobús circular

Cuando el autobús se detiene orillando la acera, las sombras de los viajeros se apoyan detrás de los cristales cubiertos por el vaho. La lluvia torrencial de las últimas horas ha concedido una tregua y, aunque ya es hora oscurecida, de nuevo se aprecian el alzado de los edificios y el perfil serpenteante de las carreteras. Debajo de la marquesina un hombre permanece quieto, apretando el frío metal de la moneda en el bolsillo. Al ver la pesadumbre de su rostro, el conductor, figura enteca y siempre impasible, se permite esta vez una mirada de indulgencia, de complicidad ante el duro oficio, y lo invita a subir con un leve movimiento de cabeza. De pronto un tropel de escolares asoma por la esquina. Vienen pugnando por voltear bien alto la moneda. El autobús espera la carga infantil y, oscuro bajo la noche solitaria, reemprende la marcha. Sólo que en este viaje los escolares no cantan.

Más información en Montcada Radio.

(En la foto, Laura Grau, Esteve Compte, Marta Finazzi, Antonio Serrano y Josep Martín)

viernes, 17 de abril de 2009

Mañana fallo del V Premio de Microrrelatos El Basar


Aprovecho un cibercafé para darle un poco de cuerda a los Silenos. Sigo en Sevilla, donde mi hija se recupera de un "arreglo" quirúrgico en los pies. Sin embargo, mañana viajo a Barcelona para acudir en Montcada al fallo del V Premio de Microrrelatos El Basar. Como recordaréis, mi "El autobús circular" quedó finalista del mes de noviembre. Mañana, en el transcurso de una cena ("literarias" las llaman), se presentará también el libro que se ha preparado con los relatos finalistas y seleccionados de esta edición. En cuanto pueda, os informaré de los detalles del evento. Por ahora podéis saber más pinchando aquí.

martes, 7 de abril de 2009

Descanso


Como suele suceder en estos días, los muchos quehaceres vacacionales y otros compromisos le restarán tiempo de baile a estos silenos, que quedarán plácidamente a la deriva. Si puedo escaparme y venir a darles cuerda, lo haré. Estaré en Sevilla al menos hasta el día 15. Feliz descanso para todos.

lunes, 6 de abril de 2009

Muere Chano Lobato


Ayer dejaba en estos Silenos un hermoso texto del siglo XVI sobre la muerte de un discípulo llorada por su maestro. Ha querido el azar que anoche muriese en Sevilla un maestro, y que hoy lloren por él no sólo sus discípulos, sino todos los que sentimos la sangre del flamenco. Juan Ramírez Sarabia (Chano Lobato) nació en 1927 en Cádiz, en el barrio de Santa María (ahí es nada puestos a hablar de flamenco). Si, como dicen los entendidos, la mayoría de edad del cante jondo se alcanza a los setenta años, Chano Lobato sobrepasó con creces esa mayoría. El niño huérfano que cantaba por los colmados de su ciudad para ganar cuatro perras, el adulto que trabajó en la Fábrica de Tabacos, que marchó a Sevilla de la mano salvadora de su mujer, la bailaora Rosario Peña, el cantaor hecho que recorrió el mundo con Antonio el Bailarín... no logró reconocimiento como solista hasta la década de los setenta, cuando obtuvo en Córdoba en 1974 el premio Enrique el Mellizo. De entonces a estos días, un camino de excelencia, tocando todos los palos. Hasta ayer. Descansa en paz, maestro Lobato. (Abajo, espléndido, con Juan Valderrama y la bailaora Pepa Montes en la Bienal de Sevilla).


domingo, 5 de abril de 2009

El dolor del maestro por la muerte del discípulo


Hace algún tiempo, llevado por mis trabajos de investigación universitaria, me topé con uno de los escritos más bellos que he leído sobre la muerte de un amigo. En este caso dicho amigo era, además, discípulo predilecto, y tuvo la mala fortuna de morir con tan sólo 28 años, en los inicios de una carrera poética prometedora. No, no sucedió ayer, ni siquiera anteayer. Hay que remontarse a mediados siglo XVI, allá por 1565, y contemplar la escena entre dos ciudades: Madrid y Alcalá de Henares. En la primera, en el entorno de Felipe II, vivió y murió el joven Diego de Guevara. En Alcalá lloró su muerte su maestro, el catedrático y cronista del rey Ambrosio de Morales. Publiqué el texto en un artículo sobre ambos en 2006, pero no me resisto a ofrecéroslo aquí. Es un poco largo, pero creedme que merece la pena. Y tened paciencia con el castellano de la época.

Aquí llegava, escriviendo estos mis discursos con muy grande alegría, que el amor de la obra començada me avía puesto, alentándome al trabajo con el gusto y affición de bien emplearlo, quando, según la costumbre de todas las cosas humanas, este mi plazer y gusto se me trocó en un tan grave pesar, que ningún otro mayor pude temer en la vida. Porque súbitamente, y sin aver podido siquiera antes temer tanto dolor y aparejarme para sufrirlo, me dixeron que era muerto don Diego de Guevara. Con esta nueva dolorida quedé tan lastimado, que no sé hazer más de dolerme y lamentarme, y no puedo pensar en otra sino cómo continuaré este mi pesar. Que aunque él assí no me incitasse, la obligación me forçaría. Y ¿qué maravilla es que yo quiera esto, y lo dessee, pues tantos otros y tan principales en España se duelen muy lastimados? Toda junta lo llora nuestra corte. Los señores se duelen, que han perdido un alto gusto de virtud y discreción en comunicarle, los cavalleros sienten la falta de un exemplo tan christiano, de tanta destreza y gentileza, y los hombres doctos quedan muy tristes, porque se perdió todo junto un lustre tan principal, como las buenas letras en España con este cavallero tenían. Pues entre todos estos pesares, ¿por qué no ha de ser el mío mayor y más señalado, como por mayores y más justas causas devido? Este es, señor don Diego de Guevara, uno de los mayores acidentes de mi dolor en tu muerte, aver tú sido tal, que te lloren tales personas, y aviéndote yo solo, más que todos perdido, juzguen todos ellos, sin sentirlo, quán grande es mi gran perdida, pues tan dolorosamente sienten la pequeña suya. Todo eras mío, y yo perdí en ti todo lo que tú eras. No soy ambicioso en mi pesar, para hazer pompa del dolor, si no cuento con verdad las causas de él. ¿Qué hombre tan duro, tan bárbaro o tan fiero pudiera aver, que teniendo don Diego la excelencia que tenía en todo lo bueno, y teniendo en él la parte que yo, no sintiera gravemente el perderlo? Y yo lo siento más, porque conocí más de su bien, y pude tener más por mía alguna parte de él. Yo le comencé a enseñar en mi casa desde su niñez. Yo fuy el que gozé primero del resplandor de su virtud, que ya al alva de su amanecer mostrava quán grande avía de ser su luz entrado el día. Yo me alegré el primero con la singular esperança, y con la preñez de su ingenio soberano. Yo vi nacer sus primeros partos; yo los vi cada día acrecentados y aventajados de sí mismos; yo le di la leche en la grammática; yo le mecí y le arrullé en la cuna de la poesía, y le encaminé los primeros passitos y el menear los pies en la eloquencia. Yo le vi después criado y crecido y adelantado en todo lo bueno, sobre todo lo bueno que bien se dessea, y por todas las partes de su excelencia le conocí digníssimo de ser amado, y puse en él sin término mi amor. ¿Cómo puedo no dolerme con mucha amargura en tanto bien perdido? ¿Cómo puedo no sentir con mucha angustia esta falta, y celebrarle siquiera las obsequias con mi dolorido sentimiento? ¿Qué no tenía yo y qué no perdí en don Diego de Guevara? Con cuyo nombre solo me alegro tanto, que con mucha dulçura muchas vezes lo repito. Singular discípulo, alumno insigne, señor principal, y lo que él más quería que se juzgasse, y a pesar de la gran desygualdad mandava que se dixesse, amigo verdadero. Y por aver él sido tan afficionado a los mismos estudios que yo, no solamente tenía ya en él compañero en ellos, para suave comunicación, ni ayuda solamente para alivio del trabajo, sino síndico y juez muy sufficiente, para que, aviendo passado por su tribunal con aprovación lo que yo escrevía, no tuviesse de ay adelante por que temer la sentencia de nadie. Este fruto avía yo cogido de mi lavor, y con esta tan colmada medida recompensó y sobrepujó aquella buena tierra el poco trabajo que puse en ella. Pues la buena gana con que yo la labrava, ¿qué gusto tuvo siempre y qué alegría aún antes del buen acudir? No se echava surco que no descubriesse la fertilidad de la tierra y que no assegurasse cómo era muy bien empleado el cultivarla. No avía aún catorze años, quando ya el maestro Esquivel no tenía qué enseñarle en arithmética, y a los veynte nos tenía agotados, a él en todas las mathemáticas y a mí en todo lo demás que las lenguas y las letras de humanidad incluyen. Y en fin dexó en este tiempo de su edad esta Universidad de Alcalá de Henares, porque no tenía ya más que ella le pudiesse enseñar en lo que él avía de aprender. Y es otra mayor maravilla, que todos los años que bivió no fueron más que veynte y ocho, y en lo corto de este pequeño espacio de su vida llegó a la perfeción de letras, que se estima mucho quando en larga vejez otros la alcançan. Y quitávale mucho del tiempo el servicio de los príncipes Rodolpho y Ernesto, siendo gentilhombre de su cámara, la continuación de palacio, su poca salud y el exercicio ordinario de las armas, a que era también muy afficionado. Y como pone esto admiración, assí causa mayor lástima por lo que más se pudiera esperar adelante. Mas yo me detengo mucho en celebrar sus letras, como si en su virtud no uviesse mucho más que alabar. Diré, pues, de ella y de su mucha christiandad sola una cosa, que no la osara dezir en su vida, ni agora me detendré mucho en encarecerla, porque todos podrán bien estimarla. Díxome alguna vez su confessor, que era un religioso de la orden de san Francisco de mucha santidad y gran juizio, que quando se confessava don Diego de Guevara quisiera él tener detrás de sí dos o tres doctores theólogos, para que le oyeran y alabaran a Dios en el sentimiento y cordura con que allí se governava. ¿Mas qué hago? ¿Dónde voy olvidado de mí mismo? ¿Cómo me ha enajenado tanto el dolor? Que aunque él me diesse lugar para con más causas justificarlo, la prossecución de mi obra no me consiente tan largo detenimiento. Por esto será bien dexar ya la manifestación de mi justo dolor y sólo buscar el consuelo que puedo hallarle. Y cierto, señor don Diego de Guevara, considerándome a mí solo, todo lo que en mí puedo hallar en este punto no es sino tristeza y grave sentimiento, y dolor de tu muerte. Mas, poniendo en ti los ojos, que es alçarlos al cielo, a donde piadosamente creo que ya te hallas, hallo luego con que consolarme y alegrarme de tu alto bien, en el soberano trueque que de ti se ha hecho. Porque considero cómo te llevó el cielo porque no te merecía el mundo, y que te hizo Dios tan presto salir, porque mereciesses yr a gozarle más temprano. ¿Qué te pudiera yo, señor, dessear más de lo que tienes? ¿Más qué pudiera querer en ti, que no fuera mucho menos de lo que Dios te ha dado? Pues, ¿por qué yo, casi con manifiesta embidia de tu bien, he de dolerme por mis interesses? Ya, señor, los dexo todos; ya no pongo los ojos en lo que perdí en perderte; ya no considero lo que me falta, faltándome tú, sino quiero alegrarme con tu soberana suerte y considerarte en el cielo, en compañía de todos los espíritus bienaventurados y en la presencia de Dios, gozando su gloria infinita sin temor de jamás perderla. Y yo te gozaré acá en tu fama y en tus versos excelentes y en lo demás que dexaste escrito con tanta lindeza, dexando también allí la mejor parte de ti mismo biva y muy bien representada.
(De las Antigüedades de las ciudades de España, Alcalá, 1577)
En la imagen, retrato de Ambrosio de Morales

viernes, 3 de abril de 2009

Las bondades del blog (con especial atención al literario)


Hablaba el otro día de las varias servidumbre del blog, con el compromiso de hacerlo en breve de las bondades, que algunas tiene. Para llegar a disfrutar de estas bondades es preciso dedicar un tiempo, generalmente en los comienzos, al mariposeo bloguero, a fin de descubrir un ramillete de blogs afines en gustos y orientaciones, porque, por más que se diga que internet es una herramienta blogal (donde antes decía "global", "blogal" me corrige agudamente A. Rivero), a la postre te visitarán los mismos y alguno más. Esos autores-lectores seleccionados serán los que justifiquen las bondades. Una de ellas es facilitar la información que interesa a ese grupo, cuyos miembros han filtrado y canalizado. Es una labor en cierto modo periodística, pero con la virtud de se ha quitado la paja y suele exponerse limpio el trigo. Por ejemplo, en el caso de los blogs literarios, éstos actúan como vehículos de noticias varias: ediciones recientes y/o de interés, lecturas, crítica literaria, premios, convocatorias, etc. Otra bondad es de tipo funcional: el blog reclama una dedicación a la escritura (sea de creación o no) que nunca está de más. Las neuronas siempre agradecen estos ejercicios. Destaquemos también que el blog sirve de campo de pruebas de escritos inéditos, que el autor publica para medir la recepción que tienen en el respetable. Aquí los comentarios son esenciales, pues en esto se diferencia el lector de un blog del lector tradicional: emite su opinión y ésta es recibida en breve tiempo por el autor. Añádase ahora la función muestrario, cuando el autor despliega sus méritos y grandezas en forma de imágenes, largos currícula y un sinfín de medallas. Otra bondad de los blogs es que son una suerte de celestina, que une a desconocidos a través de relaciones variopintas (sin límite de fronteras, acaso tan sólo con las trabas del idioma). La más inmediata, en el caso de los blogs literarios, es la de autor-lector, una relación virtual que fácilmente dejará de serlo a poco que el lector "reconozca" al autor del blog que le gusta en el estante de una librería. Otra bondad (no por ser la última es la que menos consideración merece), derivada de la anterior, es que el blog actúa como una amplia sala de meeting, donde uno acaba haciendo "amigos" virtuales, a muchos de los cuales espera conocer algún día y tomar una cerveza sin dedicar una sola palabra al blog.

Como el tema no se agota, pero yo sí, seguid vosotros.

miércoles, 1 de abril de 2009

Un año bailando


Hoy se cumple el primer años de baile de estos silenos. Para celebrarlo os dejo este relato aéreo.
Gracias a todos, tanto a los que me visitáis, como a los muchos que me habéis abierto la puerta de vuestra casa.


ÍNFULAS DE PÁJAROS


En la plaza madrileña de Santa Ana un volatinero limeño hace cabriolas. Se ha ganado la fama de ser el mejor artista ingrávido del mundo. Su cuerpo menudo traza giros y volutas que enjaulan el aire y perduran hasta el final del número. En las tardes en que la plaza relumbra con pájaros y niños, el público suele preguntarle por sus secretos de saltimbanqui, y él se sienta sobre un bucle del aire a firmar autógrafos.
Hoy ha venido a verlo un niño regordete con mirada de cóndor y un enorme tirachinas en la mano. Asustado el volatinero ha iniciado una pirueta suprema, pero, cuando se había elevado una decena de metros por encima del suelo, ha sentido el beso de la gravedad y se ha precipitado velozmente, cascándose como un huevo.

Presenté este texto al premio "Márgenes" de microrrelatos organizado por la Universidad de Salamanca. Fallado el premio, que ha recaído en Cristina Elda y Óscar Sipán, lo publico aquí para los lectores de los Silenos.