viernes, 28 de agosto de 2009

En breve, a Lovaina


Hace un par de días que cambiamos París por Cádiz. Me disponía hoy mismo a retomar este baile con renovadas energías, dejando (de momento) las estampas parisinas por otros asuntos, pero ha querido el azar que hoy mismo me vea preparando un nuevo viaje. Porque esta mañana el Ministerio de Educación ha publicado en su web la resolución de las becas que concede anualmente para que los profesores universitarios nos formemos en centros universitarios o de investigación extranjeros, y mi solicitud ha sido graciosamente aprobada. Así que, recién llegado con las maletas, heme aquí, delante del ordenador, buscando alojamiento para tres meses (octubre a diciembre) en la ciudad belga de Lovaina. Afortunadamente no me resulta tan gravoso, porque conozco bien la plaza, ya que en 1997 pasé allí otros tres meses por las mismas razones. Lo único que puedo deciros por ahora es que habrá estampas lovanienses.
(En la foto, Groot Markt)

jueves, 27 de agosto de 2009

Estampas desde París: el lenguaje de los comercios

¿Y este Chochotte Theâtre de la rue St. André des Artes, en pleno Barrio Latino? Artes del erotismo, "spectacle de la sensualité et de la féminité" para propios y extraños. A un gaditano no podía pasarle desapercibida esta llamada tan familiar ("malgré lui"). Pero qué bien suena en francés...

martes, 25 de agosto de 2009

Estampas desde París: Porfía en el cielo


En el cielo de París también se libran porfías. Con la torre de St. Jacques como juez, esta gaviota saca varios palmos de ventaja al avión que allá lejos (¿lo veis?) enfila quién sabe hacia qué destino.

domingo, 23 de agosto de 2009

Estampas desde París: Luces y sombras del cementerio de Montmartre


Los cementerios parisinos forman parte del itineario monumental de la ciudad. Aunque sin duda el Cimetière du Père-Lachaise se lleva la palma en el cuidado de sus calles adoquinadas y la majestuosidad de sus mausoleos (algunos inquilinos célebres son Proust, Bizet, Wilde, Balzac y Simone Signoret), los de Montmartre (Dumas, Berlioz, Truffaut...) y Montparnasse (Maupassant, Baudelaire, Sartre, Cortázar...) atraen a los visitantes por la fuerza evocadora de sus nombres. A poco de entrar en el de Montmartre, el mortal se sobrecoge con un rincón especialmente sórdido, donde las tumbas se apiñan debajo del viaducto de la rue Caulaincourt, sometidas a una umbría permanente. Parece ciertamente un lugar de desecho, de abandono (un cementerio de tumbas dentro de un camposanto). Tan triste, que ni los cuervos se posan allí. El de la foto prefirió hacerlo en este soleado edificio de la avenida dedicada a Berlioz.

viernes, 21 de agosto de 2009

Estampas desde París: El lenguaje de los comercios, 2

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Las ciudades también respiran a través de los nombres de sus comercios, y a veces éstos nos saludan con mensajes cifrados. Sin duda este bistro del Barrio Latino, que pasa por ser el más antiguo de París (1845), estaba ahí para que yo, que llevo años lidiando con otro Polidoro (Virgilio, el del Urbino quinientista), retuviese su imagen para siempre.


¿Y qué decir de este restaturante chino de Le Marais? Si el comensal abandona el local con la sospecha de que lo han engañado (como a un chino, en revancha), no tiene más que volverse y leer el rótulo. No avisan antes, pero al menos nadie podrá negar que a posteriori lo reconocen (el uso de la uve es un truco para despistar, o una negligencia involuntaria, justificable en un chino).


















miércoles, 19 de agosto de 2009

Estampas desde París: Fontaine de Médicis



Aliviemos los calores estivales con imágenes refrescantes. Si la anterior era de un niño anónimo buceando de rodillas en el Mediterráneo, ésta es de la Fontaine de Médicis (1624), en el Jardín de Luxembourg parisino. Si no fuese porque el agua limosa no invitaba a ello y porque el Polifemo de la estatua, pese a estar manco, vigila cualquier atrevimiento de nativos y foráneos, en el estanque aparecería más de un espontáneo. Saludos desde el Sena.
(Fontaine de Médicis. Fuente: Silenos)

viernes, 14 de agosto de 2009

Estos calores, con París al alcance


Cada año, al abandonar las calurosas tierras cartageneras (si bien la brisa marina da impagables treguas en la zona de Cabo de Palos), uno se hace ilusiones respecto de la temperatura que le espera en Cádiz, siempre varios grados menos que en la ardiente campiña jerezana. Tal esperanza solía confirmarse en el termómetro del coche al llegar al Puente Carranza, luego de haber recorrido los 680 kilómetros que separan esta bahía del Levante murciano, y uno entraba en su ciudad, después de un mes ausente, con el semblante alegre y los líquidos templados. Hasta este año. Hasta hace dos días. A pie de dicho puente, los dígitos seguían detenidos en 37º, igual que en Jerez, igual que en Cabo de Palos. Cuando los termómetros alcanzan ese punto, el tiempo avanza lento porque el aire se espesa, se vuelve intransigente, y hasta faltón. La culpa, del viento de Levante, que también anda en estos días perezoso, poco soplador. Tiene el que os escribe la impresión de seguir en Cabo de Palos, pero con los olores (y ruidos) de este Cádiz futbolero. La cosa no durará mucho, porque el lunes partimos de nuevo hacia Sevilla y el martes volamos a París. Si, como espero, en el apartamento de Le Marais donde nos alojaremos hay wifi, podré dejar en estos Silenos algunas impresiones. Buen resto de agosto, queridos lectores.

domingo, 9 de agosto de 2009

Noticias veraniegas


EXHAUSTIVIDAD NOTICIERA

Hoy, 9 de agosto de 2009, a las doce horas del mediodía madrileño, justo cuando los fieles gozaban del frescor de los templos en la misa dominical, en la convergencia de la Calle de Alcalá y Gran Vía, en el vértice que delimitan dos farolas, una papelera, un cartel publicitario y la embocadura de un anchuroso paso de peatones, en el espacio de unos veinte metros cuadrados que se abre como soleado zaguán esquinero del edificio Metrópolis, hoy, a esa hora y en ese lugar del centro del Reino, según la última hora de los teletipos, no sucedió absolutamente nada digno de información. Seguiremos informando.

jueves, 6 de agosto de 2009

Nuevo microrrelato estival


EL DIAGNÓSTICO

Por estas fechas nuestra consulta se llena de pacientes con la misma dolencia. No es nada. Un dolorcito sin importancia. Propio del verano. Una alteración de las funciones neuronales sin más trascendencia. Una cefalea somera, casi exógena, de exploración cutánea y de etiología bien conocida. Sucede cuando usted se ha relajado durante mucho rato y, al recuperar bruscamente su ritmo habitual, las gárgolas que vierten los humores de su edificio cerebral reinician la actividad con un estiramiento exagerado de sus cuerpos. Las formas de perro, diablo y dragón son las más agresivas, las que más duelen. Pero, créame, después de unas horas funcionando, se distenderán y notará que el dolorcito va desapareciendo. En cuanto a las secuelas, no hay peinado femenino que no disimule todos esos bultitos que usted se ve y se palpa en la cabeza. Peor lo tienen los hombres, créame.

Antonio Serrano Cueto

(Imagen: Gárgolas en la catedral de Valencia. Fuente: Silenos)

sábado, 1 de agosto de 2009

Un criminal ronda cerca


En las calendas de agosto mis neuronas se han reducido a tres: una se pasa el día sesteando, la otra se dedica a saludar a los conocidos (que van y vienen según cuadren sus vacaciones) y la tercera intenta escribir de vez en cuando, entre lectura y lectura. Por eso no prometo que estos silenos bailen durante agosto al mismo ritmo (ya relajado) que en julio. Con todo, como ayer todavía conservaba una cuarta neurona, la que se ocupa de la observación de las vidas ajenas, he aquí el relato de un hecho acontecido en la víspera hacia las nueve de la mañana, y del que un servidor, que sale en ayunas a comprar la prensa, fue testigo involuntario. FELIZ DESCANSO.



UN CRIMINAL RONDA CERCA

En un lugar cualquiera de la costa mediterránea, dentro de una amplia urbanización en la que conviven edificios de apartamentos modestos y chalés de altas murallas, cerca de una carretera con estación de servicio donde se lavan utilitarios y se abrillantan mercedes y bemeúves, ante un cajero automático de esos que, previa inserción de una tarjeta, previo pago de una recarga, previa inscripción del cliente, expenden películas de DVD las veinticuatro horas del día, hay un hombre en bañador, camiseta y chanclas, estuche azul en la mano, que consulta nervioso el reloj y mira a izquierda y derecha como si temiera ser visto antes de hacer lo que está pensando hacer, un acto sin importancia, pero que podría ser malinterpretado por un vecino que diese la voz de alarma, un ladrón, un tipo peligroso hurgando sin escrúpulos en la ranura de la máquina expendedora quién sabe con qué intenciones, pinchando sus entrañas con un arma punzante, mientras escupe las peores blasfemias porque el tiempo corre y no logra resolver el atasco de la película del cliente anterior, por más que introduce el bolígrafo que tenía en la guantera, tanto que se le cae y se queda dentro, rodando sobre la cinta pero sin moverse, pegado al estuche enconado en el fondo de la ranura, repleto de las huellas de sus dedos sudorosos, la prueba que lo incrimina y debe borrar a toda costa, por lo que ahora urge recuperar el bolígrafo introduciendo la mano menguada, adelgazando la muñeca como hacen en las películas los protagonistas secuestrados para liberarse de las esposas, no sea que los rasguños provoquen algún derramamiento de la sangre, por poca que sea, y deje allí el ADN delator, porque ya poco importa que estén a punto de cumplirse las doce primeras horas de alquiler, la franja más barata, y apenas le quede saldo en una tarjeta que no puede recargar porque la maldita máquina está cada vez más atascada, lo prioritario ahora, lo vital, es recuperar el arma del crimen y arrojarla a un contenedor lejano, entre breñas y matorrales, donde los policías que vienen de camino con la sirena silenciosa nunca se tomarán la molestia de buscar, con estos calores.