viernes, 30 de diciembre de 2011

Un poema para Año Nuevo

Para felicitaros el año no se me ocurre nada mejor que este poema, que cierra mi libro No quieras ver el páramo:

CARPE DIEM

Esta música, el sol, la poesía,

los amigos sedientos de palabras,

el amor siempre en busca de aposento,
las huellas venideras de algún viaje,

las flores de tu sexo en mis jardines,

esa risa, por dios, tan de mañana…


todo ello justifica la osadía
de vivir en la piel de lo primario,

de encarar el azote de los fríos

sin el abrigo tosco de la vida.

martes, 27 de diciembre de 2011

Incertidumbre y fotografía de Ramón Simón

Para justificar el título de mi último libro de relatos, Zona de incertidumbre, escribo: Es la zona de incertidumbre ese espacio fantasmal que rodea al ser en movimiento, allí donde sus ojos no alcanzan a ver porque están orientados siempre hacia delante y donde puede suceder cualquier cosa. No podía imaginar yo entonces que meses más tarde el amigo Ramón Simón, miembro sin par de la tertulia los Mercuriales y fotógrafo esmerado, pondría esta imagen a esas palabras. Qué bien hubieran quedado en compañía, pictura et verba, en el frontispicio del libro. Miedo da tanta incertidumbre en derredor.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Solsticio: en busca de la luz

Pasado el solsticio de invierno, ya la luz comienza su conquista paulatina de las sombras. Sobre la celebración de los cultos orientales del Sol Invicto y Mitra crearon los cristianos el natalicio de Jesucristo, otro Sol que venció la oscuridad. Mañana, por tanto, no se celebra sólo el renacimiento convencional de Jesucristo, sino también el renacimiento, no menos convencional y simbólico, del Sol Invicto sirio y el Mitra indoiranio. Nosotros, adoradores del Sol en cualquier caso, como fuente de luz y vida, seguiremos esperanzados en que, en efecto, poco a poco se retiren las tinieblas. Las de dentro y las de fuera.

FELIZ NAVIDAD
A TODOS LOS AMIGOS DE LOS SILENOS


(Imagen: Apolo radiante. Mosaico hallado en Túnez, s. II)

martes, 20 de diciembre de 2011

Un microrrelato boscoso


LA VENGANZA

.....
Un hombre toma el sendero, se adentra en el bosque sin luna, conoce el lugar exacto al que se dirige. Lo ha rondado muchas veces durante cinco décadas, sin atreverse a hacer lo que esta noche tiene decidido. Todos estos años desoyendo la voz que le exigía desenterrarla, temeroso de que aún pudiese encontrar en ella algo de vida, un olor familiar, el tacto de siempre, un destello inesperado.
.....Hunde la paleta, suda, le palpita el corazón enfermo. La pistola parece más pequeña que entonces, está templada y tiene el cañón repleto de tierra. Con una ramita hurga en la boca, deshace los pequeños grumos, la limpia hasta el fondo, liberándola de la muda complicidad que le ha permitido vivir impunemente hasta la vejez. Pero el arma, lejos de perdonar, emite un reproche que relampaguea en la espesura del bosque.

viernes, 16 de diciembre de 2011

La música no siempre amansa a las fieras

Tal vez Orfeo, el músico tracio, hubo de detenerse alguna vez para explicar las bondades de la música. No imagino, por más encantamiento que originaran sus melodías, a un ejército de plantas, animales y humanos arrobados sin más por efecto de sus acordes. Es posible que alguna vez penetrara en el sueño encriptado de un león o de una araña venenosa, o en el silencio anodino de una jirafa, y descubriese, con grave peligro de su integridad, que hay territorios en donde no cabe la música ajena. Uno de esos territorios, acaso ya existente desde los tiempos remotos del desconsolado Orfeo, cierra sus pesados portalones al piano que ahora suena detrás de mí, mientras su música hace florecer las buganvillas de la terraza y salpica de estremecimientos la luz cenicienta de esta tarde de diciembre.


domingo, 11 de diciembre de 2011

Un prólogo para el libro "Cádiz oculto", de J. M. Serrano Cueto

El próximo viernes, día 16 de diciembre, presentaré el último libro de mi hermano, José Manuel Serrano Cueto, titulado Cádiz Oculto. Historias para no dormir. No se trata, como tantos otros publicados por él, de un libro de cine. Es una recopilación de historias "reales" acontecidas en Cádiz sobre apariciones, fantasmas, lugares malditos y otros escalofríos. Me pidió para el libro un escrito preliminar, que os dejo aquí.




LA OTRA CARA DE LA CIUDAD

.....Alguien dijo que a las ciudades hay que mirarlas de cintura para arriba. Es cierto, estimado lector, que la cotidianeidad nos atrapa y, en su pulso regular, apenas cabe el disfrute prolongado de la vista. Caminamos abrumados por las preocupaciones, barriendo las aceras en la búsqueda ilusoria de un golpe de suerte que flanquee nuestro camino con su estela de fuegos artificiales, o, en el mejor de los casos, levantando levemente el rostro para dar cuenta al convecino de que aún podemos blandir una sonrisa de cortesía.
.....Pero, como nos enseñó Italo Calvino, la ciudad es mucho más que edificios, jardines, calles y glorietas, mucho más que un sucio colmenar: es pura invisibilidad. El tiempo la ha convertido en depositaria de nuestro rastro y nuestra sombra, pues, del mismo modo que queda en el álbum de fotografías el rectángulo blanquecino de la foto una vez arrancada, orlado por la pátina amarillenta del papel envejecido alrededor, así permanecen en la ciudad los moradores invisibles. Porque, ¿acaso no somos, en proporción incierta, materia y espíritu, luz y sombra? Sin embargo, los ojos, esos incorregibles embusteros, solo ven el trazado laberíntico de las calles, la irregular silueta de las azoteas contra la luz crepuscular, el cruce presuroso de los cuerpos en terrazas y paseos, el guiño de un semáforo lejano en la madrugada desierta. Una visión parcial, ficticia, de la ciudad que nos acoge.
.....José Manuel siempre ha tenido la visión integral de los pájaros, ese don de percepción circular que admiraba el naturalista Antonio Azorín. Y ello le ha permitido ver simultáneamente cuanto acontece en los cuatro puntos cardinales, así como dentro y fuera, encima y debajo de nosotros, y traspasar con frecuencia el umbral que conduce al otro lado, el lado que tanto nos inquieta. Mas no nos engañemos, ese lado no es más que el envés del haz que habitamos, la umbría de esta que creemos permanente solana.
.....José Manuel, avezado en el misterio circundante, tiende su mano a los seres que han quedado cautivos en un relieve del aire que un día respiraron, en un pliegue de la claridad que un día bañó sus rostros, pero no para traerlos de la mano a este lado, sino para aliviar su pena o compartir su júbilo, convencido de que el miedo irrumpe porque desconocemos que son nuestros hijos, nuestros padres, nuestras esposas o maridos velados por el tul de tiempo y la humana condición de la intangibilidad postrera.
.....Sin embargo, no pienses, amigo lector, que aquí no hallarás asuntos de otra sustancia. La visión circular de José Manuel alcanza también la naturaleza deforme de los monstruos de la tierra y el mar, como ese homo marinus sobre el que ya fabularon el viajero Pausanias y Plinio el Viejo; el corazón de la milagrería gaditana, en vana pugna con Lourdes y Fátima; o esa otra suerte de vida de más allá: la supuesta existencia de seres alienígenas y la crónica de sus visitas a un Cádiz tan descreído como aprensivo.
.....Así pues, José Manuel rescata en este libro historias que brillan como fuegos fatuos en la noche gaditana. En gran medida es un desfile espectral, pero al mismo tiempo es el alma de la ciudad que sufre, palpita o goza en la penumbra de un callejón. Los muertos han manifestado siempre su malestar fastidiando con su presencia a los vivos. Ya el poeta Ovidio cuenta cómo los Manes abandonaron sus tumbas en cierta ocasión porque se había cometido negligencia en su culto ancestral. Sin embargo, en Cádiz oculto no asoman para asustarnos, sino para que sintamos más cercano su destino, que será, en definitiva, el tuyo y el mío, querido lector.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Mañana serrana

Amenaza lluvia en la sierra gaditana en la hora vespertina, mas será, según las previsiones, lluvia amable, de esa que hace crecer los ríos lentamente, sin rebelión en los márgenes. Para celebrar el día, una feria de arte, pintores locales, buenos muchos, estupendos otros, y algunos escritores (J. Manuel Benítez Ariza, Rosario Troncoso y servidor). Es mañana portentosa, la misma que, con sus sonidos tempraneros, se ha posado en Fuego con Nieve. La luz de diciembre que no empañan las bombillas navideñas.

(Imagen: Calzada romana entre Benaocaz y Ubrique)

martes, 6 de diciembre de 2011

Un artículo de opinión en defensa del funcionario

Hoy La voz de Cádiz trae esta tribuna de opinión mía:

El injusto descrédito del funcionario

Es sabido que toda crisis económica siembra el camino de amenazas y oscurece la razón. A los fantasmas personales que genera el subconsciente atribulado hay que añadir el peligro colectivo, alentado a menudo desde el poder con la música de las trompetas apocalípticas. Con recurrencia injusta se ha señalado al inmigrante como usurpador del salario patrio, no porque las sociedades modernas sean xenófobas o racistas, que lo son poco, sino porque son, y mucho, clasistas: despreciamos al inmigrante pobre, pero acogemos con alfombra y papel couché al inmigrante rico, sea negro, árabe o venido desde las estepas de Mongolia. Sin embargo, como los inmigrantes pobres sufren igualmente el azote de la crisis, el ojo censor ha clavado su mirada en otro colectivo de trabajadores, los funcionarios, esa raza de seres escogidos de dudosa humanidad. En tiempos de bonanza se vuelven invisibles, ocultos detrás del grato runrún que emiten los pistones bien engrasados del Estado. Sin embargo, cuando vienen mal dadas, se tornan cigarras estridentes y despreciables, indignas de convivir con las sufridas hormigas. Y quienes antes cabalgaban a lomos de la maquinaria del bienestar que médicos, profesores, policías, jueces, fiscales, administrativos, bomberos… engrasaban en silencio, ahora los titulan casta de desaprensivos. Si lamentable es que un pobre nacional criminalice a un inmigrante tanto o más pobre que él, no lo es menos que sean otros trabajadores los que desacrediten al funcionario con el mantra de que “tienen trabajo fijo, son intocables y egoístas”. Y mucho más triste oírlo en boca de allegados. Qué pronto se olvidaron estos, pese a la cercanía y el afecto, de que ese funcionario (fiscal, médico, profesor…) dedicó dos, tres, cinco o más años de su vida a preparar en la sombra unas durísimas oposiciones, mientras que ellos disfrutaban de soleadas fiestas y romerías, para luego emprender un camino laboral expedito en la empresa privada; o simplemente decidían no opositar a los cuerpos del Estado para no verse obligados a mudar casa a una ciudad lejana. Con qué facilidad se silencia u oculta esa cruz del funcionario de carrera, los años (diez, quince en algunos casos) en un destino alejado, muchas veces separado de la familia por decenas o cientos de kilómetros, sujeto a una movilidad que consume buena parte de ese sueldo fijo ahora tan ambicionado. Somos esclavos de nuestras elecciones, para bien o para mal. Pero tan simple axioma se enturbia en tiempos de crisis y en este río revuelto pescan los poderes político, empresarial y financiero, propiciando con sus declaraciones públicas una falsa oposición entre funcionario y parado, como si la desdicha de este fuese consecuencia de la estabilidad del aquel. Brutal ejercicio de demagogia, uno más de tantos con los que se pretende desviar la atención del enriquecimiento de banqueros y grandes empresarios y del despilfarro de la hacienda pública que han practicado los gobernantes: infraestructuras costosísimas e ineficaces, multiplicación de sedes oficiales, hinchazón de cargos de designación, subcontratas millonarias de empresas de amigos, políticas de subvención universal sin discriminación de rentas, dietas, viajes, coches oficiales de gama alta y un largo etcétera del que solo vislumbramos la punta. Los mismos gobernantes, por cierto, que ahora dan ruedas de prensa compungidos, arrugan el ceño y entonan la letanía de la solidaridad colectiva, con escandalosa exclusión de los más ricos y pasando de puntillas por los sueldos y prebendas de la clase política. ¿Por qué quienes sirven de voceros contra los supuestos privilegios del funcionariado no denuncian a voz en grito la costosa inutilidad del Senado, o el mantenimiento por años de esa legión de consejeros variopintos y asesores de agencias nacionales e internacionales que garantizan la jubilación política de tanto amigo del partido? ¿Por qué en España se guarda tan vergonzante mutismo sobre el hecho de que los dos últimos inquilinos de la Moncloa lleven vidas de ricos y sigan cobrando un sueldo vitalicio que pagan nuestros impuestos? Mientras que muchos de los responsables de esta crisis apenas han modificado sus hábitos de vida ni han visto mermados sus privilegios, los funcionarios sentimos continuamente la espada de Damocles sobre nuestras cabezas. Con la tristeza de ver que ya la empuñan otros trabajadores.

(La ilustración es de José Ibarrola)

sábado, 3 de diciembre de 2011

Orlando Romano abandona el microrrelato

Orlando Romano (al que envío desde aquí mi abrazo) deja de escribir microrrelatos y se despide con una denuncia de la superpoblación de microrrelatistas, que se reproducen en todas partes como conejos. Interesa mucho su reflexión sobre si puede considerarse arte un "oficio" de masas. Podéis leerlo AQUÍ.

viernes, 2 de diciembre de 2011

¿Para qué sirven las lecturas públicas?

A veces me pregunto si las lecturas públicas sirven para algo. Es de suponer que se hacen por alguno (o varios) de estos propósitos: a) estimular la lectura en quienes sufren alergia a los libros; b) deleitar al bienintencionado auditorio, c) dar publicidad a un título recién salido. Sin embargo, a tantos fines, tantas objecciones. Veamos. El propósito de a es quizás el más inalcanzable, pues los no-lectores (por esa misma naturaleza negativa) no acuden a actos literarios. Y cuando se les ha obligado a asistir, como ocurre con el plan de promoción de la lectura de, pongamos por caso, el Centro Andaluz de las Letras, no pocos (sobre todo si se trata de adolescentes) desconectan las neuronas y se instalan en el territorio de la ausencia-hastío, sabedores de que el martirio tiene pronto final. En el caso de que la lectura tenga como objetivo el deleite (b), estaremos de acuerdo en que ha de darse una premisa previa: que el lector público sea lector deleitoso. Mas esto rara vez sucede. El arte de leer en público es el arte menos común entre poetas y escritores, por limitarme ahora al noble y antiguo colectivo de los escribientes. No hace mucho asistí a la presentación de un libro de poesía en la que un lector "espontáneo", poeta también al parecer, declamaba con voz engolada y azotes del aire, ante un auditorio, me temo (a juzgar por los aplausos), que cifraba la hondura y calidad poéticas en el eco abovedado. En otros casos, en cambio, el resultado suele ser la misma ausencia-hastío susodicha al hablar de la adolescencia. Llegamos así al propósito c. He de decir que este siempre cumple su tarea: la publicidad de un libro recién horneado se garantiza con la sola presencia de una persona, familia o amigo. Si, además, se trata de un autor de renombre y cartelería, el público llena la sala y hace cola al final para llevarse el autógrafo, prenda inequívoca de que, aunque solo sea por un instante efímero, ha existido comunión tangible entre lector y escritor. Ahora bien, ¿ha servido tal acto realmente para publicitar el libro, si los asistentes son los incondicionales, cercanos o ajenos, de tan egregia pluma, quienes en cualquier caso acabarían comprando el libro? El símil con los mítines políticos, tan próximos en el tiempo, es inevitable. Sin embargo, no seamos ingenuos. En uno y otro tipo de acto se busca otro efecto, extraliterario y periférico si se quiere, pero de trascendencia: la noticia en la prensa, la foto reveladora que sigue recordando, como una letanía, que fulano o mengana escribe y, además, vende libros, vende libros, vende libros... Luego la pregunta habría que reformularla: ¿las lecturas públicas repercuten en la venta de libros? Tal vez Teresa, la excelente librera de QiQ (Cádiz), pueda responder a esto, porque, como veis en la fotografía, yo estaba concentrado en la lectura de un fragmento de La memoria amorosa de Carlos Edmundo de Ory. Sucedió el 24 de noviembre, Día de las Librerías.

(Foto: Armando Lara Narbona)