miércoles, 30 de mayo de 2012

El grajo, el Sena y la fuente

Un grajo me ha precedido con vuelo rasante por la derecha en el boulevard de Sébastopol, acaso buen augurio de un día que se abre como promesa virginal. Pierdo su rastro y sigo el mío, el de otros días, camino del Sena. El ruido de la ciudad es compañero constante, bravucón a veces. Cruzo a la Île de la Cité por el Pont au Change, que abre sus ojos mañaneros a un río anchuroso en ese trecho, agresivo en los remolinos que lanza contra los pilares. Los turistas invaden el paso, proclaman su experiencia, fotografían los supiros. En el Pont Saint-Michel siempre me detengo, pues me gusta comprobar que las aguas ahí corren despaciosas, a pesar de estar más constreñidas por los márgenes de piedra. Apenas diez minutos más caminando en derechura y alcanzo la Place de la Sorbonne, donde tomo un café frente a los setenta y dos surtidores de la fuente, que se afanan desde las primeras horas por acallar con su rumoreo el eco de los coches. Dejo el maletín a un lado, saco mi cuaderno y busco un verso, el trazo fugaz de un pensamiento bajo un cielo cambiante.   

(Pont des Arts. París: Fuente: Silenos)

domingo, 27 de mayo de 2012

Cementerios y cuervos en París

En ciudades como París se evidencia una suerte de necrofilia turística. Sus tres grandes cementerios (Père-Lachaise, Montparnasse y Montmartre) son lugares visitados a diario, si bien es justo decir que el paseo y la búsqueda de las plazas de difuntos célebres suele ser reposado, grato y nada bullicioso. Son pocos los visitantes de la ciudad que optan por caminar un rato entre sombras y graznidos de cuervos, y contados los parisinos que prefieren estos espacios de recogimiento para leer o incluso correr en ropa deportiva.  
Me gusta especialmente el de Père-Lachaise, el más grande, derramado sobre un espacio irregular, de montículos y veredas descuidadas. Quizás los moradores que allí gozan de más éxito sean Chopin, Édith Piaf y Jim Morrison, pero merece la pena detenerse delante de la tumba humilde, semiescondida entre mausoleos, de Modigliani, o la más visible de Ionesco. 
El de Montparnasse también cuenta con inquilinos de nombradía, como el par Sartre-Beauvoir, Baudelaire, César Vallejo, Margarite Duras y el siempre venerado Cortázar (enterrado con su esposa, Carol Dunlop), culpable de que muchos de nosotros veamos rincones de París con los ojos de Horacio Oliveira y la Maga. Y pronto contará con Carlos Fuentes, que tal vez anduvo hace tiempo por entre estas tumbas, como yo en estos días de mayo. 
Uno sale de estos camposantos sombreados por cipreses, arces y sauces con la impresión de que responden a un diseño más o menos estandarizado. Sin embargo, el de Montmartre es un cementerio anómalo, como corresponde a un barrio tan poco ajustado a normas. La rue de Caulaincourt, elevada sobre una estructura de hierro "eiffeliana", cruza una parte. Debajo de esa línea de asfalto se arracima un buen número de mausoleos, condenados a sombra perpetua y al estrépito constante de los vehículos. Más reducido que los otros y encajado entre viviendas, es por ello el más abigarrado. Stendhal, Truffaut, Edgar Degas, Offenbachy y Alfonsine Plessis, la "Dama de las Camelias", flor cortada con solo 23 años, son algunos de sus reclamos.  
Buscando graznar en el silencio, los cuervos de París van de uno a otro de estos cementerios según soplen las ganas. Cuando se cansan de tanto reposo, se marchan a los jardines del Campo de Marte y se ufanan delante de los turistas de volar más alto que la Torre Eiffel. Desde allí arriba los cementerios parecen cosa de otro mundo. 

(1: Cuervo en Montmartre; 2: Modigliani en Père-Lachaise; 3. Cortázar en Montparsasse; 4. Estatua de un sepulcro en Père-Lachaise; 5. Mausoleos enen Père-Lachaise. Fuente: Silenos)

sábado, 26 de mayo de 2012

El callejero parisino

En París no hay dos sin tres


 Ni tres sin cuatro


(Nota: entre una y otra imagen median unos cien metros. Fuente: Silenos)

viernes, 25 de mayo de 2012

Publicado ya el número 7 de "Isla de Siltolá. Revista de poesía"

Acaba de aparecer el último número de Isla de Siltolá. Revista de poesía, donde publico algunos poemas. Estoy, como puede verse, en magnífica compañía.


 Colaboraciones inéditas de: Nicanor Parra, Aquilino Duque, Jaime Quezada, Miguel Ángel Yusta, Tomás Rodríguez Reyes, Efi Cubero, Luis Alberto de Cuenca, José María Jurado, Manuel Martínez Forega, Juan Cobos Wilkins, Luis Miguel Rabanal, Marta Navarro, Inmaculada Moreno, José Manuel Benítez Ariza, Antonio Rivero Taravillo, Pilar Pardo, Antonio Serrano Cueto, Jordi Doce, Antonio Gil García, José Luis Gómez Toré, Sergio Fernández Salvador, Rodrigo Olay, Gonzalo Gragera, Mascha Kaléko (traducción de Inmaculada Moreno). Crítica y reseñas de: Rafael Adolfo Téllez, Miguel Ángel Lama, Manuel Moya, Javier La Beira, Olga Bernad y Pilar Pardo.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Un microrrelato de estreno

De estreno porque ha aparecido en el número 1 de la revista cultural El ático de los gatos, que dirige la poeta gaditana Rosario Troncoso. Y también porque es niño que se estrena.

EL NIÑO CURIOSO
Pese a tener el cuerpo y el alma menudos, el niño curioso ejerce de averiguador de intersticios, tarea a la que se aplica con diligencia en la soledad de su largo cautiverio. No hay oquedad, pliegue o hendidura, por muy ocultos que estén, que escape al prodigio de su olfato. Hoy el saco de las sombras se ha roto de repente, dejando al descubierto un nuevo y húmedo resquicio. El niño curioso, los negros ojillos chispeantes, se acerca seducido por los cantos de sirena que llegan desde el exterior. Ante los anillos de un fuelle que se contrae y distiende al compás de una música dulcificadora, husmea y husmea indeciso. Al fin hunde la cabeza en la juntura y siente, como prima salutación, las ráfagas de aire que exhala su madre dolorida en la cabalgadura del potro.
(Imagen: Cuna del príncipe imperial, s. XIX. Museo Carnavalet, París. Fuente: Silenos)

lunes, 21 de mayo de 2012

Memoria histórica en París

Leo en estos días Y siguió la fiesta. La vida cultural en el París ocupado por los nazis, el ensayo de Alan Riding publicado en 2011 por Galaxia Gutenberg. Ya antes de comenzar la lectura, el día 8 de mayo, al ser testigo de la celebración del aniversario de la Liberación, fiesta nacional en Francia, caí en la cuenta de que, mientras a los españoles nos resultan lejanos los eventos relacionados con la Segunda Guerra Mundial, en Francia se mantiene viva la memoria histórica de esta guerra, ya sea para orgullo, ya para vergüenza. En París todavía sobreviven algunos ancianos octogenarios testigos directos de la invasión alemana, así como muchos hijos de exiliados, luchadores de la resistencia o colaboracionistas que acataron los dictámenes del gobierno de Vichy. No cuesta imaginar los estandartes nazis colgando  de los inmensos muros del Palais de Chaillot, frente a la Torre Eiffel, o el eco de las botas de los oficiales invasores resonando entre los mármoles de las salas de la Opera Garnier. La memoria del nazismo sigue viva también en numerosas fachadas de colegios de varios distritos parisinos, en especial en los arondissements donde habitan los judíos, como Le Marais. Y lo hace de forma lapidaria, con el recuerdo escrito de los muchos escolares judíos que fueron llevados a los campos de exterminio. La presencia de estas placas es tan abrumadora, que al visitante le cuesta olvidar que la legendaria ciudad que lo acoge sufrió la barbarie nazi no hace tanto tiempo.   
(Imagen: lápida conmemorativa en la rue de Turenne. Fuente: Silenos)

sábado, 19 de mayo de 2012

Carta de un profesor a sus alumnos

Reproduzco la carta que un profesor compañero ha enviado a sus alumnos. Es un buen indicador de cómo nos sentimos muchos docentes españoles:


Estimados alumnos y amigos,
Son estos, días de incertidumbre y zozobra para la Educación Pública. Días grises en los que quienes detentan el poder económico y político, envilecidos por el culto al becerro de oro y amparados en una crisis que su propia ilimitada avaricia ha creado, han declarado una guerra injusta y sin tregua a la Educación Pública y, en especial, a las Humanidades.
Si desde las aulas universitarias, mis compañeros de la UCA o -así lo espero- yo mismo hemos logrado estimular vuestro interés o incluso despertar vuestro amor por estas disciplinas humanísticas que no sin razón desde hace tantos siglos hacen el mundo no sólo más luminoso, sino simplemente más soportable, todavía quedan cosas que podemos hacer. Por ejemplo:

1) Leer el hermoso artículo de Gustavo Martín Garzo que aparece hoy en El País, Contra la cultura del dinero

"No deja de hablarse del déficit, de la deuda, de las altas operaciones financieras, pero se evita hacerlo del sufrimiento de los que no tienen nada, de la pobreza creciente de jóvenes y ancianos, del envilecimiento del mundo"

"Los viejos relatos no nos alejan del mundo, lo vuelven habitable y común, lo llenan de sentido"

2) Somos muchos los que hemos estudiado en la Educación Pública: gracias a ella, hemos logrado mejorar nuestras condiciones de vida, pero también nos ha dado la oportunidad de devolver algo de lo recibido y contribuir en la medida de nuestras posibilidades al progreso de la sociedad. Los que hemos estudiado en la Educación Pública o los que ahora estudiáis en ella tenemos el deber de defenderla frente a los ataques que está recibiendo, tanto más injustos cuanto que no raras veces proceden de nuestros (?) representantes (?) políticos. Defendamos el orgullo y el honor de la Educación Pública.


3) Por último y no menos importante, también está en nuestra mano apoyar la huelga y asistir a las concentraciones del próximo martes día 22 de mayo, Huelga General en la Educación Pública. Huelga General en la Universidad de Cádiz. Por la Defensa de la Educación Pública.
Nos vemos cualquier día, cualquier año, en clase.
Un abrazo a todos.

Manuel A. Díaz Gito
Profesor Titular de Filología Latina
Universidad de Cádiz

jueves, 17 de mayo de 2012

París, gloria y vicio

Para unos vicio y pecado, para otros un signo de aceptación de que el sexo no debe ser tabú ni para el mercadeo, acaso pocos asuntos hayan merecido tanta atención en la literatura sobre París como la prostitución. Hugo, Balzac, Baudelaire, Maurice Sachs, Bruno Corra, Hélène Bessette, Henry Miller... Ciudad donde "la prostitución y el asesinato juegan en la calle", en palabras de Hugo; "capital de todas las glorias y todos los horrores", según Bruno Corra. Una pequeña parte de esta Sodoma se halla en la rue Saint Denis. Si bien el tramo más céntrico, cercano a Les Halles, ya acumula un número notable de tiendas del sexo, es en la parte norte, entre la rue de Réamur y la Porte de Saint Denis, donde cada día, a horas tempranas lo mismo que a horas tardías, se exhibe al menos una docena de mujeres. Otras tantas, esta vez de origen chino, se apostan a ambos lados del boulevard de Saint Denis, que va desde la mencionada Porte de Saint Denis hasta el boulevard de Sébastopol. Parece que el terreno está claramente delimitado entre las no asiáticas y estas. Todas se ofrecen al varón que pasa cerca con la mirada, algunas añaden un bonjour o bonsoir; las más descaradas ciñen sus cuerpos con ropas que dejan ver buena parte de sus encantos. Y lo hacen en la boca de portales que dan paso a largos pasillos, no pocos de aspecto degradado e incluso sórdido. Las veo a diario, porque estoy alojado muy cerca, en el boulevard de Strasbourg. No sé si responde a la realidad, pero parecen perfectamente integradas en la vida del barrio. Toman café en  locales cercanos en un descanso, conversan con señoras que salen a comprar el pan, saludan a los vecinos... Lo sorprendente es la media de edad: la mayoría frisa en los cincuenta o los ha pasado tiempo ha. Y, con todo, muchas no tienen empacho en mostrar el volumen estallante de sus senos, o en enfundarse en una falda de cuero. Cada día, al pasar camino de mi alojamiento, me hago la misma pregunta: ¿tendrán algún día retiro? ¿Gozarán de una pensión y el merecido descanso mientras esperan al último cliente, al que llega con nombre de mujer? 
(Prostituta en Saint Denis: Imagen: Silenos)

lunes, 14 de mayo de 2012

Antología de Irene Andres-Suárez en Cátedra

Acabo de saber que ya está a la venta en el catálogo de Cátedra la antología preparada por Irene Andres-Suárez. Comparto páginas con numerosas y espléndidas plumas. Segunda alegría editorial que me llevo en pocos días.

domingo, 13 de mayo de 2012

Nuevo poemario

Envié este texto para que se leyera en la presentación de Cuadernos de Krónion en la Feria del Libro de Cádiz, el pasado día 9.



Son caminos es un pequeño poemario sobre el viaje, el tránsito, la mudanza, el pasar en definitiva. Ha querido el azar que se presente poco después de haberme trasladado a París, donde ejerzo en los ratos libres de aprendiz de flâneur, de paseante atento, y donde leo, a la vez, la aventura por el sórdido París de posguerra de otro paseante: el vagabundo Jean-Paul Clébert. Tres circunstancias cruzadas que confirman que la vida es un constante cruce de caminos. Muchas gracias, querida Nieves, por haberme invitado a estar en este hermoso proyecto junto a tantas plumas y tantos pinceles admirados. Muchas gracias a Del Centro Editores por mantenerlo vivo. Y, cómo no, mi agradecimiento a mi querido pintor, Manolo Morgado, cuyas ilustraciones son lo mejor del librito. Finalmente, mando un fuerte abrazo a los amigos que sin duda estarán en la sala.
Bulevard de Saint-Germain, 6 de mayo de 2012.
Día de la esperada victoria de Hollande.


Una de las ilustraciones que contiene el libro, obra de Manuel Morgado.

viernes, 11 de mayo de 2012

Vagabundos de París

He terminado París insólito (publicado en español el año pasado por Seix Barral), que narra las tribulaciones del vagabundo Jean-Paul Clébert por las calles del París de 1952. En contra de lo que podría pensarse a priori, no es una historia de perderdores en el marasmo de la posguerra. Clébert es un clochard feliz, gozoso de su deambular miserable. Disfruta de los encuentros con sus compañeros de fatigas, con el sexo sórdido en los catres de las putas parisinas, con el relato increíble de un chamarilero o un ropavejero. Todo ello regado con tinto en los bistrós de un itinerario que, en buena medida, han borrado los años. París abunda en clochards. Los hay por todas partes, pero especialmente en los distritos del centro. Como entonces la posguerra, la sociedad occidental de hoy genera hordas de vagabundos. Bajo la estimulante lectura de este libro, he pasado cerca de ellos y me he fijado en sus caras. No todos, pero sí bastantes, sonreían. Tal vez no sean pocos los que, como Clébert, han elegido ser un clochard en París, antes que (pongamos por caso) un oficinista en una villa provinciana. El libro de Clébert revela que no todo son miserias en ese mundo aparte, un mundo del que nos espanta, a primera vista, la abrumadora suciedad.

(Vagabundo dando de comer a las palomas junto al Centro Pompidou. Fuente: Silenos)

miércoles, 9 de mayo de 2012

Nuevos Cuadernos de Krónion

Hoy se presenta en la Feria del Libro de Cádiz (18:30 h.)  la segunda entrega de Cuadernos de Krónion, la colección que edita Del Centro Editores y dirige Nieves Vázquez Recio. Participo con un poemario titulado Son caminos. Y voy, como puede verse, en magnífica compañía:


Escritor                                             Artista ilustrador
José Manuel Caballero Bonald         Manolo Millares
Juan Bonilla                                        Felipe Benítez Reyes
Pepa Parra                                          Oliva Fernández Reina  y Fernando Portillo Guzmán
Pilar Paz Pasamar                             Arturo Redondo
Jesús Maeso                                        Toñi Colón
Félix Palma                                         Raúl Gómez
José Manuel Benítez Ariza               Javier Molina
Eduardo Mendicutti                          Manolo Cano
Javier Vela                                         Irma Álvarez-Laviada
Carmen Moreno                                Inmaculada Naranjo
Ángel García López                           Tosar Granados
Antonio Serrano Cueto                    Manuel Morgado

sábado, 5 de mayo de 2012

Los dos Montmartre

Si hay un ejército verdaderamente destructor desde el siglo XX, es el turismo masivo. Allá por donde pisa, no vuelve a crecer la yerba de la memoria de lo autóctono. Montmartre alto es puro decorado, algo parecido al poblado  del oeste del Desierto de Tabernas (Almería), tan satíricamente llevado al cine por Álex de la Iglesia en 80o balas. Varias calles a la espalda del blanquinegro Sacré Coeur atestadas de tiendas de souvenirs, restaurantes, brasseries... Barahúnda de gentío y mezcolanza de lenguas. Objetivo digital: el Sacré Coeur y las escalinatas, donde toca el arpista sempiterno, acaso el músico más fotografiado del mundo. Una legión de dibujantes de caricaturas se afana en la caza del turista. Efímero oficio este de aprehender en cinco minutos l'air de un desconocido, de suerte que se marche con la impresión de que aquel rostro dibujado a lápiz se le parece en algo. Arte, al menos, aunque sea prêt à porter. Sin embargo, y pese a estar su entrada de cara al bullicio, qué pocos turistas en la preciosa iglesia románica de Saint-Pierre, la que fue en otro tiempo abadía benedictina, cuyas vidrieras modernas de Max Ingrand (1953) merecen un instante de recogida contemplación. Lo mejor de Montmartre es el barrio bajo, la larga rue des Abesses; la plaza homónima, con la extraña iglesia de Saint Jean Évangéliste, la primera construida en París con hormigón armado;  la rue Lepic... Esa grata vejez de la ciudad que se aprecia también en uno de mis barrios preferidos de Bruselas: Les Marolles. La cosa cambia en dirección sur.  Qué degradado está ese cinturón que forma el bulevar de Rochechouart, cercano al fantasmal Moulin Rouge. Zona ocupada en buena medida por inmigrantes y tiendas de baratijas, lugar con alto potencial, pero visible abandono. El espectáculo de las montañas de ropa a saldo en los bajos de la célebre sala de conciertos Elysée Montmartre es desolador.  El norte y el sur. Sarkozy versus Hollande. Peut être.

(Imágenes: 1. Sacré Coeur. 2. Vidrieras del altar mayor de Saint-Pierre de Montmartre. 
3. Interior de la iglesia de Saint-Jean de Montmartre. 
4 y 5. Venta de ropa en la esquina de la rue Steinkerque y el bulevard Rochechouart. Fuente: Silenos)

jueves, 3 de mayo de 2012

Toma y daca en las calles de París

¿Otras ciudades, otras costumbres? Eso cree uno, hasta que descubre hábitos idénticos que acaso alguna vez creyó exclusivos de la ciudad propia. En París, ciudad populosa, los viandantes tienden a cruzar las calles y bulevares sin esperar a que el benévolo semáforo los autorice. Cualquier lugar es bueno para cambiar de orilla, pese a que las aguas se aproximen turbulentas. Es de suponer que ello ha ocasionado más de un atropello y no pocos exabruptos en boca de los conductores (en especial los de taxis y bus). Que hay prisa por llegar, a menudo injustificada, es obvio. Es el mal de las grandes ciudades. No hay más que fijarse en la forma con que los conductores se la devuelven al peatón irrespetuoso, en un soberbio ejercicio del viejo toma y daca: sin respetar un solo paso de cebra. Recuerdo ahora que hace años, mientras aguardaba para cruzar en una avenida de Amberes, a alguien se le ocurrió adelantarse al cambio del muñequito. En ese momento, un policía que se hallaba cerca  y cuya presencia yo no había advertido (ni el peatón osado, claro está) lanzó una reprimenda cuyo sentido cabal no descifré, pues no entiendo el neerlandés, lengua endiablada, pero que intuí furibunda por la gesticulación del agente y el color encendido del interpelado. De esta misma escena me acordé hace algún tiempo en Marruecos, creo que en Casablanca, cuando al paso de nuestro vehículo apareció  en medio de la avenida, salido de la nada, un transeúnte acompañado de media docena de ovejas (o cabras, quizás, pues la memoria no hace distingos tratándose de cuadrúpedos). Al contrario que en este Occidente nuestro, allí no hubo gritos de agentes, ni exabruptos de conductores. Tan solo algún balido aislado que desapareció tan pronto el menguado rebaño alcanzó la acera.

(Théâtre de la Renaissance, junto a la puerta de Saint-Martin, 
París. Fuente: Silenos)

martes, 1 de mayo de 2012

Flores parisinas del 1 de Mayo

Cuesta acostumbrarse a la apretura de las mesas de las terrazas parisinas. Los españoles somos muy celosos de nuestras conversaciones, aunque transcurran en voz alta y se acompañen de aireada gesticulación. Los franceses hablan y hablan sin que parezca importarles la excesiva cercanía del extraño que tienen al lado. Son, sobre todo, conversadores al aire libre, au soleil si c'est possible. Hoy, 1º de Mayo, los parisinos compran pequeños ramos de muguetes, una flor, se cree, portadora de buena suerte. Este porte bonheur es una costumbre muy viva, según he comprobado, pues ¿quién puede resistirse en estos tiempos oscuros a tan alta y amable aspiración? Yo mismo, que ejerzo de  torpe flâneur, le he comprado un ramito a una señora septuagenaria que las exhibía en una mesa con un cartel del PCF (Parti Communiste François), justo delante de  la brasserie en la que me había sentado. Al preguntarle el precio, me ha dicho que era una ayuda para la pervivencia del partido. Vista su edad y energía, he dudado de que el PCF necesite de mi modesta contribución monetaria. Espero que las flores, que ya lucen en un jarroncito en mi estudio, se hayan contagiado de cierta longevidad. O me traigan esa pizca de bonheur a la que todos aspiramos.