viernes, 22 de febrero de 2013

La invisibilidad

- Te asomas poco a tu ventana" -me dice un amigo, lector veterano de los Silenos. Y le contesto, mirando a través de los cristales:
- Últimamente hace frío, cuando no llueve. 
Este mismo amigo me recuerda las bondades de Facebook y cómo entonces, cuando yo me exhibía en aquella arena, él hacía parada obligada en mi perfil. 
Hace más de dos meses que dejé de merodear por las redes sociales. La razón es muy simple: tengo poco tiempo para mis quehaceres más gratos y FB me robaba los minutos y algo de aliento literario. Durante las primeras semanas tuve la sensación de haberme vuelto invisible, porque, en realidad, FB es un gran espejo del Callejón del Gato, adonde uno acude con el afán de verse multiplicado y roto en un sueño geométrico, como si penetrase en el corazón de un caleidoscopio. Pasado un período que acaso sea una especie de duelo de los nuevos tiempos, vuelvo a ser discretamente visible y dispongo de más minutos. Coincido con mi amigo en que tengo algo descuidados a mis Silenos, pero a veces ellos me reclaman un reposo, una tregua para entregarse a sus juegos lascivos en la floresta, lejos de las miradas ajenas. Y yo, que soy corifeo comprensivo, les dejo perderse. La invisibilidad es la madre de la creación.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Mis poetas franceses (1): Jean Legrand

Leo versos de Jean Legrand. L'Amour insolent, editado por La Termitière en 2002, es uno de esos libros de apariencia frágil y luz modesta. El amor como fuerza subversiva contra la guerra. El sexo como crisol de los sentidos frente a la amenaza de las bombas. Estamos en Francia, en 1944. Amar justifica recorrer largas distancias en bicicleta. He aquí una muestra del galope erótico de Legrand, que traduzco del francés:


..... La he ayudado a montar el caballo blanco, desnuda como estaba y tan vulnerable. Después, yo he montado detrás. Apoyados sobre nuestros muslos endurecidos, hemos seguido juntos los movimientos del trote. La línea de mi vientre y de mi torso se hundía en la tibieza de su delicada espalda. El universo nos rodeaba, abalanzándose sobre nosotros, y quietos estábamos. Pues ella siempre se mantenía sobre mí y yo no me retiraba de ella. 
..... Nuestros sexos tomaban sus variaciones de la bestia que habíamos adiestrado para ignorarnos. Cuando se rompió el galope, estábamos en el centro inmóvil del mundo. Todo desapareció, menos el esplendor de nuestra carne, demasiado luminosa para este cielo.


(Inauguro con esta entrada una serie de traducciones de poetas franceses).




domingo, 10 de febrero de 2013

La necesidad, madre del ingenio

Qué duda cabe: la necesidad aviva el ingenio. Hasta hace poco en España recurríamos al ejemplo de los cubanos, capaces de hacer rodar como vehículo un cacharro desvencijado o de vender al turista jabones fabricados con la sustancia más insólita. Hoy los ejemplos están aquí, en España. Los gobernantes lo llaman, con su lenguaje altisonante y las más de las veces huero, "perfil emprendedor", y en los documentos universitarios empieza a florecer, como un hongo invasivo, el palabro "emprendeduría". Mas no quiero hoy llevar el asunto in malam partem. Todo lo contrario. Ayer, en mitad del bullicio carnavalesco, me informaban de algunas iniciativas que son dignas de encomio. Una amiga organiza una tertulia en inglés en su casa, con precio módico de entrada que incluye refrigerio. Otra amiga, escritora, y un conocido pintor montan una pequeña editorial, de tirada selecta. Otro amigo escritor tiene en mente hacer lo propio con libros artesanales. Todo ello mientras muchas editoriales esperan cabizbajas una ayuda estatal. Ah, que no se me olvide: un colectivo de periodistas se reúne y se organiza para, en breve, dar un fruto sorpresa, independiente. Mis aplausos. Y mi colaboración, en lo posible, para que tales proyectos germinen en el páramo hispano.

sábado, 2 de febrero de 2013

Un regalo del Hacedor Norberto

Norberto L. Romero, que es hacedor de libros bellos por dentro y por fuera, me ha obsequiado con una hermosa plaquette de un cuento mío, titulado "Amanece un bosque" e incluido en Zona de incertidumbre. Por razones que no vienen al caso, siento especial afecto por este cuento (si es que puede sentirse afecto por lo que uno escribe). A partir de ahora es mayor este afecto, gracias al esmerado, pulcro y elegante trabajo artesanal de Norberto. Qué raro encontrar a alguien en este gran mercado que, de modo desinteresado, dedique su tiempo y su dinero a embellecer la labor modesta de otros. Muchas gracias, Norberto.