jueves, 28 de marzo de 2013

De libros y hojarasca

Siempre me ha sorprendido la vida efímera de los libros en el dédalo de las librerías y las distribuidoras. Preguntar por un título, pongamos por caso, de 2006 suele llevar pareja una mirada de extrañeza del librero, que de inmediato se pregunta de qué mundo fantasioso ha salido el cliente. Asombra la rapidez con la que un volumen entra en la zona de desguace comercial. Acostumbrado a trabajar con incunables e impresos quinientistas latinos, salidos de los talleres de Amberes, Basilea o Venecia, y que aún perviven en las bibliotecas especializadas, cada vez valoro más estos establecimientos de conservación de la especie. Por mor de un asunto que tengo entre manos, he pasado dos días de esta Pascua anegada en las bibliotecas Provincial y Universitaria de Sevilla, donde he podido leer libros que ya no es posible adquirir en las librerías. Es el signo de los tiempos: la hojarasca sepulta, como manto asfixiante, el verdadero sustrato.

viernes, 22 de marzo de 2013

Vuelta, nuevos bríos y versos de Carmen Moreno

Después de unos meses de baile lento y trabajoso, por mor de responsabilidades académicas absorbentes, y luego de haber tirado lastre por la borde, recupero los Silenos con brío renovado y el propósito de no permitir que se oculten de nuevo en la floresta. 

* * *

Ayer asistí a la presentación de un nuevo poemario de Carmen Moreno, titulado Relámpagos (Madrid, LVR ediciones, 2013). Fue en la librería-café "La clandestina" (Cádiz). Ofició de presentador un Javier Ruibal lírico, desprovisto de guitarra. Son los poemas de este libro muy breves, apenas el fulgor de un guiño, y veloces y temibles como dardo emponzoñado. Pinceladas de amor y desamor, erotismo, desamparo... en las tres primeras (París, Relámpagos Monroe y Pasillos), y destellos de una Rusia evocada a través de Tsvietaieva, Gorenko, Pushkin o el perfil palaciego del Hermitage en la cuarta parte (Rusia en un destello). Lectura engañosamente ligera, fugaz en apariencia:
. Carmen


.

VIII
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Antes de que mi sombra 
sea una con tu sombra
deja que mi cuerpo
nazca del derrumbe de los cuerpos.
.
.
XXIV
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........................................... (Para Marilyn Monroe)
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No dejes que el revólver te mancille.
Sal de la vida como mereces,
con la premura de las rachas de viento.

sábado, 9 de marzo de 2013

¿Microrrelato? A propósito de Luisa Valenzuela

Ando enfrascado últimamente en un proyecto literario que requiere la lectura de bastantes microrrelatos. Mi trato con esta forma de narrativa mínima no es nuevo, por lo que a estas alturas yo creía tener más certezas que dudas. Sin embargo, he aquí que, al leer textos de la escritora argentina Luisa Valenzuela, me pregunto si es microrrelato lo que muchas antologías amparan como tal:
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Penélope nictálope, de noche tejo redes para cazar a un cíclope.
 ...
Porque un elemento esencial del microrrelato es la narratividad (y ello lo diferencia del poema en prosa, el aforismo, el cuadro de costumbres, etc), es decir que "suceda algo", que se cuente en definitiva una historia, por breve que sea. La autora de Aquí pasan cosas raras (1976) es cultivadora excelente del género y hay en muchos de sus relatos una concepción lúdica, gozosa, del lenguaje. En el texto propuesto se concentran en sólo diez palabras, bajo el eco del homoioteleuton, tres ideas sugerentes: a) la adaptación visual de Penélope a la noche (nictálope), b) la transferencia de su labor de tejedora a Ulises, c) el uso del tejido como red por el héroe para cazar al Cíclope. Pero, ¿es microrrelato? ¿Puede decirse que haya tensión narrativa? Yo no lo creo. Porque nada sucede en esta suerte de comunicado. Su poder alusivo, la extraordinaria densidad evocadora de la epopeya homérica parece haber sido la razón de que se haya considerado microrrelato. Con todo, dejo esta puerta abierta para que podáis darme vuestra opinión.


domingo, 3 de marzo de 2013

Escribir como quien prende fuego

¿Un verso al día? ¿Una página de prosa? ¿Qué medida mínima justifica una jornada de creación literaria? Creación versus oficio. A veces escribir es llorar. Por muchas razones. 
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"Hoy comienzo a escribir como quien llora" 
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confiesa Antonio Colinas en el poema "La llama". Escribir como quien prende fuego en la nada y espera ver una figura danzarina, fugaz. Huyo del páramo como del frío invernal. También del triste camino de retorno, el nóstos homérico que nunca acaba. A diferencia de JRJ, yo no sé de qué materia están hechos los dioses. Intuyo que de fuego, como los versos que chisporrotean y caen a tierra. 
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"Comienzo a escribir y también la escritura
llora, porque respira y quema, porque pasa".
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Sigue Colinas, envuelto en "la llama más gozosa".
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Espero arder mañana, como Fénix crepuscular.