domingo, 27 de abril de 2014

Rafael Guillén en Cádiz

...Rafael Guillén es poeta ya octogenario. De cuerpo menudo y ojos rasgados, su cabeza plateada bien podría ser el busto de un senador romano. El miércoles 23 de abril estuvo en la Universidad de Cádiz, en el ciclo Presencias Literarias, entrevistado por José Jurado. Más que responder a las preguntas que Jurado le hacía, Guillén prefería leer sus versos, y lo hacía con pericia recitativa poco frecuente entre los poetas. No obstante, dejó algunas reflexiones dignas de anotarse, que trascribo como recuerdo ahora: 
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- La poesía surge de movimientos tectónicos. De ahí salen cordilleras, con unas cimas más altas que otras. En España las cimas altas del siglo XX están en la Generación del 27
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- El poeta escribe cuando está en estado de palabra, o, si se quiere, estado de lluvia. Entonces se dice: "Yo estoy lloviendo aquí". 
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- El tiempo no existe; existe el instante, y ahí se funden mundos paralelos.
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- La misión del arte, y del poeta como artista, es forzar los límites de lo perceptible. No transgredir ni romper, sino forzar, llevar un poco más allá.
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...Entre los poemas que leyó, "Un gesto para el quinto aniversario de tu muerte", una elegía en recuerdo de su madre, fallecida cuando el poeta contaba veintisiete años:
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He venido hasta aquí, por ver si el polvo
de lo que tanto amé... 
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...También nos regaló la lectura de un poema inédito, del libro que se trae entre manos. Poemas, según dijo, que buscan un lenguaje más moderno, un lenguaje de este tiempo. 
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...A veces, como en esta ocasión, por esta ciudad tan lejana de todo, tan al sur del sur, llueve un poeta. Y da gusto mojarse.

sábado, 19 de abril de 2014

Revisando papeles, el "noseo" de los años y un viejo microrrelato

Biblioteca del Archigimnasio de Bolonia
Revisando papeles, me topo con borradores de algunos microrrelatos que salieron publicados hace cuatro años en Fuera pijamas. No sé que tiempo tienen estos estados de escritura; tal vez cinco o seis años. Desde aquel primer libro mío de ficción ha llovido lo suyo: he escrito un poco más y publicado algunos títulos; y, supongo, ya no soy el mismo. Uno entra en veredas nuevas, se decide por este o aquel sendero en raras encrucijadas, abandona caminos al poco de emprenderlos, opta por rutas poco antes insospechadas. ¿Significa esto que se mueve? ¿Es esto avance? Cuanto más leo y más escribo, tanto más dudo, vacilo, noseo. Pero hay que seguir leyendo, escribiendo, vacilando. Tercamente. Como aquel lector que hoy me muestra su prehistoria literaria en un folio con tachaduras (Mientras suena en mi estudio Stormy weather en la voz anchurosa de Betty Carter).

EL LECTOR NOCTÁMBULO

Instruido durante mucho tiempo en los cuarteles del insomnio, el lector noctámbulo mora entre las sombras letradas de la Sala de Manuscritos, Raros e Incunables. Códices españoles del siglo XI, incunables de Lutecia, volúmenes quinientistas importados de los talleres de Amberes o Basilea. No hay libro antiguo que se resista a su olfato prodigioso, ya oculte su fruto bajo la cáscara de los latines medievales, del griego bizantino o de la indescifrable arabía. Se ha acostumbrado al polvo secular de los anaqueles, al olor a humedad que corroe la madera en los siete sótanos y a los guardianes que vigilan apostados en las tinieblas; y aunque la iluminación de la biblioteca es pésima, goza de vista de roedor y conserva inmaculado el deseo de acariciar la piel áspera de los infolios. Pero cuando el alba asoma por las claraboyas y los viejos vitrales, restableciendo la dimensión humana de los techos artesonados y los pasillos angostos, corre a refugiarse, hasta el próximo ocaso, en su ratonera.

Fuera pijamas, Montcada i Reixac - DeBarris, 2010, p. 49. Fue incluido también por I. Andres-Suárez en Antología del microrrelato español (1906-2011). El cuarto género narrativo, Madrid, Cátedra, p. 499.

domingo, 6 de abril de 2014

Marta forever

Diosas minoicas. Museo de Heraklion (Creta). Fuente: Silenos

Marta acapara microrrelatos, cuentos y novelas de variada extensión e innumerables propósitos. Marta es la protagonista de cientos, miles, millones de historias; su nombre figura ya incluso en ensayos filosóficos, monografías sobre estética y un sinfín de tesis doctorales. Marta empieza a estar cansada de tanto esfuerzo, de sostener el peso de tantas vidas e intervenir en tantos desenlaces no siempre satisfactorios. Pero, sobre todo, Marta está hastiada de ser la última superviviente del planeta y tener que dedicar todo su tiempo libre a leer tanta literatura sobre sí misma.    

jueves, 3 de abril de 2014

La soledad del poeta

Con cierta frecuencia me encuentro, en la nota biográfica de la solapa de un libro o en la efímera noticia de un periódico, que fulano es poeta y escritor o que fulana es poeta y escritora. Extraña escisión esta, que contempla el noble ejercicio de la poesía como una parte desgajada de la escritura. Con más tino se establecen otras etiquetas dobles: poeta y narrador o poeta y novelista. La segregación se hace ahora por géneros, pero no por el acto (único) de escribir. Si alguien dijera que Pepe Sánchez es camionero y conductor provocaría alguna risotada, cuando no la reconvención de algún adalid de la lengua: lo primero basta; lo segundo es prescindible. La soledad del poeta es el sino de este tiempo, por más que estuviera antaño tan cerca de los dioses.