domingo, 31 de agosto de 2014

De escritura y jazz vocal al filo de septiembre

Imagen tomada de http://www.janperssoncollection.dk/
En estas horas postreras de agosto, me siento en mi estudio, reformado para el ciclo laboral que mañana comienza. Sol espléndido. Relumbres matinales en las azoteas. Ausencia de pájaros en el aire cercano. Después de un verano de laxitud y abandono a los placeres del cuerpo, recupero actividades varias. Un libro de poemas avanzado, varios cuentos en esbozos. En breve espero corregir las galeradas de una antología de microrrelatos. Aguardo la respuesta de un editor sobre otro libro, de aliento parisino. Y he iniciado otro proyecto de mayor envergadura, de esos que llevan años de trabajo. Reviso y organizo papeles con la gratísima compañía de Shirley Horn (ahora suena Here's to Life). Pianista en edad temprana y dotada con una hermosa voz grave y a la vez ligera, esta dama del jazz vocal cautivó a Miles Davis y Quincy Jones en la ya lejana década de los sesenta del siglo pasado. No oculto que siento especial predilección por el jazz vocal y el blues femeninos. Junto a las voces más difundidas de Nina Simone, Dinah Washington, Billie HolidayElla Fitzgerald, hay otros nombres menos conocidos por el público en general que también me acompañan en la escritura: Bessie Smith, Betty Carter, Anita O'Day, Sarah Vaughan, Mary Lou Williams, Cassandra Wilson, Rita Reys, Jim Tomlison, Madeleine Peyroux,  Chris Connor, Daniela Schächter... A todas ellas habrá que añadir, tan pronto consiga su música, el nombre de la jovencísima (24 años) Cécile McLorin Salvant, que ha dejado largo regusto en el pasado Festival de Jazz de Vitoria. Lo dicho: escritura, proyectos y voces femeninas que nada han de envidiar a los coros de querubines y serafines. Como en el Paraíso, pero con los olores y colores de este mundo.

viernes, 22 de agosto de 2014

Azorín y el cine en Film Ideal (y tres notas sobre Virgilio)

El trastero de nuestro apartamento estival atesora una caja con treinta y tantos números de la ya desaparecida revista de cine Film Ideal. Es legado de mi suegro, que fue comprando y guardando cada número hace más de cuarenta años. En el nº 159 (costaba 20 pesetas), publicado al principiar 1965 (año en que nací), leo en la cubierta el titular "Un cineasta olvidado: Azorín", firmado por el director de cine y pintor Gonzalo Sebastián de Erice. Como desde que leí La voluntad me ha interesado el escritor de Monóvar, leo con interés las tres páginas de que consta la publicación. En relación con el cine, el autor comienza con la faceta de Azorín como crítico. Son conocidas sus reseñas y comentarios cinematográficos en dos libros publicados en la década de los cincuenta del siglo pasado, cuando Azorín ya era escritor septuagenario: El cine y el momento, 1953; El efímero cine, 1955 (véase el artículo de Molina Foix al respecto). En ambas obras se aprecia su admiración por un arte (escribía entonces) que lo es intensamente del presente y que lo será de lo porvenir. Pero la faceta que más interesa a Sebastián de Erice es la del narrador eminentemente visual, la del autor que busca recoger todos los matices mediante los recursos expresivos más sencillos. De ahí que señale con cierta pasión las afinidades entre las novelas azorinianas María Fontán y Salvadora de Olbena, ambas de 1944, con los filmes Hiroshima, mon amour (1959) y L'Année dernière à Marienbad (1961) de Alain Resnais. Igualmente destaca el potencial cinematográfico de Don Juan (1922), Doña Inés (1925) y algunos pasajes de Diario de un enfermo (1898). Es obvio que, de haberlo conocido entonces, Sebastián de Erice hubiera tenido al alcance otro refrendo para sus palabras en el cortometraje Badaezpada, El vecino afectuoso (2007) de Pello Varela, basado en un cuento de Azorín. 
.....Lo cierto es que ese potencial cinematográfico de la prosa azoriana se aprecia con solo abrir el libro antes mencionado, La voluntad: A lo lejos, una campana toca lenta, pausada, melancólica. El cielo comienza a clarear indeciso. La niebla se extiende en larga pincelada blanca sobre el campo. Y en clamoroso concierto de voces agudas, graves, chirriantes, metálicas, confusas, imperceptibles, sonorosas, todos los gallos de la ciudad dormida cantan. En lo hondo, el poblado se esfuma al pie del cerro en mancha incierta. Y la pluma, como si de una cámara se tratara, va acercándose al pueblo que despierta a un nuevo día.
.....Mas permítaseme allegar aquí el caso de otro autor, poeta, más lejano en el tiempo, pero de fama universal: Virgilio. Porque en no pocos de sus versos el lector familiarizado con el cine encuentra escenas que bien podrían plasmarse con imágenes. Basten tres ejemplos de la Eneida.....
.....Libro IV. Cuando una tormenta dispersa a los tirios y los troyanos y Eneas y la reina Dido se refugian solos en una cueva, Virgilio utiliza una elipsis muy cinematográfica para sugerir el encuentro sexual: La primera la Tierra y Juno prónuba dan la señal; brillaron los astros y el cielo cómplice de la unión, y en las cumbres cimeras ulularon las ninfas. ¿Cuántas veces hemos visto en el cine cómo la cámara dejaba a los amantes en lo suyo y se desplazaba hasta enfocar el cielo?
.....Libro IX. Al campamento troyano llegan rumores de que el joven Euríalo ha muerto en la batalla. Su madre presiente la desgracia: el calor abandonó de pronto su cuerpo y el huso escapó de sus manos y cayeron al suelo los ovillos. Desvanecimientos semejantes femeniles abundan en el cine, con ovillos o sin ellos; y muertes que se acompañan de un objeto que cae de las manos y encierra una clave. Recordemos la bola de Charles Foster Kane al comienzo de Ciudadano Kane y el mechero que Bruno Walker descubre en su mano al final de Extraños en un tren, la versión que Hitchcock hizo del libro de Patricia Highsmith
.....Libro XI. En medio de la batalla, el cobarde Arrunte lanza un dardo cuyo vuelo mortífero es seguido por todos combatientes. Solo la víctima, Camila, la reina de las Amazonas, ignora que su final es inminente: Por ello cuando la lanza escapó de la mano silbando por el aire, los volscos prestaron toda su atención y todos pusieron la mirada en su reina. Pero ella nada advirtió del silbido, del aire o del dardo que venía del éter, hasta que la lanza se clavó con fuerza bajo el pecho descubierto. ¿En cuántos enfrentamientos del cine (con fechas, lanzas, cuchillos, piedras y, en el cine más reciente, con balas) la cámara sigue el recorrido del arma letal hasta la víctima ignorante, mientras el público tiene el corazón en un puño porque intuye la tragedia? 
.....Así pues, si el Azorín narrador es visual, no lo es menos el poeta de Mantua, aunque no hubiese tenido la suerte de conocer el cine. 

miércoles, 13 de agosto de 2014

Cines de verano

Cine de Cabo de Palos (Murcia)
Lástima que el cine de verano sea una raza en extinción. Por ahora sobrevive, como las cabinas de teléfono (pocas y muchas de ellas desvencijadas) y el buzón de correos, pero llegará el día del cierre y los adictos a este espectáculo bajo las estrellas, cuya memoria suele estar aromada por damas de noche, asistiremos al entierro de otro ser querido. En mi ciudad, estival como pocas, hace tiempo que desaparecieron. Pero aún se mantiene, y hasta saca pecho, en el pueblo del Mediterráneo en el que paso buena parte del verano. Es un edificio de hechura rudimentaria: un gran habitáculo de cuatro paredes que parecen sin acabar, dividido en tres salas tan paredañas, que la música y los diálogos de las películas corren de una a otra según sople la brisa. En el vestíbulo, una barra a modo de ambigú y un cargamento de cojines de alquiler para alivio de las posaderas. Lo más llamativo es el piso de grava, quizá una estrategia para no tener que barrer las cáscaras de pipas que genera cada proyección. A diferencia del cine de invierno, el de verano es inconcebible sin el bocadillo, la bebida y las chucherías. El cielo abierto propicia una relajación de las costumbres, nos vuelve algo más desinhibidos y deja, siempre deja (por mala que sea la película), el regusto de la noche apacible. 

domingo, 3 de agosto de 2014

De descanso y aforismos

En mi retiro estival, bajo poco a la playa, pese a tener una cala singular y pedregosa a pocos metros de la casa. Siendo de Cádiz, el mar ya es consustancial a uno, una suerte de segunda epidermis que se lleva de viaje. Aquí sobre todo paseo, leo y escribo. Mi cuerpo se ha entregado a la lascivia del sueño y mi mente, a la caza de versos furtivos y prosa esquiva. Como no puedo estar sin proyectos, ando ya metido en varios, iniciados unos, por iniciar otros. A ver cuántos culminan.

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Durante varios años, por razones universitarias, estudié la paremiología (latina y vernácula) de los siglos XV y XVI, cuyas formas de expresión (aforismo, sentencia, proverbio, chría, refrán, facecia, etc.) se convirtieron en literatura de moda entre las clases cultivadas, sobre todo por el marchamo de nobleza que imprimió Erasmo de Rotterdam a sus Adagia. Ahora, siendo estos tiempos tan diferentes, se observa un retorno al pensamiento atomizado, a la discontinuidad de la sapiencia. La presencia del aforismo en libros de los últimos años es prueba de ello, y no deja de sorprenderme que seduzca a críticos y editores. Y los lectores, ¿leen realmente estas supuestas agudezas de ingenio?