martes, 9 de junio de 2015

Cinco aforismos comentados (o delirios de una sobremesa quasi estival)

Pensaba en la larga sobremesa, pasada ya la hora de la modorra, a qué dedicar una entrada de los Silenos, tan quietos últimamente. He aquí que me he acordado de mi amiga Gemma Pellicer, escritora sin par de aforismos, y he querido probar suerte en plaza ajena. Como al leer el resultado no estoy muy seguro de haber "aforismado" bien las ideas, se me ha ocurrido acompañarlos de breves glosas, siguiendo la costumbre de las compilaciones de sentencias y paremias del Renacimiento, con Erasmo y Juan de Mal Lara a la cabeza.
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1.- Las hormigas sí que saben prepararse para la muerte: se pasan la vida entrando y saliendo del Reino de Hades.
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Mientras nosotros, temerosos mortales, evitamos acercarnos a cualquiera de las entradas al Infierno (Ténaro, Averno, lago Curcio... ¡vade retro!), las hormigas, seres de gigantesca dignidad, saben que lo mejor para bien morir es vivir en las estancias de la muerte.    
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2.- Dilatamos el tiempo que nos queda insuflando proyectos.

Cuando tomamos conciencia de la brevedad de la vida, circunstancia difícilmente aceptable si no es bajo la ebriedad del carpe diem, emprendemos la búsqueda de elixires que alejen la hora postrera: el fatigoso ejercicio físico, la comida biológica, el potencial antioxidante del sexo diario, las peregrinaciones a lugares santos... También los proyectos (empresariales, literarios, artísticos...) llenan de aire esa frágil burbuja. 
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3.-  La inspiración llega y penetra, pero se queda en los pulmones.

No entraré aquí en el debate, tan largo como tedioso, de si esta moza (o mozas Musas) existen. Y como aquí sigo aprendiendo de los maestros, citaré a Léon-Paul Fargue:
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"No me fío demasiado de la inspiración. No me veo buscando a tientas entre los armarios y los murciélagos de mi habitación ese vapor tibio que, según cuentan, hace manar dentro de uno los manantiales ocultos de los que brota el vino nuevo. La inspiración, en el reino oscuro del pensamiento, acaso sea como un día grande de mercado en la comarca. Estalla el regocijo en algún lugar de la materia gris; las veleidades se ponen en movimiento como la carretilla del hortelano; se oye el galope de las pesadas carnes de las ideas; los arqueros y los húsares de la imaginación cargan contra el papel impoluto..." *   
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4.- El verso es al poema lo que el surco a la tierra.
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La etimología de "verso" huele a tierra roturada, a esperanza de hortelano. Mejor explicado en "El campesino y el poeta".
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5.- El microrrelato enrama con la polisemia
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El microrrelato, breve por naturaleza y definición, también pretende ensanchar sus límites (como la vida en el nº 2). Para ello exige al escritor recursos varios, entre los que figura la polisemia. Y como el árbol enano que se esfuerza en crecer estirando las ramas, el microrrelato se abre en vástagos de igual nombre que proyectan sombras cruzadas sobre el empequeñecido lector. Como muestra, este relato polisémico que escribí hace algunos años: 
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El descorche
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Principiaba junio en los bosques cuando llegaron al alba con palos largos, hachas y perros catadores. Se aplicaron a la faena bajo el estridor ardiente de las chicharras. Cumplida la jornada, abrieron los zurrones y repartieron pan y queso. Con el sol poniente regando las altas copas, esperaron a que los alcornoques descorchados destilaran el rojo vino. 
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* El peatón de París, Madrid, Errata Naturae, pp. 16-17.

1 comentario:

Gemma dijo...

Aforístico estás, Antonio. Y hasta cabría añadir aforismático.
Me encanta el de las hormigas y el del verso como surco que abre la tierra. Muchas gracias por tu generosa mención. Y un abrazo grande
(El verso es al poema lo que el surco a la cosecha.)