jueves, 25 de junio de 2015

"Lo que importa", poemas celebrados de Antonio Rivero Taravillo

..........No hay duda de que Antonio Rivero Taravillo pasa por un momento lírico dulce. No ya porque lleve un tiempo seducido por las Musas, sino porque el fruto de esta seducción se ha resuelto (y sin duda se está resolviendo en este preciso instante, pues Antonio sigue en vena) en estupendos poemarios. Después de La lluvia (Renacimiento, 2013), una poesía más intimista y simbólica, donde el agua se filtra por todos los poros del libro, Antonio ha publicado Lo que importa (Renacimiento, 2015), un libro de poesía bien distinto de los anteriores. Alejado del yo onfálico, el poeta se erige en contemplador de la vida cotidiana, en un discreto revelador de los secretos ocultos en las cosas en apariencia insignificantes. Unas monedas sobre la colcha ("Tras la siesta"), una caldera de agua ("El inquilino de la terraza"), un plato ("Un plato solo"), una mecedora ("La mecedora"), las cenizas mortuorias ("Cenizas")... constituyen un mosaico latente que muestra, si se sabe mirar (y el poeta sabe), algunos de los muchos relieves de la vida. 
.....Pero este libro es mucho más que eso. Contiene kaikus muy sugerentes, de hermosa factura, como "Semillas, sílabas", donde el verso recupera su etimología latina y vuelve a ser surco en la tierra: 
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..........Semillas, sílabas. 
..........En el verso, en el surco, 
..........diciendo arraigan. 
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"Invierno, el tren...", con su pizca de erotismo telúrico: 
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..........Invierno. El tren
..........abre la cremallera.
..........Campos desnudos.
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..........También disfrutará el lector con poemas de amor, como "Juntos", uno de los mejores del libro; o visiones de paisajes lejanos, acaso tamizados por el recuerdo ("Ushuaia", "Una urraca en Ballinasloe", "Wasterstones, Piccadilly"). Hay en este libro algo que no había asomado antes en la poesía de Antonio con tanta lumbre: el humor. "Peso muerto" es un buen ejemplo: Hago flexiones en la alfombra. / Prolépticamente puedo decir / cuánto pesa un cadáver. O "Alas, orejas": Alas, orejas. / Si acaricio el plumón, / ¿maúlla o pía?
.....Un valor añadido de este poemario es el despliegue de sutiles juegos de palabras, de símiles y metáforas elegantes que asombran. Y no es nada fácil moverse en este terreno sin caer en la impostura o la cursilería. Así en "Borrasca", "Writ in water", "Pedagogía del aire" o el estupendo "Verte": Verte. / Contigo. / Vértigo.
     Dejo para el final uno de los mayores atractivos del libro: la sección de poemas escogidos de un tal Humberto Fabbro, heterónimo del poeta. A este Fabbro, artesano experto, pese a las caídas de ritmo de las que nos previene Rivero Taravillo en la "Nota preliminar" (no en vano es el faber latino), pertenecen, entre otros, el citado "Peso muerto", un soneto obsesivo ("Asta y cuerpo") y el poema erótico "Tálamo", donde la imagen de Príapo delata el lenguaje descarado de un poeta hasta hoy desconocido.  
.....La poesía de Antonio es, además, húmeda, quizá por la querencia que tiene a las tierras de Irlanda. Parece que la lluvia del anterior poemario se hubiese desbordado y anegado parte de este, porque el agua desprendida del cielo está presente en muchos poemas ("Borrasca", "Gotas, gorriones", "Pura, la lluvia", "Laca en las uñas...", "Los soportales", "Mapamundi", etc.).
.....En fin, habría mucho más que decir, pero baste lo dicho. Terminemos con otra muestra:
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..........                      DENTRO
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..........El arado, el timón, tus finos dedos
..........en mi pelo, en el mar, en los terrones.
..........Todo navega, siembra, me acaricia.
..........Todo cumple su fin, sigue su curso,
..........obediente a su ser y su destino.
..........La reja, el gobernalle, tus apéndices
..........hundiéndose, entrañándose, sumiéndose
..........en lo negro, en lo azul, en lo rojizo.
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Lo que importa fue presentado en la Fundación Carlos Edmundo de Ory (Cádiz) el pasado martes 23 de junio. A Antonio lo acompañaron en la mesa los escritores José Manuel Benítez Ariza y Javier Vela).

miércoles, 17 de junio de 2015

¿Un microrrelato, o el inicio de un relato?

La musa Melpómene, de Nicolas-René Jollain
Por falta de inspiración, he dejado por una temporada de escribir microrrelatos. Ando ultimando un libro de poemas y avanzo en otros proyectos de más largo aliento. Sin embargo, en esta tarde estival me he acordado de unas líneas que escribí el verano pasado, con el mar de Cabo de Palos al fondo. Y digo líneas porque tengo mis dudas de que esto sea microrrelato. Acaso se acerque más al comienzo de un relato. No sé. Ya digo, falto de inspiración.
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LA VISITA
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Un volvo negro atraviesa, lento, la calle. Podría ser el comienzo de un cuento o una novela policiaca, me dices sorbiendo el té de menta que acabo de servirte. Ahí tienes al asesino, o al policía. Lo que es seguro es que el volvo juega un papel importante en la trama. Ocho jóvenes, aún mojadas por el baño estival, se fotografían con la cala atardecida al fondo y luego se sacuden la arena antes de entrar en dos seat, también negros, que las aguardan con sendos maleteros abiertos. ¿Lo ves? Acaban de aparecer las víctimas. Yo ya veo alzarse la historia, turbia, como todas las tuyas. Alcanzas con la mano el tercero, o el cuarto, rosco de anís. Nunca has ocultado que siempre programas tus visitas en torno a la merienda, la comida del día que por sí sola justifica la existencia humana. A mi casa sueles venir los sábados, porque sabes que prolongo la sobremesa con un rato de escritura y me gusta estimular a las Musas con un té sobrio, sin más acompañamiento que el humo verde. Claro que a ti he de servirte los pasteles. No me gustan especialmente estas visitas tuyas, pero he de reconocer que a veces, como quien acierta un tiro en apariencia errado, una sugerencia tuya ha logrado desembarrancar una historia varada. 

martes, 9 de junio de 2015

Cinco aforismos comentados (o delirios de una sobremesa quasi estival)

Pensaba en la larga sobremesa, pasada ya la hora de la modorra, a qué dedicar una entrada de los Silenos, tan quietos últimamente. He aquí que me he acordado de mi amiga Gemma Pellicer, escritora sin par de aforismos, y he querido probar suerte en plaza ajena. Como al leer el resultado no estoy muy seguro de haber "aforismado" bien las ideas, se me ha ocurrido acompañarlos de breves glosas, siguiendo la costumbre de las compilaciones de sentencias y paremias del Renacimiento, con Erasmo y Juan de Mal Lara a la cabeza.
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1.- Las hormigas sí que saben prepararse para la muerte: se pasan la vida entrando y saliendo del Reino de Hades.
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Mientras nosotros, temerosos mortales, evitamos acercarnos a cualquiera de las entradas al Infierno (Ténaro, Averno, lago Curcio... ¡vade retro!), las hormigas, seres de gigantesca dignidad, saben que lo mejor para bien morir es vivir en las estancias de la muerte.    
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2.- Dilatamos el tiempo que nos queda insuflando proyectos.

Cuando tomamos conciencia de la brevedad de la vida, circunstancia difícilmente aceptable si no es bajo la ebriedad del carpe diem, emprendemos la búsqueda de elixires que alejen la hora postrera: el fatigoso ejercicio físico, la comida biológica, el potencial antioxidante del sexo diario, las peregrinaciones a lugares santos... También los proyectos (empresariales, literarios, artísticos...) llenan de aire esa frágil burbuja. 
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3.-  La inspiración llega y penetra, pero se queda en los pulmones.

No entraré aquí en el debate, tan largo como tedioso, de si esta moza (o mozas Musas) existen. Y como aquí sigo aprendiendo de los maestros, citaré a Léon-Paul Fargue:
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"No me fío demasiado de la inspiración. No me veo buscando a tientas entre los armarios y los murciélagos de mi habitación ese vapor tibio que, según cuentan, hace manar dentro de uno los manantiales ocultos de los que brota el vino nuevo. La inspiración, en el reino oscuro del pensamiento, acaso sea como un día grande de mercado en la comarca. Estalla el regocijo en algún lugar de la materia gris; las veleidades se ponen en movimiento como la carretilla del hortelano; se oye el galope de las pesadas carnes de las ideas; los arqueros y los húsares de la imaginación cargan contra el papel impoluto..." *   
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4.- El verso es al poema lo que el surco a la tierra.
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La etimología de "verso" huele a tierra roturada, a esperanza de hortelano. Mejor explicado en "El campesino y el poeta".
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5.- El microrrelato enrama con la polisemia
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El microrrelato, breve por naturaleza y definición, también pretende ensanchar sus límites (como la vida en el nº 2). Para ello exige al escritor recursos varios, entre los que figura la polisemia. Y como el árbol enano que se esfuerza en crecer estirando las ramas, el microrrelato se abre en vástagos de igual nombre que proyectan sombras cruzadas sobre el empequeñecido lector. Como muestra, este relato polisémico que escribí hace algunos años: 
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El descorche
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Principiaba junio en los bosques cuando llegaron al alba con palos largos, hachas y perros catadores. Se aplicaron a la faena bajo el estridor ardiente de las chicharras. Cumplida la jornada, abrieron los zurrones y repartieron pan y queso. Con el sol poniente regando las altas copas, esperaron a que los alcornoques descorchados destilaran el rojo vino. 
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* El peatón de París, Madrid, Errata Naturae, pp. 16-17.

viernes, 5 de junio de 2015

Reseña de "Después de Troya"

Francisco García Jurado reseña Después de Troya en su estupendo blog Reinventar la antigüedad. Podéis leerla AQUÍ. Gracias, Paco





martes, 2 de junio de 2015

Un microrrelato familiar


Juan Manuel Blanes
"Anciana con pañuelo rojo"
A buenas horas
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A mi abuela la llamaron a filas estando ya difunta. Mi padre, que ejercía de primogénito, convocó a la familia a las seis de la tarde y, tras leer el llamamiento que habíamos recibido en casa, invitó a cada cual a exponer su parecer. Después de varias cafeteras, las posturas parecían irreconciliables. Algunos de mis tíos no podían contener la risa y esgrimían en su descargo que la abuela Eutimia se hubiera divertido de lo lindo con el asunto y hasta se hubiese presentado en la oficina de reclutamiento. Buena era la abuela. Otros, entre los que se contaba mi padre, siempre tan circunspecto, les afeaban la conducta y abogaban por presentar una queja formal ante la autoridad castrense. La tía Elvira, a pesar de ser analfabeta (o precisamente por eso), instaba a que se denunciase el caso en la prensa. Y como en todas las familias de entonces siempre había un primo universitario, mi primo Enrique levantaba la mano y, haciéndose dueño del silencio expectante, explicaba muy doctamente que por el tiempo en que nació mi abuela las partidas de nacimiento eran pura ficción paterna. Pero mi padre no quería ni oír hablar de argumentos exculpatorios y seguía recabando apoyos para redactar la queja. Fue entonces cuando mi tía-abuela rompió su habitual mutismo con una leve risita, contenida, casi como un hipido pudoroso. Todos callaron y atentos mantuvieron la mirada. Pero ella no dijo nada y, de hecho, se llevó el secreto a la tumba. Aquella tarde todos sintieron en la nuca el aliento burlón y ebrio del bisabuelo Eutimio.

(De Fuera pijamas, DeBarris, 2010, p. 28)